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Reportaje:20 AÑOS DE ESPAÑA EN LA UE

Los españoles en Europa

Felipe González abrió la senda que condujo a una elevadísima presencia de españoles en la Unión Europea

Andreu Missé

El 20 de marzo de 1990, en la sexta cumbre hispano-alemana, el presidente Helmut Kohl no pudo contener las lágrimas al agradecer públicamente a Felipe González "el apoyo sin fisuras" que desde el primer momento le había proporcionado en el proceso de la unificación alemana.

Una postura bien distinta de la mantenida por Londres y París. El González socialdemócrata obtenía así el público reconocimiento del líder de la derecha alemana, el país más poderoso y el motor económico de la Unión. El presidente español, de la mano del canciller alemán Billy Brandt, el presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, y el presidente francés François Mitterrand "estaba en el club de los grandes políticos europeos", explica Eneko Landaburu, director general de Relaciones Exteriores y uno de los altos funcionarios de referencia de la Unión Europea. "Quizá por estas circunstancias", añade, "España desde un principio aportó mucho más de lo que representaba. Había militancia de europeísmo". "El principio de solidaridad, los fondos de cohesión, lo aporta España no sólo porque pide dinero sino como proyecto político. Todo es posible porque los alemanes pagan", apostilla.

Javier Solana es el español que más ha pesado en la arena internacional
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Para Gerardo Galeote, europarlamentario del Partido Popular, "Europa fue lo que unió a toda la oposición española durante el franquismo". En aquellos años, el camino europeo lo había abierto en julio de 1977 el entonces ministro de Exteriores del Gobierno de Adolfo Suárez, Marcelino Oreja, con la solicitud de apertura de negociaciones de adhesión. "Felipe tuvo la suerte de coincidir con los grandes líderes y, sobre todo, de despertar credibilidad ente ellos", señala un director de la comisión, con más de 20 años de experiencia comunitaria. González contó desde un principio con un equipo muy cualificado, en que destacaban Pedro Solbes y Manuel Marín. Solbes, actual vicepresidente del Gobierno, uno de los técnicos más reputados en asuntos europeos, participó en la renegociación del acuerdo preferencial de 1970. Ha ocupado puestos clave, secretario de Estado de Asuntos Europeos y comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, cuando la implantación del euro. Marín, el infatigable negociador de las madrugadas, hasta la firma del Tratado de adhesión en 1985, ha sido el comisario con más años en el puesto. Junto a él trabajó Abel Matutes, un hombre de negocios perteneciente al Partido Popular, nombrado comisario por los socialistas, que coinciden en destacar su eficiencia y lealtad al Gobierno.

Pero el español que durante los últimos años ha pesado más en la arena internacional ha sido sin duda Javier Solana, el dirigente socialista que debía suceder a Felipe González en la política española. Primero como secretario general de la OTAN (1995) y desde 1999 alto representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común, Solana ha sido el hombre de Europa en los Balcanes. Con amargas y dolorosas experiencias como el envío de tropas en la guerra de Yugoslavia, pero que últimamente empieza a recibir ciertos reconocimientos por los avances en la pacificación en algunos territorios como Macedonia.

La absorbente dedicación a los asuntos de Defensa le ha impedido una mayor participación en los temas estrictamente comunitarios. Para el economista Ángel Viñas, autor del libro Al servicio de Europa, a Solana se debe sin duda "el diseño de la Seguridad y Defensa Europea".

Los años de Gobierno del Partido Popular en España han coincidido también con el impulso de la cooperación intergubernamental y el repliegue del marco comunitario. En este nuevo escenario, el presidente José María Aznar, con mejores vibraciones con Washington que con París y Berlín, se movía con más comodidad. Para Galeote, "mientras en la etapa de González España aportó la cohesión, en la etapa de Aznar se lograron muchos proyectos que parecían irrealizables como la euroorden (la orden de detención y entrega y los avances en todo lo relacionado con Justicia e Interior)".

En la Comisión, España ha desempeñado puestos estratégicos como ahora Joaquín Almunia, al frente de Asuntos Económicos y Monetarios y con conexión permanente con el Banco Central Europeo. Anteriormente Loyola de Palacio, fue la responsable de los asuntos energéticos, lo que le llevó a serios enfrentamientos con alguna de las grandes corporaciones europeas.

También en la presidencia del Parlamento europeo, la cuota de presencia española ha sido muy superior a la del peso del país. Primero fue Enrique Barón, quien inició la senda de aumentar el peso del parlamento en la vida comunitaria. Le siguió después José Maria Gil Robles que se propuso profundizar en su democratización. Con su actual presidente, Josep Borrell, la Eurocámara ha alcanzado las mayores cotas de poder político, como se vio con la crisis del caso Butiglione y ahora en la defensa de una mayor participación en la elaboración de los presupuestos.

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