Crítica:
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Del pop-art al 'videoclip'

¿Hay que considerar a la música pop-rock-electrónica como una disciplina más dentro del arte contemporáneo o hay que seguir manteniendo una cuidadosa distancia entre ambos? La primera opción parece la respuesta obvia tras recorrer la exposición Switch On The Power: Ruido y políticas musicales, un original y también arriesgado intento por explorar los caminos de conexión entre la música y el arte en los últimos 40 años. El comisario de la exposición, Xavier Arakistain, también tiene muy claro que la primera alternativa es la correcta e intenta demostrar que su tesis es válida con una exhaustiva selección de vídeos que nos muestra cómo la música y el arte se han entremezclado e influido mutuamente a lo largo de las últimas décadas.

SWITCH ON THE POWER! RUIDO Y POLÍTICAS MUSICALES

Museo Marco

Príncipe, 54. Vigo

Hasta el 17 de septiembre

"La línea que separa el rock, la moda y el arte responde sólo a intereses económicos", afirma el comisario

"La línea que separa el rock, la moda y el arte responde sólo a intereses económicos. El objetivo de estas piezas es cuestionar esas etiquetas", explica Arakistain, quien también alude al hecho de que muchas piezas de artistas contemporáneos acaban teniendo como soporte un disco como una prueba más que evidente de que las relaciones entre música y arte contemporáneo van mucho más allá de algunos flirteos ocasionales. En sentido inverso, los artistas de rock han utilizado técnicas procedentes del mundo del arte para publicitar su música y convertirse en estrellas. Carteles, fotografías, portadas de discos e imágenes de vídeo han sido los medios de los que se han servido los grandes cantantes y grupos para construir su imagen de ídolos ante el público.

Un nuevo producto, el videoclip, llegó a finales de los años setenta para consagrar definitivamente la unión entre la música y las artes visuales. Buena parte de las piezas que se exhiben en la muestra son precisamente videoclips, un formato que también nos lleva a plantearnos la conveniencia de establecer fronteras precisas e inalterables entre el arte, la música y la publicidad. Hay muchos clips que se limitan a recoger la actuación en directo de un grupo o una actuación televisiva, pero con el tiempo el producto fue evolucionando y así, entre las piezas exhibidas, pueden verse ejemplos de originalidad visual como los vídeos del grupo alemán Kraftwerk (pioneros de la música electrónica), o los intentos de mezclar la moda, el arte, la cultura del club y el rock en las propuestas del fallecido Leigh Bowery y de la performer británica Pam Hogg. Como ocurre en el mundo del arte, el videoclip también puede convertirse en un eficaz instrumento de propagación de ideas de contenido social y político. Es el caso de la cantante canadiense Peaches que exhibe sin pudor su ideología feminista.

El montaje de la exposición con-

sigue transportar al visitante a un escenario irreal. Las salas del museo están pintadas de negro y prácticamente sólo iluminadas por las pantallas en las que se proyectan los vídeos. La paradoja en un evento dedicado a la música es que de las pantallas no sale ningún sonido, para escuchar algo tenemos que solicitar unos auriculares que se facilitan a la entrada de las salas. Cada vez que el espectador se acerca a una pantalla se activa la música correspondiente a las imágenes que está viendo y se crea la ilusión auditiva de que somos espectadores directos de cada una de las piezas.

La muestra se abre con la obra de un artista que encarna a la perfección la unión entre arte y música, Andy Warhol. El estandarte del pop-art realizó en 1966 la película The Velvet Underground and Nico, en la que se recogen interpretaciones en directo de la mítica banda norteamericana. Las imágenes en blanco y negro y la sencillez del montaje contrastan llamativamente con los clips de la cantante punk Siousxie Sioux, que pueden verse en la pantalla situada enfrente. Durante el recorrido por la exposición pueden verse desde documentales que exploran las relaciones entre arte, rock y política (Rock my Religion, de Dan Graham) a piezas realizadas por artistas que están claramente influidos por el fenómeno del rock (Iain Forsyth & Jane Pollard, Jon Mikel Euba, Jean-Luc Verna), o vídeos que recrean la cultura adolescente del pop (Carles Congost).

Entre los artistas que han investigado en las posibilidades de la música pop como un terreno en el que intervenir desde presupuestos artísticos se encuentran Yoko Ono y la norteamericana Laurie Anderson. Las performances de esta última han creado escuela y su influencia es más que evidente en otras piezas presentes en la exposición, como las protagonizadas por Anat Ben-David, Begoña Muñoz o Tobias Bernstrup.

La influencia que ha tenido la música y los movimientos culturales asociados a ella en España ocupan un apartado importante en la exposición. Así se incluyen diversas entrevistas y actuaciones en directo del programa televisivo La Edad de Oro en las que puede comprobarse cómo en los primeros años de la democracia la música actuó como un auténtico revulsivo para romper las barreras culturales existentes a principios de los ochenta. El interés de estos vídeos reside más en su importancia sociológica que artística pero es indudable la influencia que han tenido en España figuras como la cantante Alaska, convertida en icono de la modernidad.

Tras su paso por las salas del Marco, Switch on the Power se exhibirá en el Centro Atlántico de Arte Moderno de Las Palmas y en el Centro Cultural Montehermoso de Vitoria.

Fotograma de un vídeo del grupo femenino de electro-pop, Chicks on Speed.
Fotograma de un vídeo del grupo femenino de electro-pop, Chicks on Speed.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS