El séquito de Luxemburgo
El técnico brasileño del Madrid, al que más poder ha otorgado Florentino Pérez, tiene como ayudantes a cuatro compatriotas

Desde la disolución de la Quinta del Buitre, el vestuario del Madrid se ha dividido en grupos. En la actualidad, este fenómeno adquiere nuevas dimensiones: por primera vez, el grupo dominante no integra a ningún español en sus filas. Son todos brasileños. Ronaldo, por su amistad con el presidente, Florentino Pérez, se ha convertido en la figura con más poder de convocatoria entre sus paisanos. Le sigue Roberto Carlos, amigo personal de Vanderlei Luxemburgo, el técnico y el mejor respaldo que se puede tener en el Madrid sin contar a Pérez.
Tiene un aire a Isaac Hayes, pero se ha curtido entre los morros de Río de Janeiro. Vanderlei Luxemburgo da Silva (Nueva Iguazú, 1955) es el técnico con más poder dentro del Madrid desde que Pérez está en el cargo. Hasta que llegó, en diciembre de 2004, ningún entrenador había intervenido en el fichaje de más jugadores -Robinho, Cicinho, Baptista...- y ninguno ha contado con un equipo de colaboradores más extenso. Además de David Espinar, un jefe de prensa que se ocupa de las relaciones públicas de todos los brasileños, comenzando por él, Luxemburgo cuenta con cuatro personas de su confianza. Su intención es cambiar la estructura deportiva del Madrid.
"Una buena preparación física no es para correr siempre, sino para jugar suelto, sin esfuerzo"
Ni siquiera en las concentraciones el club controla de cerca lo que ingieren los jugadores
- Antonio Melo (55 años), preparador físico. Brasil rinde culto al fútbol lo mismo que al cuerpo. En ese ámbito, Melo ha creado escuela por oposición a Moraci Santanna, el preparador de la selección. Dicen en su país que apadrina la vertiente más científica de su gremio y es conocido por renegar del uso sistemático del hielo que hace Santanna para recuperar los músculos. Cuando le conocieron, los empleados del Madrid pensaron que era el chófer de Luxemburgo. En realidad, para Luxemburgo, Melo es mucho más que un sherpa. Es su confidente.
Melo y Luxemburgo se conocen desde que el técnico dirigía al Campo Grande, un equipo de la Tercera División de Río, en 1982. Fue el primer banquillo que ocupó Luxemburgo tras abandonar el desguace de coches que regentaba junto al cementerio de Tinguá, en la barriada de Baixa de Fluminense, en Río. Desde entonces, Melo fue testigo de la extraña evolución de su amigo, que en el sofocante campeonato brasileño, en el que los entrenadores van en chándal, camiseta y zapatillas, decidió distinguirse. Hizo del terno con corbata y zapatos de baile su uniforme hasta en los días de bochorno tropical. Su insistencia le valió el apodo de Vandeco, síntesis carioca de Vanderlei y coqueto.
"La preparación física tiene que adaptarse al fútbol", dice Melo; "una buena preparación física no es la que te permite correr todo el partido como un robot. Una buena preparación es la que te hace jugar suelto, hacer sin esfuerzo los gestos propios del juego -reproduce con mímica la maniobra de tirar un caño a su interlocutor, el control, y la carrera robótica-. Para esto hacemos mucho entrenamiento en arena y mucha pelada".
La arena es uno de los puntales de la filosofía del entrenador. Para los entrenamientos en arena, los técnicos han hecho instalar una caja de unos 70 metros de perímetro en la que los futbolistas ejercitan la potencia sin balón y previenen lesiones en tendones y ligamentos. El resto de la preparación física se hace con balón. Aquí entra en juego la pelada, desnuda en portugués, que equivale a la pachanga española sin restricciones. "Valen todos los toques que quieras", dice Melo, "porque así se estimula la creatividad". Melo es partidario de hacer la preparación física con balón.
- Marco Teixeira (45), segundo entrenador. Apodado Marquinho, Marco es hijo de Marco Antonio Teixeira, secretario técnico de la Confederación Brasileña de Fútbol, y sobrino de Ricardo Teixeira, su presidente. Los empleados del Madrid no dudan en señalar a Marco como el hombre más preparado del equipo de Luxemburgo.
