Reportaje:Mundial de baloncesto 2006

El último viaje juntos

Zdovc fue el símbolo del desmembramiento de la antigua y potente selección yugoslava, que ahora culmina con la separación de serbios y montenegrinos

A las órdenes de Dragan Sakota, Serbia y Montenegro disputa en Japón su última competición como tal. Nada nuevo para la vigente campeona mundial, acostumbrada, desde 1991, a ir perdiendo unidades, a medida que las repúblicas de la ex Yugoslavia se iban independizando. Yugoslavia disputó su último Mundial unida en Argentina 90. Salió campeona. Y repitió oro al año siguiente en el Europeo de Roma, en el que se materializó la disgregación.

Jure Zdovc se convirtió en el símbolo de aquella ruptura. Con lágrimas en los ojos, el base esloveno abandonó la concentración justo antes de que Yugoslavia disputase las semifinales contra Francia. Eslovenia acababa de proclamar su independencia tras una guerra que duró diez días. Y la orden de su nuevo Gobierno fue tajante: Zdovc, el base titular de aquella selección, debía abandonar el campeonato y regresar a casa. "No todos los deportistas creen que Yugoslavia está muerta. Al contrario, me cuesta pensar que un equipo tan grande como el nuestro pueda quedar destruido", dijo Zdovc antes de abandonar Roma sin la medalla de oro que Yugoslavia acabaría colgándose tras vencer a Italia en la final.

"En realidad, en la concentración previa que hicimos en Split ya había muchos rumores. Sabíamos que aquélla sería la última vez que jugaríamos juntos", recuerda Zoran Savic, integrante de aquella selección, una de las mejores del baloncesto europeo de todos los tiempos y de la que también formaban parte Kukoc, Radja y Perasovic (croatas), Divac, Djordjevic y Jovanovic (serbios), Paspalj y Danilovic (montenegrinos) y el apartado Zdovc. "Recuerdo a Zdovc marchándose con lágrimas en los ojos. Fue una situación muy difícil. Entonces nadie lo entendía porque entre nosotros no había ningún problema. Éramos muy amigos", asegura Savic, serbiobosnio y actual secretario técnico del Barça; "pero lo superamos. Estábamos casi en la final y sólo pensamos en ganar".

Ni las imágenes que llegaban por televisión de la guerra en Eslovenia descentraron a aquel grupo, dirigido por Dusan Ivkovic. "En el equipo, no se sentía la guerra. El culpable no era uno u otro. Todos jugábamos voluntariamente con Yugoslavia porque queríamos hacerlo", añade Savic.

"Aunque las imágenes de guerra y de gente muerta siempre afectan, nunca nos culpamos entre nosotros. No había el odio que existía fuera", agrega Danko Cvjeticanin, integrante de la Yugoslavia que ganó la plata en los Juegos de Seúl 88 y que logró otra plata con Croacia en los de Barcelona 92. Para entonces, también Bosnia tenía su propia selección. Montenegro será la última en añadirse a la lista.

"Al principio, las separaciones eran difíciles, pero había una gran motivación para demostrar que tu nuevo país era mejor que los otros", apunta Savic; "ahora ni siento tristeza. Cada dos o tres años hay una nueva separación y más bien estamos cansados.. Aunque esta vez será lo mejor para todos: ya nadie se identificaba con el viejo himno yugoslavo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 20 de agosto de 2006.

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