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Necrológica:

Fernando Bujones, bailarín y director del Ballet de Orlando

Ha muerto anteayer en Miami el bailarín cubano-norteamericano Fernando Bujones, una de las más sólidas e importantes figuras masculinas del ballet de la segunda mitad del siglo XX y al que la más solvente crítica internacional le ponía en una terna compuesta por Rudolf Nureyev, Mijaíl Baryshnikov y él. Padecía un cáncer del tipo melanoma, y estaba bajo tratamiento desde hacía meses. Había nacido en Miami de padres cubanos de ascendencia gallega el 9 de marzo de 1955 y muy pequeño viajó con su familia a La Habana, donde tomó sus primeras clases de ballet (era el sobrino predilecto de la popular actriz cubana de cine y televisión Minín Bujones), aunque sus estudios regulares de danza los hizo en la Julliard School de Nueva York y con Zeida Cecilia Méndez, a quien reconocía como su principal maestra. Sus primeras actuaciones profesionales fueron, en 1970, en la compañía de André Eglevski y, en 1972, ingresa en el cuerpo de baile del American Ballet Theatre; en 1973 es promovido a solista, y en 1974, a bailarín principal. Ese mismo año concursa en el certamen de Varna (Bulgaria), donde con sólo 19 años gana la medalla de oro con sus virtuosas y excepcionalmente limpias interpretaciones de Corsario y Bayadera. En 1977, comienza a conquistar al público anglosajón con sus visitas al Festival de Edimburgo y a Londres; en 1978, baila en la Ópera de Viena, en 1979, en Stuttgart, y, por fin, en 1980, se le abren las puertas y los telones de la Ópera de París, lo que le significó una segunda y definitiva consagración.

En 1974, cuando Mijaíl Baryshnikov accede a la dirección del American Ballet, comienza una agria polémica entre ellos que duró varios años. Entonces, Bujones dijo su célebre frase que apareció en la primera página de los diarios: "Baryshnikov tiene la publicidad, pero Bujones tiene el talento". Otra vez declaró: "Soy un bailarín americano con sensibilidad latina"; le decían "el Nijinski caribeño". Era cierto. A su técnica impecable unía un calor especial y contagioso, un sentido equilibrado del ritmo que le volvía cercano, efervescente y siempre sumido en la musicalidad. En 1984, en este mismo diario, Pilar Sierra le describía así: "Ritmo, expresión, inteligencia, sensibilidad, perfección física, todo ello puesto al servicio de una maravillosa técnica". Su aparición el 14 de enero de 1990 en la gala de los 50 años del ABT en el Metropolitan neoyorquino fue clamorosa. En 1987, el danés Peter Schauffuss le invitó a su serie televisiva Bailarín.

La relación de Fernando Bujones con España siempre fue intensa. Primero bailó en 1984 invitado por María de Ávila, con el debú del Ballet Nacional Clásico y lo hizo con su pareja habitual en ABT, Cinthya Gregory. También lo hizo con una jovencísima Trinidad Sevillano, con quien repitió en 1991 haciendo Giselle con el Ballet de Boston en el Conde Duque de Madrid. En 1993, vuelve y da unas lecciones magistrales y luego funda en Madrid el Ballet Clásico Mediterráneo. En 1996, baila en el teatro Albéniz las Danzas griegas que Béjart creara para él, y ese mismo año estrena una versión de Cascanueces.

Finalmente, en 1998, en el Festival Internacional de Ballet de Miami, da clases magistrales con Arantxa Argüelles (con quien también antes había compartido escenario) y recibe un homenaje como el más importante bailarín cubano-norteamericano de todos los tiempos. Allí anuncia su retirada y baila por última vez una creación de Pedro Pablo Peña: It inspired me!, sobre música de Gershwin, su compositor favorito. Bujones dedicó más de 35 años a la danza, la coreografía y la docencia. Tras su etapa en ABT, en 1987 fue primer bailarín del Ballet de Boston, y de 1995 a 1998, director del Ballet de Monterrey (México). Entre sus parejas escénicas estuvieron Carla Fracci y Natalia Makarova. Su lista de premios y reconocimientos es enorme y abarca el de The New York Times y el de Dance Magazine.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de noviembre de 2005