Teixeira exhibe un currículo multidisciplinar. Pero nunca fue futbolista. Practicó el balonmano y su primer trabajo como entrenador consistió en preparar a un ciclista de bicicleta de montaña que, a la postre, fue campeón de Brasil. Durante años, trabajó como preparador físico de la selección femenina de voleibol. Acudió a los Juegos de Atlanta 96 como responsable de la preparación física de la selección de fútbol y participó en tres Mundiales como preparador físico de la absoluta: Italia 90, Estados Unidos 94 y Francia 98. Después del Mundial de 1998 entró en el área técnica del Cruzeiro, al que hizo campeón, junto con Luxemburgo, en 2003.
En el Madrid, Teixeira es el responsable de elaborar los informes técnicos de todos los rivales. Colabora con Real Madrid Televisión en la producción y edición de los vídeos para analizar el juego del equipo y sus adversarios. Además, participa en un proyecto para editar imágenes simultáneamente durante los partidos mediante un programa informático que permitiría apoyar a Luxemburgo en sus charlas a los jugadores, durante los descansos, con imágenes de jugadas recientes.
En Brasil sostienen que fue el hombre que posibilitó la contratación de Luxemburgo como entrenador del Cruzeiro, en 2002. También piensan que, con él entre sus ayudantes, el técnico conserva una conexión que no quiere perder: la puerta abierta de la CBF para completar su sueño más ambicioso. Luxemburgo acaricia la idea de acudir a un Mundial y reparar con una Copa del Mundo el agravio más grande de su vida: su fracaso al frente de la selección entre 1998 y 1999.
- Paulo Campos (59), ayudante de campo. Es un hombre viajado. En 1981 entrenó al Calabar Rovers, de Nigeria; en 1986 dirigió a Liberia; en 1987, al Al Ohod, de Arabia Saudí; en 1988, a la selección juvenil de Ghana; en 1990, a los juveniles de Kuwait; en 1991, al Al Sahab, de Arabia Saudí; en 1992, a Kuwait; en 1993, al Al Alhi, de Emiratos Árabes Unidos (EAU); en 1995, al Al Itihad, de Arabia Saudí; en 1996, al Al Naser, de EAU; en 1998, otra vez al Al Itihad; en 1999, al Al Wasl, de EAU; en 1999, al Botafogo; en 2000, al Al Sahab de nuevo; en 2001, al Al Rayan, de Qatar; en 2004, al Iratí; en 2004, al Paraná, y en 2005, al Paysandú. Lo echaron del Paysandú a las cuatro jornadas. Nilton Neves, conocido periodista brasileño, le preguntó qué partido lo marcó más en su vida. Respondió: "Al Sahab, 1; Al Naser, 0". Recibió la llamada de Luxemburgo cuando estaba en el paro.
Luxemburgo justificó la contratación de Campos en la necesidad de contar con un colaborador de su confianza para trabajar de forma individualizada con los jugadores. Cuando llegó, sólo fue presentado a algunos de los brasileños. Durante días, los restantes miembros de la plantilla y otros empleados del club se sorprendieron al descubrir en el vestuario a este hombre simpático y campechano a quien nunca habían visto con anterioridad. Como Melo y Teixeira, Campos está a disposición de Luxemburgo, que ejerce de líder preponderante. Con el fin de que nada se escape a su control, prefiere planificar en la intimidad. Sólo él sabe los detalles de cada jornada de trabajo. Esto conduce a numerosas sorpresas. "Hoy sólo trabajaremos con balón", anunció uno de los ayudantes en una reunión técnica antes de un entrenamiento hace un mes. Los jugadores salieron al campo pensando en la pelota. Pero Luxemburgo los llamó y gritó: "¡A ver! ¡Todos, a formar parejas! ¡Haremos carrera continua por parejas!".
