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Reportaje:

De vinos a caldos

Bodegas Gandía recorta producción, pero mejora calidad y beneficios

Bodegas Gandía ha llegado a producir 52 millones de botellas para vender el 90% en mercados tan diversos como Finlandia, Togo o Japón. Acometió hace 15 años una profunda transformación y ahora produce 40 millones de botellas al año y vende un 20% en el mercado nacional. La apuesta por la calidad y los vinos de autor también ha disparado los beneficios.

Bodegas Gandía produce 40 millones de botellas de vino al año y exporta el 80% de su producción a un total de 75 países

"En los dos últimos años apenas hemos variado la producción, pero sí se ha movido la cuenta de resultados", dice José María Gandía

Vicente Gandía Pla fundó Bodegas Gandía en 1885 sobre su talento comercial. Trabajaba en Valencia como agente para productores franceses que acudían a España a comprar vino porque la filoxera devoraba sus cosechas. Hasta que adquirió las relaciones y confianza suficientes como para establecerse por libre. Y vender vagones y vagones de vino a granel.

África occidental fue uno de los primeros mercados exteriores de Bodegas Gandía. "Las antiguas colonias francesas son grandes consumidores", explica José María Gandía, nieto de Vicente y actual presidente de la empresa, el introductor de las primeras botellas a principios de los años setenta. Las ventas se extienden a 75 países. Desde Japón hasta México y desde Noruega hasta Suráfrica, pasando por Líbano.

Los países nórdicos, Suiza, Alemania, Holanda, Bélgica o el Reino Unido, Estados Unidos y Canadá son grandes mercados de Bodegas Gandía.

Pero el vino "ha dejado de ser una bebida energética, el consumo ha descendido en todo el mundo, pero, a la vez, se ha producido una explosión de los vinos de calidad", constata Gandía. Y recuerda que la familia vislumbró los nuevos tiempos y renovó completamente sus instalaciones y sus estrategias comerciales a principios de los años noventa. ¿Cómo? "Gastando dinero".

Barricas tecnológicas

Bodegas Gandía compró fincas, plantó variedades diversas, desde la bobal, histórica viña de Valencia, hasta cabernet sauvignon o chardonnay. Y barricas de la más alta tecnología. "Hacer vinos es como tener un restaurante", sugiere José María Gandía, "necesitas una cocina con la más alta tecnología, una buena materia prima y... un druida".

Los criterios de calidad de las denominaciones de origen Valencia y Utiel-Requena son estrictos, pero los consejos reguladores son flexibles en materia de variedades. "Si haces Rioja estás obligado a cultivar tempranillo, nosotros podemos jugar más con las mezclas". El abanico del druida es más extenso. Bodegas Gandía ha explotado esa libertad para producir vinos de "alta expresión". Nuevas marcas con nombres rotundos, como Ceremonia, primero, o Generación 1, después, que crecen sobre el colchón de las ventas de Castillo de Liria, la gama más barata, en todo el mundo. "Hemos renunciado a las marcas blancas en el Reino Unido, un producto que se vende a través de Internet".

El último residuo del mercado del primitivo granel se cerró sin traumas. "Vendíamos mucho y no queríamos dejar en el aire a nuestros clientes británicos así que nos limitamos a subir los precios poco a poco hasta quedarnos fuera de la subasta".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de enero de 2006