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Deepa Mehta arremete contra la religión que fomenta la ignorancia

La directora india denuncia en 'Agua' la marginación que sufren las viudas en su país

Chuyia tiene ocho años. Está en la edad en que otras niñas sólo piensan en jugar y, sin embargo, ella ya es viuda. Y, peor aún, en la India de 1938, lugar y tiempo en los que se sitúa la historia que cuenta Agua y que Chuyia protagoniza, su vida ya no vale nada. Hasta que muera, de acuerdo con las creencias hindúes, permanecerá recluida en un ashram, una especie de lóbrego gineceo destinado a las viudas, y habrá de mendigar o, incluso, prostituirse para sobrevivir. La sólida directora y guionista india instalada en Canadá Deepa Mehta (Amristar, 1950) ha recurrido a este personaje para denunciar con contundencia el fundamentalismo religioso. En Agua -filme que hoy se estrena en España y con el que la cineasta concluye su trilogía iniciada con Fuego y continuada con Tierra- arremete contra lo que ella llama "el fomento de la ignorancia" a través de las religiones.

Una ignorancia que, en el país de origen de la directora, pervive por lo que respecta, entre otros, al asunto que aborda el filme. En la actualidad, explica Deepa Mehta, hay en India 34 millones de viudas, 11 millones de las cuales viven en ashrams en medio de una miseria absoluta. Lo que sí ha cambiado, añade, es que los matrimonios de hombres mayores con niñas hoy están prohibidos. El drama de Chuyia, por tanto, en los tiempos que corren sigue siendo factible, con la salvedad de que la protagonista debería ser algo mayor.

Deepa Mehta, cuya mirada se encuentra entre las más comprometidas del nuevo cine indio, lamenta que, pese a las políticas sociales y sobre todo al trabajo "sobre el terreno" de activistas de organizaciones no gubernamentales, se mantengan en India tradiciones execrables como la de encerrar a las viudas. "El problema, según lo veo yo", reflexiona la directora, "es de base. Son las propias mujeres las que se avienen a estas costumbres porque creen que si no lo hicieran traicionarían los textos sagrados, renegarían de su religión".

La cineasta, sin embargo, no quiere circunscribir la lacra del integrismo ni a su país, ni al hinduismo. "En todo el mundo", dice esta directora cuyo trabajo ha sido elogiado por Salman Rushdie, "continúa habiendo mucha dependencia de las religiones. Basta con mirar, por ejemplo, qué está pasando en Estados Unidos con el fundamentalismo cristiano. A mi juicio, las grandes religiones del mundo han sido mal interpretadas, lo que conduce a unas reacciones que, personalmente, me asustan mucho".

La misma intransigencia que llevó a grupos fundamentalistas a boicotear las proyecciones de Fuego en Bombay y en Nueva Delhi, en 1998, porque el filme versaba sobre una relación homosexual entre dos mujeres, condujo a colectivos religiosos radicales de Benarés a entorpecer, en el 2000, el rodaje de Agua -que se estrenará en India a finales de este año-. Tanto que hubo que suspenderlo. Cuatro años después, Deepa Mehta pudo filmar la película, pero en Sri Lanka, con un reparto distinto, en el que se mezclan actores profesionales con debutantes. De él destaca "el talento" de la actriz infantil, la cingalesa Sarala, de Seema Biswas -"una gran dama de la escena india"- y de John Abraham, estrella de Bollywood.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006