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Reportaje:

Lanzarote, la isla que lo tiene todo

Timanfaya, la playa de Famara, los Jameos del Agua y otras visitas imprescindibles

Garbanzas con 'jalufa' en la Cantina de Yaiza. Y un plato de cherne en la terraza de La Nasa, al borde del Atlántico en Arrieta. Pistas secretas en la tierra donde César Manrique logró su obra total.

Lanzarote reúne playas gloriosas, buen tiempo, pueblos con sabor, un parque nacional y un paisaje únicos. Por si fuera poco, en 1993 fue declarada reserva mundial de la biosfera por la Unesco. Pero si Lanzarote ocupa plaza de clásico en el circuito del turismo moderno es porque lo tiene todo y más. Este más se llama César Manrique. Partiendo de una materia prima excelente -una isla casi virgen para el turismo-, Manrique creó en Lanzarote su obra de arte total, una obra territorial que trasciende los límites del escenario y del museo. Sus intervenciones -por ejemplo, el hecho de que estén prohibidas las vallas publicitarias- se guiaron por el principio del desarrollo sostenible, y permitieron conjugar el respeto a los bienes naturales con su explotación.

Trescientos años después de la primera erupción, los líquenes apenas verdean sobre este mar de piedras. Todo sigue igual en Timanfaya

Las obras de Manrique en la isla, siguiendo el principio de la integración de arquitectura y paisaje, llaman al hedonismo más bestial, a comulgar con la naturaleza y celebrarla

Este diseñador industrial del turismo, arquitecto y decorador exquisito, suplió con imaginación las limitaciones de un terreno paupérrimo y creó la isla tal y como la conocemos hoy. Nadie se extrañará de que los lanzaroteños o conejeros, así llamados porque durante mucho tiempo se dedicaron al comercio de pieles de conejo, tengan con César Manrique la relación ambigua que se da entre todo creador y sus criaturas. Pero vayamos por partes.

En el origen de Lanzarote está Lancelotto Malocello, un marino genovés que llegó a la isla en 1339 y pasó en ella 20 años hasta que sus habitantes, los mahos, que la llamaban Titerroygata, es decir, "las montañas rojas", lo expulsaron. No sabemos por qué lo echaron, pero sí que le sucedió lo mismo que al florentino Americo Vespuccio. Si éste dio nombre al continente descubierto por Colón, Lancelotto Malocello se lo dio a Lanzarote. Allá donde llega, Italia bautiza.

Veinte años antes de que Lancelotto pusiera los pies en la isla, Dante terminaba su Divina Comedia, en la que propuso un final diferente a las aventuras de Ulises: en lugar de volver a Ítaca, su isla, cruzó el estrecho de Gibraltar y prosiguió viaje hacia el sur (dirección Canarias) hasta "una montaña oscura por la distancia...". "Nos alegramos, mas se volvió llanto: pues de la nueva tierra un torbellino nació, y le golpeó la proa al leño. Le hizo girar tres veces en las aguas; a la cuarta la popa alzó a lo alto, bajó la proa hasta que el mar cerró sobre nosotros" (Infierno XXVI).

Como el Ulises de Dante, los viajeros que vienen desde la península Ibérica llegan a Lanzarote por el norte. Si es de día y el cielo está despejado, lo primero que verán por la ventanilla del avión será el archipiélago Chinijo, formado por Alegranza, Graciosa -la única habitada-, Montaña Clara y los dos Roques: el del Este y el del Oeste. Después aparece, montañosa y oscura, Lanzarote.

1 Timanfaya

Lo más habitual para visitar el parque nacional de Timanfaya es conducir hasta el centro de visitantes, en lo alto de la Montaña del Chinero (obra de César Manrique; desde aquí se contempla casi todo el parque), y hacer la ruta guiada en uno de los autobuses. Durante este recorrido se escucha una grabación somera y dramática que da cuenta de las erupciones volcánicas que devastaron la isla entre 1730 y 1736. Aquí oirán las famosas palabras que inician la crónica del párroco de Yaiza: "Esta isla la destruyó un furioso volcán que reventó el día viernes primero de septiembre de mil setecientos treinta a las diez de la noche, en la Aldea de Chimanfaya". El autobús se interna por las Montañas del Fuego hasta Montaña Rajada, y desde allí rodea el islote de Hilario, dejando a la derecha la Caldera del Corazoncillo, las Montañas de Rodeos y de Señalo, el Pico Partido y, más allá, la Caldera de la Rilla. Estos volcanes dominan el paisaje inhóspito y desolador, hecho de piedras como cuchillos, que forma el bien llamado malpaís.

