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Vuelco histórico al fútbol italiano

El Juventus pierde sus dos últimos títulos de Liga, desciende a la Serie B y partirá con 30 puntos negativos - El Fiorentina y el Lazio también bajan con 12 y 7 de penalización - El Milan permanece en la A, pero con 15 menos, y no jugará en Europa

El Juventus estará el año próximo en la Serie B, la Segunda División italiana, e iniciará el campeonato con 30 puntos negativos. Necesitará, por tanto, ganar diez encuentros para alcanzar el punto de partida de sus rivales. También jugarán en la Serie B el Fiorentina, penalizado con 12 puntos, y el Lazio, con siete. El Milan seguirá en la A, pero no competirá en Europa y comenzará la temporada con 15 puntos negativos. Las sentencias de la justicia deportiva, emitidas anoche, dieron un vuelco histórico al fútbol italiano.

Se esperaba que el Tribunal Federal de Apelación, que juzgaba la manipulación de la Liga, fuera severo con el Juventus. Su ex director general, Luciano Moggi, era el principal acusado: controlaba la federación y el colegio arbitral, indicaba a cada árbitro quién debía ganar cada partido y a qué jugadores debía mostrar tarjetas y era capaz incluso de amedrentar a los dirigentes de los demás clubes. Moggi se llevó cinco años de inhabilitación y una multa de 50.000 euros, una nimiedad para un millonario que había dejado ya el fútbol una vez descubierto el sistema que había creado.

Fue la condena dictada contra el Juventus la que cortó el aliento a un mundillo futbolístico acostumbrado a casi todo. La penalización de 30 puntos no sólo suponía permanecer al menos dos temporadas en la Serie B: implicaba un serio peligro de descenso a la C. El club turinés sufre además la retirada de los dos títulos ganados con Fabio Capello en el banquillo, los de los cursos 2004-05 y 2005-06.

El Fiorentina y el Lazio, dos sociedades inicialmente perjudicadas por el método Moggi y adheridas después al mecanismo fraudulento, fueron condenadas a acompañar al Juventus en su descenso al infierno. La menor penalización -12 puntos negativos para los florentinos, siete para los romanos- les permite, sin embargo, soñar al menos con el ascenso en una sola temporada. El Fiorentina de los hermanos Della Valle ha invertido más de 30 millones de euros en fichajes en las últimas semanas para intentar huir lo antes posible de la Serie B y sus tifosi parecían anoche los más ofendidos por la sentencia: consideraban que el Fiorentina y sus directivos eran inocentes y se habían visto arrastrados injustamente al proceso. Muchos seguidores del Lazio, una afición habitualmente levantisca, se mostraban, en cambio, resignados y culpaban a su polémico presidente, Claudio Lotito, de haber hundido la sociedad.

En Milán respiraron. La condena podría haber sido peor para los milanistas. En cualquier caso, Silvio Berlusconi, propietario de la sociedad, afirmó antes de que el tribunal leyera las sentencias que apelaría ante el Tribunal Federal y que está dispuesto a llevar el caso a la justicia ordinaria hasta conseguir un veredicto de absolución. Ésa es la estrategia que ha seguido siempre en sus numerosos juicios por fraude, soborno y falsedad con gran éxito. Según Berlusconi, lo mejor sería dejarlo todo como estaba hasta que algún día, en cuestión de unos diez años a ritmo normal, el Tribunal Supremo emitiera una sentencia definitiva.

Pero ni el Comité Olímpico Italiano ni el comisario extraordinario, Guido Rossi, que dirigirá el fútbol italiano hasta que se cierre el paréntesis de excepcionalidad, ni mucho menos la UEFA estaban dispuestos a dejar pasar el tiempo.

Los abogados defensores de las cuatro sociedades condenadas disponen, a partir de hoy, de cinco días para presentar recursos ante el Tribunal Federal. Esta instancia, equiparable al Tribunal Supremo de la justicia deportiva, debe dictar sentencias definitivas antes del 25 de julio, el plazo máximo concedido por la UEFA para inscribir a los clubes italianos en las competiciones europeas.

Si para ese día no hubiera sentencias o se planteara una intervención de la justicia ordinaria, serían el Inter y el Roma las sociedades inscritas directamente en la Liga de Campeones en vez del Juventus y el Milan. El Chievo, un pequeño club que representa a un barrio de Verona, y el Palermo disputarían las eliminatorias previas. Y el Livorno y el Parma entrarían en la Copa de la UEFA. A su vez, el Messina, el Lecce y el Treviso, descendidos en la competición, recuperarían la máxima categoría.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de julio de 2006