- Emerson Silami García (55), médico. Miembro del equipo médico del Cruzeiro. Doctorado en Fisiología del Esfuerzo por la universidad de Florida. Fue contratado por Luxemburgo el pasado julio para realizar pruebas durante la pretemporada. Silami aprovechó la concentración de Irdring (Austria) para medir el ácido láctico de los jugadores. Esta sustancia es un índice del umbral anaeróbico. Sirve para determinar la intensidad máxima a la que conviene realizar los entrenamientos.
El Madrid dispone de un cuerpo médico que incluye tres fisiólogos. Desde hace seis años, estos especialistas han medido el ácido láctico en el primer equipo y en el Castilla y cuentan con una base de datos acorde a los futbolistas del club. Sin embargo, Luxemburgo no se fía. Por eso contrató a Silami. Al llegar a la pretemporada, en Austria, el médico brasileño advirtió con sorpresa que, a diferencia de lo que le habían contado, el Madrid no era un club virgen en el ámbito de la fisiología del esfuerzo. Así, hizo su trabajo un poco desconcertado. Regresó a Brasil tras haber conocido los Alpes.
- Patricia Teixeira (30), nutricionista. Prima de Marquinho y sobrina del presidente de la CBF. Hace una mañana sofocante al pie de la sierra de Guadarrama, en Las Rozas. La sigilosa dietista del Madrid se encuentra esperando a Luxemburgo fuera del vestuario para intercambiar impresiones. Casillas, que está concentrado con la selección española, pasa a su lado y siente una repentina necesidad de reportarse. Se levanta la camiseta y muestra el abdomen magro: "¡Mira, Patricia! ¡Cero michelines!".
Dice Luxemburgo que lo más importante en un club de fútbol es "el trabajo de retaguardia". Ahí sitúa el técnico a Marquinho, Campos, Melo y Patricia. De la vanguardia se ocupa él personalmente. Como dice Patricia: "Luxa es un hombre de visión futurista".
Graduada en Nutrición Deportiva por la universidad de París y con experiencia en el Cruzeiro y la selección de Brasil, la dietista se ocupa de un trabajo que antes hacía el propio cuerpo médico del club. Los médicos del Madrid, en coordinación con el Consejo Superior de Deportes y la Universidad Complutense, han publicado estudios científicos realizados con jugadores del club para determinar la dieta ideal. Uno de estos estudios fue publicado en Estados Unidos por el Colegio Americano de Medicina Deportiva, en 2003.
Luxemburgo prefiere contar con gente de su confianza. Ahí entra en juego Patricia Teixeira, cuyas recomendaciones y "cartas a las madres de los jugadores" han tardado en calar en una plantilla veterana, acostumbrada a autorregularse o escuchar a los médicos. Las nuevas dietas se inspiran en criterios científicamente probados, con una excepción: la consideración del grupo sanguíneo como factor de sensibilidad a ciertos alimentos.
A principios del decenio de los 80, el estadounidense Peter d'Adamo consideró que el grupo 0, por ser el primero en aparecer en la cadena evolutiva humana, correspondía a los primeros pobladores del planeta, básicamente cazadores nómadas y, por tanto, carnívoros. "Los individuos del grupo 0", dijo D'Adamo, "no toleran en absoluto el trigo integral". Los grupos más modernos, el A y el B, por ser más civilizados, se inclinan por los vegetales. Esta hipótesis, seguida por Patricia Teixeira, nunca fue probada científicamente. En cualquier caso, sea heredero de los cazadores o de los agricultores sedentarios, Ronaldo sigue haciendo de la carne de vaca -del solomillo a la casquería- la base de su dieta.
Ni siquiera en las concentraciones antes de los partidos el club controla de cerca lo que ingieren los futbolistas. Al contrario de lo que ocurrió con José Antonio Camacho, los jugadores brasileños no han tenido nada que objetar al régimen de concentración que ha impuesto Luxemburgo antes de los partidos. En el hotel Mirasierra Suites, la tabla de horarios está escrita sólo en la cabeza del técnico. Cada uno come cuando y donde quiere. El control de la dieta es individual y depende del buen saber y entender de cada jugador. La dietista acude de vez en cuando, pero no ejerce de policía de platos. Tampoco hay restricciones horarias formales para la vida social.

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