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CARTAS AL DIRECTOR

Curso cero en la Universidad

Universidad Politécnica de Madrid

El artículo del pasado día 10 titulado Puesta a punto antes de la carrera debería producir alarma social en los ciudadanos y preocupación en las instituciones educativas. Resulta que los alumnos que obtienen notas medias por encima de 8 puntos pasan a la Universidad desorientados y con lagunas. Pero, entonces, ¿por qué tienen ex-

celentes notas? La respuesta la tenemos en que el sistema educativo español (me refiero a la secundaria y bachillerato) engaña a la sociedad, especialmente a padres y alumnos.

En dicho sistema educativo, y durante la última década, se han producido recortes en materias científicas. Se proporciona a los alumnos materias optativas para evitar las ciencias por completo. Somos el único país de la zona euro que en el primer curso de bachillerato científico aún no aparecen las materias de física y química como asignaturas independientes. No hay laboratorios. Esto, unido a otras causas, provoca que "España se sitúe en cabeza de la OCDE en el índice de fracaso en el bachillerato", citando casi textualmente una noticia de primera página en su periódico el 14 de septiembre.

Éste es el engaño: la alta calificación final del alumno no representa los escasísimos conocimientos del mismo en materia científica y técnica. El gran retraso de nuestros alumnos de nuevo ingreso en la Universidad, con calificaciones cada vez más altas, se constata año tras año, y evidentemente no se soluciona con cursos cero, de dos o tres semanas de duración. Es por esto que muchos profesores de Universidad entendemos que el efecto final de estos cursos es el de contribuir a perpetuar el gran desastre educativo de la enseñanza secundaria en España. Respetando la labor, buena intención y dedicación de los profesores que apuestan por los cursos cero en la Universidad, creo que la Universidad no debe ni puede solucionar un grave problema social producido durante los años preuniversitarios de nuestros estudiantes. El deber de la Universidad es cooperar y exigir a las autoridades educativas en la búsqueda de modelos educativos, tal vez inspirándose en los países situados al norte de los Pirineos, para que nuestros alumnos terminen el bachillerato con niveles de madurez adecuados a lo que nuestra sociedad se merece y necesita. Hemos de pensar que en la Universidad debemos formar ingenieros y licenciados del máximo nivel, y, por tanto, los alumnos de nuevo ingreso, lejos de necesitar curso cero alguno, han de tener una formación acorde con sus calificaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de octubre de 2005