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CARTAS AL DIRECTOR

Estupefacta

Así me quedé cuando leí la noticia de la concesión del premio concedido por la Unión de Actores a Jone Gorizelaia, miembro de HB el pasado lunes. El premio fue concedido al colectivo AHOTSAK "Voces de Mujeres para la Paz", que reúne a mujeres parlamentarias, cargos políticos y sindicales que buscan su participación en el proceso de paz. Y allí estaba ella exultante, manteniendo en su brazo levantado una rosa blanca que simbolizaba su valiosa aportación al proceso de paz recién inaugurado, mientras el público asistente aplaudía encantado la feliz idea del premio.

Soy de las que no ha olvidado que hace muy poco, también, esta mujer levantaba el brazo cuando acudía a la Audiencia Nacional para defender en calidad de abogada a estas alimañas del asesinato, la extorsión y el chantaje. Con cara de desafío, con insultante impunidad, de la misma forma que acudía a las manifestaciones de la coalición abertzale que tan felices nos han hecho a muchos en Euskadi.

Una cosa es asumir, si es que se puede, que en este proceso de paz todos vamos tragar sapos y culebras y otra muy distinta es "premiar" a personas, por llamarlas de alguna forma, cuyos valores sean los de machacar física y psicológicamente a los que han tenido la osadía de oponerse a sus ideas fascistas.

Edurne Uriarte en su artículo Claridad moral aparecido en un periódico nacional, habla también de este problema. Los que tenemos muy claro que los asesinos no son iguales que las víctimas, somos tachados de intransigentes o retrógrados por todos estos progres de tres al cuarto que nunca, nunca, se jugaron nada por defender la libertad y menos la vida de tantos amenazados. Los que de verdad sí lo hicieron, o están muertos o ahora mismo están alucinando. Y hay para rato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de junio de 2006