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Reportaje:

Un arma eficaz contra la pobreza

El flujo mundial de remesas de los emigrantes superará los 197.000 millones de euros durante 2005

Los emigrantes se aproximan ya a los 200 millones de personas en todo el mundo. Es el equivalente al 3% de la población global. Este fenómeno demográfico planetario plantea un importante dilema a los gobiernos de los países ricos y pobres, por su complejidad y diversidad. Para entender mejor la situación, el Banco Mundial ha elaborado un amplio análisis en el que muestra el potencial de estos flujos y, en concreto, de las remesas, en la lucha contra la pobreza. Con 232.000 millones de dólares (197.295,7 millones de euros), estas transacciones suponen la mayor fuente de capital externo para muchos países pobres y su mayor esparanza para financiar los necesarios programas de desarrollo.

El Banco Mundial pretende que se refuerce el papel de los emigrantes como factor de promoción del crecimiento económico y el desarrollo

El fenómeno de la inmigración está teniendo un impacto destacado en el crecimiento de la población en países ricos como Alemania, Italia o Suecia. En los países desarrollados, el número de inmigrantes creció a un ritmo del 2% anual durante las últimas dos décadas. El 70% de este incremento se concentra en EE UU y Alemania, que representan el 40% de la población de las economías ricas. Pero más allá de su efecto en los países receptores, Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, considera que estos flujos son "críticos" para el desarrollo.

"Es una importante fuerza para combatir la pobreza", afirma Wolfowitz en la presentación del informe Perspectivas Económicas Globales 2006, que dedica un apartado a analizar las remesas de inmigrantes. El documento afirma que la migración puede generar un considerable aumento del bienestar para los emigrantes, sus familias y sus países de origen y de destino "si se aplican políticas tendentes a mejorar la gestión del flujo de emigrantes y facilitar la transferencia de remesas".

François Bourguignon, economista jefe del banco, aporta un dato: un incremento del 3% en la fuerza de trabajo por la emigración -unos 14,2 millones de personas- podría traducirse en un aumento de la riqueza mundial del 0,6% para 2025, equivalente a 356.000 millones de dólares (302.746,8 millones de euros). De esa cantidad, 51.000 millones (43.371 millones de euros) irían a parar a los países más ricos.

Más que ayuda al desarrollo

El Banco Mundial, como hiciera recientemente la Comisión Mundial sobre Inmigración Internacional, pretende que se refuerce el papel de los emigrantes como factor de crecimiento económico y el desarrollo. Las remesas son claves en este proceso. Éstas superarán los 232.000 millones de dólares (197.295,7 millones de euros) en 2005 cuando en 1980 eran 18.000 millones (15.307 millones de euros). Los países pobres recibieron 167.000 millones (142.018, 9 millones), suma que supera en más de un 100% el nivel de la asistencia para el desarrollo. Es un 73% más que en 2001.

La institución financiera internacional pone otro dato interesante sobre la mesa, al destacar que entre el 30% y el 45% de esos flujos financieros se realizan entre países en desarrollo. Las cifras oficiales podrían incrementarse hasta un 50% si se tuviera en cuenta las remesas enviadas por canales informales, lo que convertiría estos flujos financieros en "la mayor fuente de capital externo para muchos países pobres".

El Banco Mundial señala en este sentido que, a diferencia de los flujos de capital, las remesas tienden a ser "estables", incluso en periodos de ralentización económica o de crisis. En términos generales, estas transacciones equivalen al 6,7% de las importaciones de los países pobres y al 7,5% de su inversión interna. En el caso de Sri Lanka, superan a los ingresos por exportación de té y en el de Marruecos a los que obtiene por turismo.

Dilip Ratha, coautor del informe, explica que la migración es un fenómeno "auténticamente mundial. India es el primer país receptor de fondos de sus emigrantes, con 21.700 millones de dólares (18.454 millones de euros), seguido por China (18.113,8 millones), México (15.392,5), Francia (10.800,2) y Filipinas (9.864,8). Si se toma como referencia su riqueza, las remesas representan la mayor proporción del PIB en Tonga (31%), República de Moldavia (27,1%), Lesotho (25,8%), Haití (24,8%) y Bosnia y Herzegovina (22,5%). Argelia y Guatemala, por su parte, son los países que registraron los mayores incrementos, al triplicar las remesas entre 2001 y 2004. Los países ricos también registraron alzas, como Austria, Bélgica, Alemania y España, que fueron de entre el 45% y el 79%.

Programas de desarrollo

El Banco Mundial traza un estrecho vínculo entre estos envíos de fondos y la disminución de la pobreza en países como Uganda (11%), Bangladesh (6%) y Ghana (5%). Pero a continuación reitera que las remesas deben concebirse como un complemento a los programas al desarrollo, no como un sustituto. Y recomienda que se reduzca el costo de remisión, porque eso promovería el uso de canales formales. El informe señala que las comisiones que aplican las agencias de servicios de remesas suelen llegar a niveles de hasta el 15% del valor de la transferencia.

Los costes varían en función del país emisor y receptor. En el caso específico de España, según datos de la organización no gubernamental Remesas.org, las transferencias realizadas por los inmigrantes subsaharianos son netamente más caras (63%) que la de los trabajadores latinoamericanos. Esta ONG calcula que un senegalés o un nigeriano perderán en el envío de media casi un 10% del valor de los fondos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de noviembre de 2005