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La seguridad privada

Vigilantes detenidos y presos en libertad

"A veces se han dado casos en que el vigilante ha sido detenido, cuando ha ido a llevar a un preso, porque tenía pendiente una orden de busca y captura. Y el que se quedaba libre era el detenido". Así lo cuenta el responsable de seguridad de una compañía implantada en toda España, que tiene contratados a miles de guardas.

Este directivo reconoce que son casos aislados, pero que se dan, lo que crea un gran problema a la empresa que lo ha contratado. "Es cierto que se les pide un certificado de antecedentes penales. Pero el aspirante puede estar limpio cuando accede al puesto, pero pendiente de algún juicio o una sentencia sea firme", explica.

Según fuentes policiales, estos casos son esporádicos, al igual que el doble homicidio protagonizado por un vigilante en Correos y la muerte de otro empleado en Atocha ocurrida el pasado domingo. "Hay que tener en cuenta las cantidades de servicios y de vigilancias que hay a lo largo del día y las pocas incidencias que se dan", señalan fuentes policiales.

Otro problema al que se enfrentan los vigilantes es que no están reconocidos legalmente como agentes de la autoridad. Es decir, en caso de que un ciudadano les agreda no verá agravada su pena como si pegara a un policía o incluso al interventor de un tren. Eso les deja, en parte, desamparados ante los jueces, por lo que deben de medir la forma de actuar.

Una fórmula que han puesto en marcha algunas empresas como Metro y Renfe es que sus vigilantes vayan acompañados en determinados servicios y en horas concretas de perros entrenados para atacar en caso de agresión. La presencia de los perros impone mucho más y hace que los vándalos y los amigos de lo ajeno se lo piensen a la hora de actuar. Y eso que los animales llevan bozal para evitar problemas con los viajeros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de mayo de 2006