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Necrológica:
Perfil
Texto con interpretación sobre una persona, que incluye declaraciones

Maurice Lever, escritor

Autor de las biografías de Sade y Beaumarchais

Maurice Lever había nacido dos veces. Una, la primera, en agosto de 1935, cerca de París, en Neuilly; la segunda, la consciente, en Alejandría, en 1940. Hijo de un judío sefardí y de una bretona extremadamente católica, Lever podía haber crecido como heredero de un negociante millonario -su familia representaba en Francia una famosa marca de té-, pero lo hizo como perseguido y exilado, podía haberse instalado en la modernidad estadounidense pero le tocó el siglo XIX en Egipto.

Los nazis tuvieron la culpa, y allí, en Alejandría, hablando el español, el francés, el árabe, el hebreo y el inglés, Maurice Lever aprendió que el tiempo es relativo. En la destartalada ciudad egipcia vivirá hasta 1950, año en que el antisemitismo árabe le hace la vida casi tan imposible como el antisemitismo alemán se la había hecho antes en Europa.

Y de vuelta a París, con una cultura de Liceo Francés y de una calle que aún no sabía del fin de las colonias y de las monarquías corrompidas y amables, Lever se sumerge en los papeles. "Si me alejo más allá de 500 metros de un archivo, siento como si me asfixiase", decía ya antes de transformarse en el biógrafo del marqués de Sade -su libro aparece en 1991, en Fayard- o de Beaumarchais, biografía publicada entre 1999 y 2004, en tres volúmenes.

Durante años, Maurice Lever trabaja en el CNRS, el Centro Nacional de Investigación Científica, interesándose por los autores del XVII. Él es el autor de un catálogo de 1.200 novelas de esa época y luego él será quien más sabrá del trato que se dispensaba a locos y homosexuales a través de los siglos.

Entusiasta del teatro y de la literatura decadente, acaba en brazos del divino marqués por uno de esos azares de la vida, que le pone en relación con los herederos de Sade. Durante diez años consulta papeles que nadie había visto, lee cartas, libros y documentos que llevaban dos siglos sin que nadie les pusiese los ojos encima, y es así como nos descubre el papel jugado por el padre de Sade en la educación de su peculiar hijo Donatien Alphonse François, o cómo se nos revelan sus hazañas durante su accidentado viaje por Italia o los problemas derivados de las finanzas familiares. Es otro Sade el que pinta Lever, como es otro Beaumarchais el que sale del buceo historiográfico de este erudito atípico, fallecido el pasado 27 de enero, en París, víctima de un cáncer de pulmón.-

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