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Reportaje:MÚSICA

La 'clásica' que cruza géneros

La XXI edición del festival de Alicante ofrece un repaso a la creación musical contemporánea en el que no faltan ni los estrenos, ni las grandes orquestas y solistas, ni la presencia de los clásicos de nuestro tiempo. Una semana de inmersión en lo actual que trata de mostrar el valor y la variedad de las nuevas propuestas.

Es una cita imprescindible, un repaso y una propuesta, un escaparate y hasta la diagnosis de un estado de ánimo: el de la música española. El festival de Alicante lleva veintiún años en ello y todavía es capaz de dar sorpresas. Tampoco es de extrañar cuando la gestión de su organizador, el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC), corre a cargo de alguien tan capaz y tan generoso como su director, Jorge Fernández Guerra, que lo es también del evento. No siempre pasa y por eso hay que decirlo. Curiosamente, el festival comenzará el miércoles 21 con un concierto que rompe esa dedicación exclusiva a lo contemporáneo, aunque se sume a una cierta tendencia crossover que también llega a la música llamada clásica -siempre el problema de los nombres-. Pilar Jurado presentará su PJ Project -toda la responsabilidad para la artista- con un programa que mezcla a Jobim y Vinícius de Moraes con Rachmáninov y a Guridi con Marcos Nobre bajo la mirada, no se sabe si circunspecta, de Händel. Y es que la Jurado es muy suya. Pero al día siguiente las aguas vuelven a las exigencias del guión y en la antigua lonja de pescado -un espacio nuevo en el festival- se estrenará Call me Yesterday, la obra con la que la alemana Antje Vowinckel, experta en el género radiofónico, ganó el Concurso de Creación organizado por Radio Clásica y el CDMC. La radio es también el pretexto y el destino de otro estreno, esta vez de Alfonso García de la Torre, que se desarrollará en el mismo escenario.

El jueves 22 la Joven Orquesta Nacional de España, dirigida por Gloria Isabel Ramos, ofrece un programa ecléctico y lleno de interés por varias razones. La primera porque revisa una obra del alicantino Óscar Esplá, un compositor que corre cada vez más el riesgo de desaparecer de las programaciones españolas: Don Quijote velando las armas. Pero, además, porque se cierra con un clásico del siglo XX y me parece que ya de todos los siglos: Rituel (In memoriam Bruno Maderna), de Pierre Boulez. Y, tres, porque se dará en estreno la última obra de Roberto López: Genoma. El viernes 23 llega otro plato fuerte con la actuación del Grupo Amores, cuatro percusionistas sensacionales que se doblan esta vez de actores para colaborar con el acróbata Salvador Bolta en un espectáculo que bajo el título de Drumcuts (Concierto para percusión, maderas y saltimbanqui) reúne obras de ese genio juguetón que es Mauricio Kagel del, quiérase o no, histórico Steve Reich, del belga Thierry de Mey -amante por igual de Jimi Hendrix y Paul Valery-, del teórico-práctico Mark Ford y de Pau Ballester, miembro del grupo y del que se conocen igualmente sus incursiones en la música antigua.

En una línea parecida en

cuanto a lo interdisciplinario de la propuesta, aparece, el 24, Música en los límites, una instalación sonora de José Antonio Ors con base en Galileo del americano Tom Johnson, un minimalista más allá de las apariencias. El mismo día, Esther Ferrer -ZAJ histórica- ofrecerá una performance y se cerrará la jornada con un Orlando furioso para cuarteto de esculturas, tambor y soprano con música de Michael Gross. El 28 se dejará caer por la ciudad un estupendo grupo nuestro, el Spanish Brass Luur Metals -vestidos por Francis Montesinos-, para ofrecer un programa dedicado a cuatro estrenos con obras de Agustí Fernández -también un magnífico pianista de jazz-, la organista e investigadora Alicia Díaz de la Fuente, el ya consagrado José Luis Turina y Juan José Colomer. El 29 otros cuatro estrenos, esta vez de la mano del grupo TaiMAgranada que dirige el también clarinetista José Luis Estellés: Memorias de la noche, del siempre inquieto Tomás Garrido; Gánosis, de Juan Cruz Guevara -autor del himno de los Juegos Mediterráneos de Almería-; El libro de la almohada, de Mercedes Zavala - especialista en mujeres compositoras-, y Kammermusik, de Francisco Lara, todavía fresco el estreno esta temporada de su Concierto para violín y orquesta.

Junto a tantísimo estreno español, el otro punto de atracción del festival de Alicante se concentra en la atención a esos compositores vivos que llevan ya impreso el marchamo de clásicos. El domingo 25 se abre la serie con un programa dedicado al Laboratorium del francés Vinko Globokar, un inclasificable discípulo de Leibowitz y Berio, con el protagonismo del Ensemble Academia de Lucerna dirigido por Matthias Hermann. Al día siguiente, la sesión se centra en cuatro grandes: el secreto Scelsi, el revolucionario Cage, el maître-à-penser Boulez y el siempre a redescubrir Stephan Wolpe.

Como valor añadido, la presencia de un virtuoso de muchísimos quilates: el pianista alemán Steffen Schleiermacher, uno de esos intérpretes que han ligado de tal modo su carrera a la interpretación de sus contemporáneos que parecieran no entenderse estos sin aquella. El martes 27, una formación de altísima clase, el Ensemble Modern, dirigido por Bradley Lubman, se enfrenta a tres obras -una de ellas, Concertini, en estreno absoluto- de uno de los compositores más respetados, originales y hondos de nuestro tiempo: el alemán Helmut Lachenmann. Y para cerrar el festival, el viernes 30, la Orquesta Sinfónica de RTVE, con Arturo Tamayo a su frente, pone en atriles nada menos que Y su sangre ya viene cantando de Luigi Nono y Eclat-Multiples de Pierre Boulez. Entre las dos, La ciutat del angels, de Bernat Vivancos, formado primero en la Escolanía de Montserrat y luego en París con Guy Reibel. Todo apasionante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de septiembre de 2005