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Crítica:TEATRO

Cabaré Pavlovsky

Ángel Pavlovsky llegó a España desde Argentina cuando mataron a Carrero. Solía actuar en la Sala Cadarso, de Madrid, acompañado por una orquesta de señoritas. Travestido, cantaba, narraba y bajaba a lidiar con el público. Cayó bien. Otros transformistas se especializaron en imitar a grandes estrellas. Él prefirió hacer de sí mismo un personaje descarado, de los que dejan huella. Ahora vuelve, al Círculo de Bellas Artes, con Hoy, siempre, todavía, acompañado al piano por Bárbara Granados y Joan Aymerich.

Pavlovsky crea un cabaré franco y directo, dialoga con los espectadores, se gana su confianza a pulso, propone juegos en los que nadie rehúsa participar. Sabe lo que puede pedir a cada cual. A una espectadora alemana le canta en su lengua, con otra conversa en ruso, y a todos nos hace estamparle un beso a la compañera o compañero de butaca. A veces es un personaje de revista; otras, se revela absolutamente brechtiano: cuando interpreta las canciones de Tom Lehrer, tan irónicas, o cuando habla de los pacificadores terribles. Con los años, Pavlovsky ha depurado su estilo. Es más él mismo que nunca.

Hoy, siempre, todavía

Autor, intérprete y director: Ángel Pavlovsky. Pianistas: Bárbara Granados y Joan Aymerich. Vestuario: Ramon Ramis. Iluminación: Ángel Pavlovsky y Toni Ubach. Círculo de Bellas Artes. Madrid. Del 7 al 13 de diciembre de 2005.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de diciembre de 2005