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7.500 personas seguían ayer sin teléfono y sin alarmas en La Moraleja y El Soto

En las urbanizaciones de Alcobendas no funcionaban los cajeros automáticos ni los bancos

Daniel Verdú

El incendio que, según la policía, provocaron unos ladrones el sábado en la central de Telefónica de La Moraleja (Alcobendas) mantenía ayer a unos 2.500 clientes, es decir, a 7.500 personas, sin conexión. Fuentes de la compañía califican el suceso de "histórico" y creen que no pudo ser fortuito. Aseguran que de las 10.500 líneas estropeadas (7.500 de cobre y 3.000 de fibra óptica) sólo quedan por restaurar unas 2.500. Mientras tanto, La Moraleja está sumida en un pequeño caos en el que no funciona ni un solo cajero y muchas líneas de teléfono de los comercios están cruzadas entre sí.

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Ayer todavía quedaban unos 2.500 clientes sin línea en La Moraleja, según fuentes de la compañía. Un portavoz oficial aseguró que el servicio quedaría restablecido el sábado, y que los clientes de El Encinar de los Reyes (1.000 habitantes) ya disponen prácticamente de línea telefónica. El pequeño caos en que estaba sumida La Moraleja, la urbanización de lujo con 6.500 vecinos de Alcobendas se traducía en la indignación contenida de sus habitantes y la de los comerciantes, que se declaraban "incomunicados" e "impedidos" para realizar la mayor parte de su trabajo.

El incendio se produjo el sábado sobre las 23.30 en la central de Telefónica de La Moraleja, en el camino de la Veredilla. La policía sospecha que fue provocado por un grupo de ladrones que la misma noche trataron de entrar en la sucursal del BBVA de La Moraleja mediante la técnica del butrón. El fuego arrasó el interior de la central, dejó a unos 30.000 usuarios sin teléfono y sin alarmas y ha obligado a Telefónica a trabajar día y noche en la reparación. Un total de 150 personas se emplean a fondo allí desde el domingo y cinco unidades móviles se han desplazado desde toda España.

Pero la restitución del servicio es tan complicado que los técnicos han tenido que duplicar todo el sistema de distribución en el exterior de la central. Mientras, algunos operarios trabajan en la reparación del edificio para que, a fin de mes, pueda volver a introducirse el sistema en las salas correspondientes.

"Cada línea de teléfono son dos hilos. Hay 7.500 afectados. Son 15.000 hilos que hay que seleccionar, reparar e identificar manualmente. Es un trabajo muy difícil", decía un responsable de la empresa. A las 7.500 líneas de servicio de telefonía básico por cobre, hay que añadirle 3.000 de fibra óptica que fueron reparados poco tiempo después del incendio y que son, principalmente, las de empresas.

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Varias fuentes de Telefónica calificaban ayer el suceso de "histórico en la compañía" por su magnitud. "En todos los años que llevo en la empresa jamás había visto algo así", aseguraba un técnico que lleva décadas trabajando.

Telefónica no ha querido pronunciarse sobre la posibilidad de que el incendio haya sido intencionado. Uno de sus portavoces aseguraba que "se debió a causas ajenas a la empresa". Mientras que uno de los encargados de la reparación sostenía que "es prácticamente imposible que con las tensiones tan bajas con las que trabaja la compañía se produjera un incendio de tal magnitud". La policía, por su parte, mantiene abierta la línea de investigación que apunta a los butroneros como autores del incendio.

La central está devastada. En la antigua sala de distribución trabajaban ayer seis operarios rascando las paredes carbonizadas por el fuego. A las líneas afectadas de Telefónica hay que sumar, según fuentes de esta compañía, unas 300 de Jazztel y unas 200 de Uni2, que comparten la central con la ex empresa estatal. "Enseguida mandamos nuestra unidad móvil y ya tenemos reparadas las líneas. En cuanto Telefónica quiera, podremos restituir el servicio", explicaban ayer fuentes de Jazztel.

Al lugar del incendio se acercaban ayer todavía algunos vecinos interesados por los avances en la reparación de la avería. "Es un engorro. No tenemos teléfono ni Internet. Yo tengo que ir a Madrid para mandar un correo electrónico. Pero lo peor es lo de los bancos y las alarmas", se lamentaba ayer Ana Gil, una vecina de El Soto, de 10.000 habitantes, también afectada. "Al menos se nota que hay más vigilancia en la zona por el problema de las alarmas", añadía.

Telefónica afirma que indemnizará a los afectados pagándoles cinco veces la parte de la cuota correspondiente a los días que han estado sin línea.

Trabajadores de Telefónica reparan la central incendiada en La Moraleja, Alcobendas.
Trabajadores de Telefónica reparan la central incendiada en La Moraleja, Alcobendas.PAULA VILLAR

Unas mechas en Embassy

A la tienda de

delicatessen

Embassy de la Moraleja llamaban ayer señoras pidiendo hora para hacerse unas mechas. "No, las líneas están cruzadas", respondían con resignación los camareros. Al súper llamaban los clientes de Embassy, y así hasta un sinfín de cruces que terminaban despertando la risa. "Estamos sin teléfono para recibir pedidos, sin fax, sin Internet, sin cobro por tarjeta, sin alarma... Incomunicados. Pero qué le vamos a hacer", se lamentaba Javier, el encargado de Embassy. Unos 2.500 usuarios continuaban sin tener línea. Entre los afectados, todos los bancos y cajas de la zona. Todos cerrados con el cartelito en la puerta y con los clientes protestando en la entrada del establecimiento:

-Dígale al director que salga.

-Pero, ¿quién es usted?

-Él ya sabe quien soy, dígale que salga, protestaba airadamente un cliente del BBVA a la entrada de la oficina.

Cristian, vecino de la urbanización Cuesta Blanca, se quejaba del incidente mientras compraba unos

sándwiches

en Embassy: "Es una tomadura de pelo. Te cobran por todo y luego no te dan explicaciones".

"Bueno, la democracia tiene estas cosas, las averías también afectan a los ricos", decía un repartidor en alusión al nivel económico y de personajes populares que viven en la zona. Entre ellos, los Beckham, Ana Obregón e Isabel Preysler. Todos, probablemente, sin teléfono ni alarma.

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Sobre la firma

Daniel Verdú
Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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