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Reportaje:Alemania 2006

"La camiseta roja disimula la sangre"

Los 'hooligans' triplican las ventas en los 'pubs', pero la policia teme más a los alemanes

La afición inglesa parece vivir en el O'Reillys, frente a la estación central de Francfort, el pub irlandés más grande de la capital del Estado federado de Hesse. "Hemos triplicado las ventas normales. Vivimos un permanente día de san Patricio", reconoce Pierre Doyle, el dueño del local, que desde el pasado lunes y hasta el día 21 tendrá reparto diario en sus tres establecimientos. Normalmente, los suministros le llegan una vez a la semana. La verdad es que da cierto miedo entrar y hasta huele mal. Es viernes por la noche y cuelgan banderas con la cruz de San Jorge con nombres de diversos equipos: Aston Villa, Lichfield, Arlesey Town... Han llegado en coche, en camionetas y, la mayoría, en vuelos chárter. Son gordos. Llevan la cabeza rapada y los brazos tatuados. Y beben, beben mucho.

Son gordos. Llevan la cabeza rapada y los brazos tatuados. Y beben, beben mucho

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Raquel Martínez nació en Santpedor, el pueblo de Guardiola, y es la encargada de la barra principal del local más grande, el situado frente a la estación central. Llegó hace tres años a Francfort dispuesta a aprender el idioma. Maldice la hora, pues no tiene manos para tanta pinta. "Es impresionante: desde el miércoles, cuando empezaron a llegar estos tipos, ya hay colas en la puerta cuando abrimos". Los hábitos han cambiado mucho en el interior del pub. De entrada, han pasado de 25 a 50 empleados, no hay un solo vaso de cristal, los camareros sólo atienden en la barra porque las mesas han desaparecido, ya no se sirven comidas al mediodía y, por si acaso, de las paredes han desaparecido los bonitos cuadros de Guinness: ahora cuelgan fotos de papel con referencia a la Copa del Mundo y alguna que otra toalla de playa con las banderas de los participantes. No hay puertas.

"La semana pasada vino un carpintero y forró de madera los cristales. Puso bisagras y ahora se recogen sobre sí mismas, para que no nos las rompan", explica la camarera. Vestidos de rojo y blanco, vocean y se abrazan como si dar miedo les gustara. ¿Todos? Todos, no. "No puedo, lo siento", dice un tal Steve, completamente borracho; "un amigo me ha pagado el viaje, la entrada y la estancia. Fue una apuesta. Pero no puedo cantar sus canciones, lo siento". Steve es escocés. "No me gustan estos individuos. A mi amigo, tampoco". Junto a él bebe tranquilo un tipo. "Ése es secreta. Nos han prohibido los guardias de seguridad privados. Los bares están llenos de policías", sigue explicando la camarera. La puerta lateral del pub da acceso a la Munichstrasse, una calle peatonal que está tomada por los hinchas ingleses.

La policía alemana se deja ver. Ha tomado Francfort. Dos furgonetas verdes y una veintena de tipos vestidos con monos verdes no pasan inadvertidos entre la marea rojiblanca. "Me gusta más la camiseta roja. Si hay pelea, la sangre se disimula mejor", asegura Robin, de 28 años, que parecen muchos más. Para él, seguidor del West Ham, su ídolo es un tal Zuz, o algo así, que bebe tranquilamente dentro del pub bajo una de las cuatro pantallas gigantes del local. "No creo que vaya al partido. Nunca veo los partidos en el campo", dice mientras atiende la repetición del Alemania-Costa Rica; "lo veré aquí mismo". Su brazo tatuado le delata: fue militar -lleva el dibujo de un ancla descolorida- y también es seguidor de los hammers: "a lo mejor, me acercó al río". En el río, los casi 20.000 hinchas sin entradas vieron el partido en una pantalla gigante. En el campo abundaban las familias. A la de John Strakly, que vino de Stockton con su esposa y sus dos hijos, no le gusta la gente que le acompañó en el vuelo: "Son lo peor de nuestro país. Y de nuestro equipo, Crouch. Es imposible ganar un Mundial con un pívot de los Lakers por delantero".

Ayer, por la mañana, la portavoz de la policía de Francfort felicitó a sus hombres: "Hemos trabajado bien", dijo antes de explicar la detención de 20 personas, 17 británicos y tres alemanes, durante la madrugada del viernes en el dispositivo especial organizado con motivo del Inglaterra-Paraguay. "Cuatro se pelearon. Los restantes estaban muy borrachos, pero muy borrachos", añadió. Un policía se mostró relajado: "Los nuestros son peores que los ingleses".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de junio de 2006