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DON DE GENTES

He tenido un sueño

La otra noche le dije a Tom Cruise: "Estás hecho un 'freaky', tío; te lo digo yo, ya que nadie se atreve a decírtelo a la cara: vas a acabar como Michael Jackson". Era en sueños.

ESTUVE EN UN TRIS de estudiar psicología pero la sola idea de imaginar que mis pacientes me contaran sus sueños me echó para atrás. Me di cuenta de que si a mi consulta venía un tipo y me contaba que soñaba que estaba paseando por la calle y de pronto se daba cuenta de que estaba desnudo y sentía una vergüenza terrible, yo, en el mejor de los casos, haría ese gesto de mirar hacia arriba como diciendo, pero qué coñazo, por Dios, y en el peor, le diría, pero cretino, usted no tiene orejas a cada lado de la cabeza, usted no sabe que eso lo sueña todo el mundo en algún momento de su vida. Le diría, fíjese lo que le digo, caballerete, prefiero renunciar a la nada desdeñable suma que usted me paga a contribuir a engordar su ego. ¡Hala, puerta! A día de hoy me atrevería a asegurar que la peor consecuencia de la popularidad del psicoanálisis ha sido la importancia desmedida que se da a los sueños. Cuando estoy leyendo una novela y de pronto el escritor te endilga un sueño pienso, qué falta de respeto. Cuando en una película el director tiene el morro de comunicarte en los cinco últimos minutos que todo era un sueño se me hincha la femoral. Hay excepciones, como El Mago de Oz: a una película en la que sale Judy Garland cantando Over the Rainbow se le puede permitir que sea una mamarrachada. Yo he tenido que escuchar muchos sueños (y eso que renuncié a la psicología). A día de hoy he llegado a la conclusión de que saber escuchar es la peor desgracia que te puede pasar en la vida: todo el mundo te da la brasa con su infancia y con sus sueños. Soy de la opinión de que a cierta edad cada uno debería saber interpretarse sus propios sueños. Yo los míos los tengo interpretados. Tengo pesadillas recurrentes fácilmente interpretables: son el resultado del Tempranillo ingerido la noche anterior. Esta semana pasada tuve cinco pesadillas recurrentes cinco noches seguidas. Pero ni por un momento se me pasó por la cabeza ir al psicólogo, más bien acaricié la idea de visitar las dependencias de Alcohólicos Anónimos que tengo cerca de mi casa. Dirán que soy una soñadora pero para mí (concretamente) sería como el tope de la realización de mis sueños: salir ahí, a ese atril, como una más, y decir: "My name is tatatá". Bueno, al tiempo. También tengo sueños felicísimos. En mis sueños felices siempre sale gente importante con la que supuestamente mantengo una relación de absoluta camaradería. Estos sueños también los tengo bastante interpretados: tengo aires de grandeza. No hace falta que venga un psicólogo a decírmelo. No admito a cualquiera en mi mundo onírico. Hace poco soñé que al despertar veía a Javier Marías en un rincón de mi habitación, muy elegante, con un sombrero de fieltro años cuarenta. Yo le decía: "Ay, Javier, a veces te dan unos puntos más raros..., no sé por qué escribiste ese artículo tan furibundo contra los hombres que llevan sombrero, un hombre con sombrero vale por dos", y él, visiblemente halagado, decía: "Vístete, que te llevo a comer con mis hermanos", yo me levantaba de la cama con los tacones puestos y preguntaba: "¿Y qué me dareis de comer?", y él me respondía tendiéndome la mano: "Marisco". También he soñado muchísimas veces que iba a comprar zapatos con la Infanta Elena por la calle Augusto Figuroa. El otro día ella me decía: "A mi hermana y a mí papá siempre nos dice que no nos pongamos tacones en las recepciones porque con la altura que tenemos (ya de por sí) nos ponemos demasiado jaquetonas e intimidamos a los mandatarios extranjeros". Y yo le dije: "Pues en otras cosas ya sabes que yo a tu padre no le doy la razón (para nada) pero en esta tengo que dársela, mal que me pese". Es un sueño enigmático porque me gustaría saber en qué le quito yo la razón al Rey con ese desparpajo. Desparpajo, esa es la palabra. La otra noche le dije a Tom Cruise: "Estás hecho un freaky, tío, te lo digo yo ya que nadie se atreve a decírtelo a la cara: vas a acabar como Michael Jackson". El jueves me desperté riéndome: estaba tomando café con el marido de la reina de Dinamarca, este hombre extravagante que siempre tiene salidas inesperadas y que últimamente ha afirmado que comió carne de perro y le gustó, y él me decía: "Vete si quieres a dormir la siesta con tu marido que yo me quedo aquí viendo el Tomate, a ver si salgo", y yo le respondía: "Sí, hombre, te dejo a solas con mi perro y vas y te lo comes, no te jode". Al tío le daba un ataque de risa y decía: "Pero qué salidas tienes, chiquilla, los gaditanos llevais la gracia en la sangre". También estaba aquel otro sueño en el que descubría a la ministra de Educación fisgando dentro de mi frigorífico, "pero tía, qué ordenadito lo tienes todo, a ti lo que pega, por lo que te he leído, es tenerlo lleno de yogures pasados de fecha". Y yo le decía: "Es que me lo ordena Beckham", y me decía Merceres Cabrera, "ya te vale". Y yo pensaba, joé, qué macarra la ministra. Y este tipo de sueños un día y otro y otro (quitando los días del Tempranillo, claro está). Esto venía a cuento porque me ha pasado algo extraordinario, ayer soñé que recibía el siguiente mensaje de texto de Tita Cervera: "Manifa en el paseo del Prado contra las obras de Gallardón. Pásalo". Pero es que cuando me desperté dicho mensaje estaba de verdad en el móvil. Y desde entonces como que no puedo con la duda: si el sueño se ha hecho realidad: ¿será la propia Baronesa la que está enviando los mensajes? Qué fuerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de mayo de 2006