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Columna
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El sabor de casa, el sabor de siempre

Acabo de ver el nuevo anuncio de Casa Tarradellas, la empresa fabricante del famoso y exquisito espetec Tarradellas y del no menos famoso y no menos exquisito paté Tarradellas. En él, sale la abuela Tarradellas con el nietecito Tarradellas. Están frente a esa mesa rústica en la que siempre preparan la merienda, cuando él le pregunta a ella por qué está tan buena la pizza. Ella, siempre didáctica, le contesta que es por los ingredientes. A saber: "más tomate", dice, y "queso hecho con leche".

En un principio, este enunciado puede parecernos más propio del pensador Perogrullo que de la masía que tanto admiramos y de la que tanto consumimos (en nuestros lotes navideños nunca faltan los productos Tarradellas). Que la anciana Tarradellas se vea obligada a decir que el queso está "hecho con leche" no es demasiado tranquilizador. Es como si nos tuviese que aclarar que el tomate es de la planta tomatera. El queso se hace con leche y no hay manera de no hacerlo con leche. Pero no es así. La abuela Tarradellas, al decir "queso hecho con leche" está haciendo gala de una gran coherencia. Una vez más, la mujer que elabora productos tan nuestros como la pizza o el mixto (que es ese bocadillo que los catalanes conocemos como biquini) demuestra por qué ha llevado su masía al liderazgo mundial. Si aclara que el queso está hecho con leche es porque hoy en día nadie lo sabe.

Puede que a ustedes les haya ocurrido. A mí me ocurre cada vez más a menudo. En el supermercado Suma de la calle de Mallorca, por ejemplo, una de las cajeras que pesan la fruta no sabe lo que son los calabacines. Cuando le toca pesarlos, pregunta: "¿Esto qué es?". Luego, cuando el cliente se lo dice, marca el código. No es una cuestión de idioma. Sabe lo que son los ajos, las naranjas y hasta los pimientos. Pero no sabe distinguir los calabacines de las berenjenas, que también pregunta invariablemente qué son. En la verdulería Fruit's de la calle de Viladomat sucede lo mismo. El otro día compré los primeros melocotones de la temporada. El encargado -de unos 40 años- me preguntó: "¿Qué son?". Alguien podría pensar que el hombre, creo que peruano, no está familiarizado con nuestros nombres, pero no creo que sea un argumento. Cuando los domingos, a las doce de la noche, voy a comprar fruta al señor paquistaní, nunca ocurre esto. El señor paquistaní se sabe los nombres en catalán y en castellano de lo que vende (y tal vez por eso los cobra siete veces más caros que si fuesen del Club Gourmet de El Corte Inglés). Yo creo, sinceramente, que hay mucha gente que no sabe cómo se llama o de qué está hecho lo que come y ya está. Pero esto, lejos de ser un problema, es una ventaja. Total, si todo sabe igual, ¿para qué aprenderse el nombre de cada cosa?

Por lo tanto, es muy normal que el vástago de los Tarradellas no sepa de qué está hecho el queso, a pesar de estar todo el día viendo como sus famosos abuelos ordeñan vacas por doquier. Es más. La abuela, al decir "queso hecho con leche", está haciéndonos un guiño comercial. Nos está insinuando que pronto veremos queso Tarradellas sin leche. Es decir: tofu Tarradellas o jabón corporal Tarradellas. Y esto, en fin, podría ser, simplemente, la puerta a la expansión de la empresa. Expansión que todos deseamos. Yo espero que, en un futuro no muy lejano, veremos cuscús Tarradellas o pato laqueado Tarradellas. Y más tarde, neumáticos Tarradellas, módems Tarradellas, teleprompters Tarradellas y aerolíneas Tarradellas. Así, un día, estos ojos verán el ansiado anuncio. El abuelo, en la era de la masía, estará ultimando un tradicional Boeing 747 y el nietecito le preguntará: "Abuelo ¿por qué nuestra flota aérea es tan potente?". Y él contestará: "Por nuestro queroseno tradicional catalán, hecho en casa".

moliner.empar@gmail.com

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