2 Yaiza y Tremesana

Otra alternativa para visitar Timanfaya es la de apuntarse a la ruta guiada de Tremesana. Este paseo a pie por el interior del parque exige más empeño, ya que, dada la fragilidad y el valor ecológico del terreno que se atraviesa, el número de plazas está muy limitado, y para hacer una reserva hay que llamar al menos con un mes de antelación y confirmar de nuevo una semana antes de la caminata. El recorrido dura dos horas y se recorren tres kilómetros y medio, es decir, que se avanza a un ritmo muy tranquilo. Al caminante de buen comer tal vez le anime un desayuno previo de garbanzas con jalufa (cerdo) en el bar la Cantina, frente a la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, en Yaiza.

Durante la ruta de Tremesana los guías van explicando conceptos y mostrando ejemplos de vulcanología básica: magma, lava, tubos volcánicos y piroclastos, de Pahoe-hoe, erupciones fisurales y estrombolianas. Aquí se aprende que lo que hace de este desierto de aristas un lugar único es la lentitud con que avanza la colonización vegetal, consecuencia de la carencia de agua. Trescientos años después de la primera erupción, los líquenes apenas verdean sobre este mar de piedras. Todo sigue igual en Timanfaya. La visita al parque nacional deja al turista con sed de verde, y para saciarla nada mejor que el inmenso ficus de Casa Santiago. Desde la terraza del restaurante, a la sombra de este árbol portentoso, se contemplan Yaiza, Timanfaya y, al fondo, el mar; se puede bendecir mil veces a quien lo plantó.

3 Famara

Para disfrutar de la playa de Famara, la más extensa de Lanzarote, con seis kilómetros de cabo a rabo, conviene elegir un día que no soplen los alisios y, a ser posible, cuando la marea esté baja. En estas condiciones, el paseo bajo los riscos de más de 600 metros de altura, y con las islas de la Graciosa, Montaña Clara y hasta Alegranza -si hay visibilidad- al fondo, equivale a un curso de yoga o varias sesiones de psicoterapia. Famara sobrecoge. Es lo sublime matemático hechizante por sus dimensiones y su guapura, y, sin embargo, tanta belleza esconde algo de ponzoña. Aquí casi siempre bate un oleaje fuerte, las corrientes son impredecibles y abundan las pozas bajo unas aguas aparentemente inofensivas. El baño es una delicia, siempre que se respete al mar.

4 Teguise

Famara se encuentra en el término municipal de Teguise o la Villa, como la llaman los isleños, que se fundó en 1415 sobre un asentamiento de los mahos llamado Acatife. La Villa, como los demás municipios lanzaroteños menos Arrecife, se estableció tierra adentro para protegerse de las incursiones piratas. En la de 1618 arrasaron casas, quemaron tierras y se llevaron cautivos a novecientos vecinos. Teguise es el conjunto urbano más homogéneo y el de mayor valor histórico de la isla, además de una de las poblaciones más hermosas de Canarias. La belleza antigua de los conventos de San Francisco y Santo Domingo, de las casonas señoriales y de los empedrados de calles y plazas, acentúa cierto aire de jubilación que los turistas alemanes no contribuyen a disipar, pese al bullicio y la animación del pintoresco mercadillo que se monta los domingos por la mañana.

5 Arrecife

A mediados del siglo XIX, Arrecife pasó a ocupar la capitalidad de la isla, desbancando a Teguise. Arrecife, marinera y africana, todavía conserva el encanto de las pequeñas ciudades coloniales. Y digo todavía porque en los últimos años han desaparecido muchas de las casas terreras típicas de la isla, de grandes ventanales con postigos y portales umbríos, que se repartían por la ciudad y, sobre todo, flanqueaban la calle Real. A pesar de algunos edificios hipertrofiados de un gusto nada dudoso -hay uno con escaleras mecánicas a la calle-, merece la pena pasear por esta vía peatonal y bulliciosa, y continuar el paseo por todo el trecho que va desde el parque municipal hasta la playa del Reducto.

En lo que los arrecifeños llaman la Avenida, frente al club Náutico, se encuentra los Conejeros, un bar con cocina. "Bar con cocina" significa que no conviene acudir con un apetito apremiante. La paciencia se recompensa con unos churros de pescado (mero rebozado), atún a la plancha y una ensalada de mangos y papayas extraordinarios. Por la noche, Arrecife bulle de animación, sobre todo los fines de semana. Entre los bares favoritos para tomar una copa despunta el Tambo, un clásico de la isla, siempre animado y que, siendo recoleto y acogedor, con mucha frecuencia termina por salirse de sus confines.

6 Macizo de Famara-Guatifay

En contraste con los colores del sur y del centro de la isla, los rojos, calderas y negros de Timanfaya, o los arenas y verdes de Famara, el norte de Lanzarote es, sobre todo, pardo. A Órzola, la población más septentrional de la isla, se llega por la carretera de Tahiche, en donde se encuentra la espectacular sede de la Fundación César Manrique. Pasado el solitario volcán de Tinamala comienzan las estribaciones del macizo de Famara-Guatifay. En sus laderas todavía se distinguen los antiguos aterrazamientos, antaño auténticos huertos colgantes donde se cultivaban higos chumbos, papas y cebollas, y hoy, perdida la nitidez de sus muros por la erosión y el abandono del campo, olas de tierra que parecen bajar al mar.

