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Análisis:A LA PARRILLA

Asturianos porteños

TVE estrenó Mi abuelo es el mejor, un canto a la tercera edad con derroche de buenas intenciones, reencuentros lacrimógenos y paternalismo histriónico hacia los mayores. Lo presenta Concha Velasco, que, inducida por los nietos, homenajea a abuelos tan peculiares como Kurt Savoy. "Los primeros abuelos de este país son los Reyes", dijo Velasco al empezar, dejando claro el tono lisonjero de esta extenuante selección de retratos hagiográficos.

También entrevistó al cantante Víctor Manuel. En imágenes de archivo, le vimos cantar uno de sus éxitos: "El abuelo fue picador / allá en la mina / y picando negro carbón / quemó su vida".

El azar quiso que, a la misma hora, se estrenara Vientos de agua (Tele 5), una serie sobre mineros asturianos exiliados a Argentina. La dirige Juan José Campanella y la interpretan grandes actores, de esos que sólo necesitan un par de planos y buenos diálogos para expresar dolor o alegría, desamparo o esperanza, vulnerabilidad o grandeza. La historia se estructura sobre las vidas paralelas de un padre y de su hijo forzados a exiliarse.

La estructura se basa en dos oleajes trenzados con oficio: el que viene y va del pasado al presente y el que va y viene de Asturias a Argentina. Aquí nada es trivial, y aunque a veces se empuja al espectador con tretas emocionales y lugares comunes de la epopeya histórica, sobresale la evidencia de estar ante una serie que, por su categoría, dignifica la industria de la ficción audiovisual.

Crónica de dos épocas con tierra y tiempo de por medio y, sin embargo, tan dolorosamente parecidas. La familia, la historia, los principios, los abusos de poder y la caza a la que el destino somete a los más débiles son los elementos de esta aventura sobre el exilio en sus múltiples variantes. También es una reflexión sobre cómo el desarraigo crea vínculos y mitos que pueden salvarte o destruirte. Me temo que las audiencias obtenidas no cubren ni las expectativas ni la inversión pero, precisamente por eso, no dejen de verla. El estreno de Vientos de agua merece un estruendoso aplauso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de enero de 2006