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Crítica:

La zozobra alemana

Acerca de los expresionistas, escribe Peter Gay en La cultura de Weimar que "eran revolucionarios sin ser políticos o, por lo menos, sin ser programáticos". Qué bien calza esta definición con la obra de Max Beckmann, una parte de la cual, procedente del Museo Von der Heydt de Wuppertal (Alemania), puede verse en Mallorca tras haber pasado previamente por el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Un total de 53 grabados y dos óleos, cuya sola disección daría para un curso entero sobre la captación del movimiento como problema pictórico, componen la muestra, una ocasión magnífica para revisitar la zozobra alemana entre 1914 y 1946, representativas fechas en las que se enmarcan las piezas exhibidas.

MAX BECKMANN

Museo de Arte Español Contemporáneo

(Fundación Juan March)

Sant Miquel, 11

Palma de Mallorca

Hasta el 19 de noviembre

"La guerra lo devolvió a la realidad", dejó dicho uno de los críticos de la época acerca de la obra de Beckmann que siguió al estallido de la primera gran conflagración mundial. Ésta es la primera certidumbre que uno recibe de la exposición, dispuesta cronológicamente. Un primer tramo nos sumerge en lo que el pintor definió como "los terribles gritos de dolor del pobre y desilusionado pueblo". Desencanto y bostezos (que parecen gritos) son dos de los motivos principales de esta muestra, junto a la desesperación. Junto a las intensas estampas de espacios públicos, la muestra está salpicada por numerosos autorretratos, en los que el artista exhibe siempre una seriedad hosca. Al inicio y al final del recorrido, destacan los dos óleos magníficos, en particular En el tren: Norte de Francia (1938), en el que el movimiento es a la vez un estado físico del ferrocarril y una actitud interior, la de quien se mueve hacia lo incógnito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de noviembre de 2005