7 Arrieta

Lo primero que se ve de Arrieta es la Garita, una playa tranquila, de arena dorada, ambiente familiar y con un chiringuito muy agradable, donde el baño resulta cómodo y bastante seguro. Arrieta ha sido tradicionalmente un pueblo de pescadores, de ahí la cantidad de restaurantes que sirven un pescado fuera de serie. Sentarse a comer en la terraza de La Nasa, al borde mismo de las rocas que rozan la marea, es un privilegio para los que aprecian la cercanía del mar y gozan oteando un Atlántico refrescante y limpio. La ensalada de tomate con bacalao abre el apetito para la vieja, el bocinegro, el cherne o la cabrilla, todos frescos. Y de postre no se pierdan el bienmesabe (miel, almendras y bizcocho), que no tiene parangón.

8 Jameos del Agua

De Arrieta a Órzola hay que seguir la carretera que bordea la costa, atravesando el malpaís del volcán de la Corona, para llegar a los Jameos del Agua, una de las intervenciones más fascinantes de Manrique. Jameos son las secciones de un tubo volcánico que quedan al aire por derrumbamiento del techo. En los del Agua, el artista escogió el tubo entre dos jameos muy próximos al mar, con una laguna de agua marina en la que habita un pequeño cangrejo albino, endémico del lugar, para hacer la discoteca "más bella del mundo". Tenía razón, porque ese espacio invita a bailar a cualquiera. De hecho, sus obras en la isla, siguiendo el principio de la integración de arquitectura y paisaje, llaman al hedonismo más bestial, a comulgar con la naturaleza y a cumplir con el deber de celebrarla. Tal vez por ello en todas sus obras aparece la pista de baile.

9 Órzola y La Graciosa

Órzola es el último pueblo de la isla. Antes de entrar, a mano izquierda al pasar las primeras casas, está la pista de tierra por la que se llega a la playa de la Cantería. A esta playa perdida vienen sobre todo surferos a coger olas, porque el alisio da de frente y si sopla con ímpetu, cosa frecuente, se hace desapacible. Pero para un buen baño tonificante, el agua fresca y las arenas blancas de la Cantería, al pie de las últimas estribaciones del macizo de Guatifay y con la Graciosa al fondo, son difíciles de igualar. Precisamente de Órzola sale el ferry que lleva a esta isla, una travesía que salva la punta Fariones para adentrarse en el Río, que así se llama el canal que separa las dos islas, y recalar en el puerto de Caleta del Sebo. De regreso a Lanzarote, desde el mar, el viajero tendrá la misma perspectiva que Ulises cuando vio la "montaña oscura", antes de sucumbir al torbellino que nació de la tierra, hundió su nave para siempre y lo dejó descansar en aguas conejeras.

- Fernando Castanedo es autor de la novela Triunfo y muerte del general Castillo (Pre-textos, 1999).

GUÍA PRÁCTICA

Cómo ir- Iberia (www.iberia.com; 902 400 500). Vuela a Lanzarote desde Madrid, desde 45 euros más tasas por trayecto.- Spanair(www.spanair.es; 902 13 14 15). Tiene ofertas desde 49 euros, más tasas, por trayecto entre puntos de la Península y Canarias.- Air Europa (www.air-europa.com; 902 401 501). Hasta el 31 de octubre, tiene ofertas saliendo de Madrid, desde 287 ida y vuelta, más tasas.- Halcón Viajes (807 227 222; www.halconviajes.com) ofrece en su web paquetes de vuelo desde Madrid, y dos noches (ampliables a cinco o siete) en un hotel de cuatro estrellas, a partir de 196 euros por persona. Salidas hasta el 24 de octubre.- Iberojet (www.iberojet.es, y en agencias) ofrece vuelos desde Madrid, más siete noches en un hotel de cuatro estrellas con media pensión, desde 435 euros. Salidas hasta el 31 de octubre.- Marsans (www.marsans.es; 902 30 60 90). En noviembre, vuelos más siete noches en un hotel de cuatro estrellas, desde 514 euros por persona.Comer- La Bodega de Santiago (928 83 62 04). García Escámez, 23. Los Rostros. Yaiza. Entre 20 y 30 euros.- Los Conejeros (928 81 71 95). Doctor Rafael González Negrín, 9. Arrecife. Abierto de lunes a sábados, a partir de las 19.00 horas. Precio medio, alrededor de 20 euros.- La Nasa (928 84 83 27). Calle de la Garita, 62. Arrieta. Entre 20 y 30 euros.- Bar Tambo. Luis Morote, 24. Arrecife.Información- www.cabildo.com/cact.- Parque nacional de Timanfaya (www.mma.es/parques/lared/timan. Para la visita a Timanfaya por la ruta de Tremesana, llamar al 928 84 08 39).- www.turismolanzarote.com.- www.cabildodelanzarote.co.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de octubre de 2005

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