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Reportaje:Alemania 2006

El misterio de Ballack

La estrella no ha brillado, empieza a granjearse fama de jugador falto de carácter y perdedor y expresa la indefinición de la selección alemana

Con el rostro desencajado y los ojos llorosos, el capitán de la selección de Alemania, Michael Ballack (Chemnitz, 1976), asumió que no era inmerecido que Italia les eliminara de su Mundial. "La clave ha estado en el pase de Pirlo, es lo único que no hemos podido parar", explicó antes de dar por concluida su comparecencia ante la prensa. Sencillamente, fue incapaz de articular palabra. Impresionaba ver a un tipo grande (1,89 metros) y fuerte (80 kilos) tan hundido, pero es lo que tiene perder el tren a Berlín. Hace cuatro años, dos minutos después de ver una tarjeta amarilla, marcó el gol que permitió a Alemania disputar la final contra Brasil en el Mundial de Japón y Corea. Él, por culpa de esa tarjeta, la vio en la grada. No se sabe si el domingo estará en el Olímpico de Berlín, verá el partido desde su casa de Múnich o, en tanto que jugador del Chelsea, estará ya camino de Londres, donde vivirá con Simone, su esposa, y sus tres hijos (Louis, Emilio y Jordi), pero lo cierto es que para que Alemania hubiera jugado la final, Ballack tenía que haber dicho algo más.

Frente a las críticas, dice: "Yo, simplemente, asumo mi responsabilidad en el campo"
"Cuando él juega, el resto lo hace automáticamente mejor", asegura Klinsmann

Tradicionalmente criticado por su falta de carácter, que algunos atribuyen a su origen -se formó en la antigua RDA-, Ballack siempre ha defendido el sistema formativo del extinto país: "No sólo jugaba a fútbol sino que nos ejercitábamos en varias disciplinas. Por ejemplo, yo practicaba natación, atletismo, boxeo...". Además, advierte que cuando encarriló su vida en el fútbol "nunca tuve que escoger entre estudiar o jugar". Mientras vivía al otro lado del muro, sencillamente, los planes de estudios estaban amoldados y tenía tiempo para todo. ¿Y su falta de carácter? Responde que proviene de cuando fichó por el Bayern Múnich: "La gente debía estar acostumbrada a los gritos de Effenberg. Yo, simplemente, asumo mi responsabilidad en el campo".

Jürgen Klinsmann ha defendido abiertamente a su capitán -"cuando él juega, el resto lo hace automáticamente mejor", dijo- y la afición, que le reconoce un pobre rendimiento, le destaca al fin por su capacidad de sacrificio, algo por lo que siempre le había criticado. En cualquier caso, los números de Ballack en el Mundial que jugaba en casa son más bien pobres: no ha marcado ni un solo gol en los seis encuentros que ha jugado, aunque fue considerado como el más valioso del partido contra Argentina, ha dado una asistencia -a Klose contra Ecuador-, y ha participado en el inicio de las jugadas de otros dos goles. Además, no se puede quejar de la posición en la que ha sido alineado; es la suya, o por lo menos la que más le gusta. "No soy un 10. Prefiero salir desde atrás, por el centro", proclamó siempre Ballack, que ha dado a menudo la sensación de ser excesivamente pesado para jugar en un puesto de tanta responsabildiad. Especialmente contra Italia, en muchas acciones de contragolpe se le echó de menos acompañando la llegada al área.

Ballack, que el año 2002 quedó segundo en todas las competiciones en las que participó (Bundesliga y Copa de Europa con el Bayer Leverkusen), empieza a granjearse fama de perdedor. En agosto le espera, en cualquier caso, José Mourinho, que se las da de ganador y que tiene claro que con él su equipo será imbatible en Europa, pues no adivina siquiera un sólo problema a la hora de alinearle junto a Lampard en el mismo equipo. "Pueden jugar juntos perfectamente", ha dicho el técnico portugués. "Lo malo es juntar malos jugadores. Tener juntos a buenos jugadores no es un problema y Ballack es como una diva que recorre el campo. Lo tiene todo bajo control". Lo ha dicho Mourinho.

Únicamente falta que Ballack confirme las palabras después de una Copa del Mundo en la que ha expresado de alguna manera la indefinición de Alemania, una selección menos poderosa que antes y también más lúdica. Alemania acabó agotada frente a Italia después de desfondarse ante Argentina, una sensación extraña en un equipo que siempre se distinguió por su capacidad de ir y volver en el partido. El misterio de Alemania está precisamente en el mismo Ballack.

Ballack se despide del público tras la derrota ante Italia.
Ballack se despide del público tras la derrota ante Italia.ASSOCIATED PRESS

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