Alemania 2006Columna
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El problema del campeón

El problema que tiene Brasil es que todo el mundo presupone que como tiene a Ronaldinho en sus filas, va a jugar igual de bien que lo hace el Barça, pero a lo bestia. Con el acompañamiento estelar de Ronaldo, Adriano y compañía, sólo cabe esperar el espectáculo llevado a las últimas consecuencias. Antes de jugar contra Croacia, se había creado tal expectación alrededor de la selección carioca, seguramente el efecto de la mercadotecnia tiene mucho que ver en este asunto, que el partido resultó decepcionante.

Dio la impresión de que los jugadores brasileños están divididos en dos gremios: los que atacan y los que defienden. Entre los que defienden no se encuentran, desde luego, Ronaldo, Adriano y Ronaldinho. Kaká participa de esa labor un poco más, pero tiene el hándicap de ser compañero de Gattuso en el Milan y allí sólo él tiene permiso para robar un balón.

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Con tres jugadores y medio liberados defensivamente más el desequilibrio producido por las subidas constantes de Roberto Carlos y Cafú, los centrocampistas se convierten en los equilibristas de los platos. Tienen que ir de un lado a otro de la pista para que ninguno deje de girar. Si el equipo contrario supera el pánico inicial y descubre que los de amarillo son de carne y hueso, la recuperación del balón por parte de Brasil probablemente se produzca en zonas muy retrasadas y tenga que armar casi siempre el juego frente a un equipo replegado.

De todo esto podría deducirse que la dificultad básica de Brasil podría ser de espíritu defensivo, de ese 30 o 40% del tiempo que no dispone del balón y es así sólo en parte. La otra parte hay que buscarla en su principal virtud. El once brasileño dispone de los mejores jugadores del mundo, los más desequilibrantes, pero su error contra Croacia fue que los mejores jugadores del mundo querían desequilibrar constantemente.

Sus jugadores son estrellas acostumbradas a resolver situaciones comprometidas, a culminar las jugadas la mayoría de las veces. En el caso de Ronaldinho, con un pase sacado de la chistera; en el de Adriano o Ronaldo, con una jugada individual; Kaká, tras una cabalgada. Todo se desarrolla para que ellos pongan la guinda.

Lo que le faltó a Brasil contra Croacia fue sentido de ataque colectivo. Algo fundamental cuando el contrario juega en su propio campo y no se dispone de espacios. Cada jugador hizo lo que hacen habitualmente en sus clubes, todos querían finalizar y el juego colectivo se basa en combinar para buscar la mejor opción de cada jugada. Los brasileños buscaban al jugador para que hiciera que cada jugada fuera la mejor opción. Ambas cosas parecen lo mismo, pero no lo son.

Brasil echó en falta algún jugador interior que pudiera canalizar el juego y aportar dinamismo y ritmo a la combinación. Un jugador que decidiera la orientación del ataque y manejara el timing del partido, un tipo como Xavi, Cesc, Iniesta o Xabi Alonso. Pero estos no son brasileños.

El verdadero problema de Brasil es, en fin, que todos queremos que se acerque siempre a la perfección. El verdadero problema de los demás es que tienen que jugar contra Brasil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 16 de junio de 2006.

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