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Crítica:BIENAL DE VENECIA

Luis de Pablo estrena su quinta ópera

Y van cinco. El compositor Luis de Pablo (Bilbao, 1930) estrenó ayer en el Piccolo Arsenale de Venecia su quinta ópera, la segunda dentro del contexto del Festival Internacional de Música Contemporánea de la Bienal, 12 años después de La madre invita a comer en el teatro Goldoni. Las dos tienen formato de cámara, aunque Un parque se pensó originalmente para grandes dimensiones instrumentales, a sugerencia de un encargo de Lissner para el Teatro Real. Los cambios dejan en el camino muchos proyectos y éste fue uno de ellos. Afortunadamente Giorgio Batisttelli, director musical de la Bienal, cogió el guante y recuperó la ópera para Venecia.

Además, le va bien el formato en dimensiones reducidas. Un parque se basa en un drama de Yukio Mishima, inspirado a su vez en una pieza de teatro nôh del siglo XIV. Los rituales japoneses requieren recogimiento, como ya se vio el año pasado en la ópera de Hozokawa que coprodujeron Bruselas y Aix, inspirado también en una pieza teatral releída por Mishima.

Un parque

De Luis de Pablo. Fragmento de Orfeo, de Jesús Rueda. Con Luis Calero, Pilar Jurado, Antoni Comas. Orquesta y Coros de la Comunidad de Madrid. Director musical: Beat Furrer. Director de escena: Ignacio García. Piccolo Arsenale, Venecia, 2 de octubre.

De Pablo se siente muy cómodo en este tipo de historias a medio camino entre el misterio, las fuerzas ocultas, la fantasía y la realidad vista como en un espejo. Despliega su fabulosa paleta orquestal con una riqueza propia de la madurez y el magisterio del oficio. Cuida el equilibrio entre declamación y voces cantadas, para que el español se manifieste con personalidad. Contó con una dirección musical ejemplar de Beat Furrer, al frente de la orquesta y coros de la Comunidad de Madrid, y con una dirección teatral sobria y poética -un banco de madera, un manto de hojas otoñales en el suelo, la nieve que cae, como elementos escenográficos- de Ignacio García, un magnífico director de actores que se adapta con sensibilidad a cada situación, sea una ópera de niños, una zarzuela o un estreno mundial.

Estuvieron colosales los cantantes, empezando por el tenor Antoni Comas y continuando por la soprano Pilar Jurado y el contratenor Luis Calero. Se habían lucido ya sobradamente en un fragmento de Orfeo, de Jesús Rueda, ofrecido como aperitivo. Gran música, desde luego, con imaginación, técnica pulida y capacidad de sugerencia. Su autor y sus promotores deben estar seguros de que esta ópera va a ser un éxito cuando se estrene completa en 2007. Autoestima no les falta.

Un par de horas antes la Bienal de Venecia recordó el emblemático teatro musical de los setenta con una escenificación de Mare Nostrum, de Mauricio Kagel, con dirección escénica y escenografía del propio compositor, que también asistió al espectáculo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de octubre de 2005