Para sordos y ágiles
Debo estar haciéndome mayor, ya que hay costumbres a las que no consigo adaptarme. Por ejemplo, a la prisa que parecen tener los locutores de los telediarios. He llegado a pensar que les pagan por el número de palabras de dicen por minuto, si no ¿qué sentido tiene que expongan de un modo tan apresurado los hechos? Lo mismo ocurre, en general, con los presentadores de otros programas. ¿Tendrán urgencias imposibles de delegar? ¿O será que desean irse a yantar?
Algo parecido debe ocurrir con el tono chillón que emplean. ¿Pensarán que cuanto más gritan mejor se les oye? ¿Será que el último grito es gritar más? Habrá que recordarles que no por mucho gritar, lo que gritan es más verdadero.
Quizá sea una moda, quizá es que son sordos, o puede ser que a ellos les guste, pero mis oídos y mis nervios acaban alterados si tengo la suficiente paciencia de aguantar más de una hora ante la pantalla.


























































