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Un avión militar se estrella contra dos casas en Baeza y mata a una mujer y a su bebé

El piloto de la aeronave, que volaba fuera del espacio asignado, fallece en el siniestro

Un avión de prácticas del Ejército del Aire C-101 se estrelló al mediodía de ayer en pleno casco histórico de la localidad jienense de Baeza (15.000 habitantes). En el suceso, que provocó el pánico en muchos vecinos, murieron el piloto, el capitán de las Fuerzas Armadas José Francisco Cabezas Torres, de 33 años, así como una mujer y su hija de nueve meses que estaban en la planta superior del inmueble, donde quedó empotrado el reactor. El ministro de Defensa, José Bono, confirmó que el piloto incumplió las órdenes del Ejército del Aire al volar fuera del espacio asignado para el entrenamiento.

A Cabezas se le abrió, en 1998, un expediente por trasgredir normas de vuelo. En Baeza, el sentir generalizado de los vecinos es que este suceso "se veía venir" y podía haberse evitado. El piloto, natural de esta población -estaba destinado en la base aérea de San Javier (Murcia)-, casado y padre de una niña, solía llamar la atención de sus familiares y paisanos con cierta frecuencia haciendo acrobacias y piruetas sobrevolando el casco urbano del municipio en sus entrenamientos.

El capitán contaba con 1.700 horas de vuelo, pero su afición a sobrevolar a muy baja altura su ciudad natal era algo que tenía sobrecogidos a muchos vecinos. "Venía con cierta frecuencia y una vez estuvo a punto de estrellarse en el paseo del pueblo", explicó Josefa Jódar, una de las vecinas próximas a la calle San Ildefonso, donde se estrelló el avión.

El ministro de Defensa, José Bono, que se trasladó hasta Baeza acompañado del jefe del Ejército del Aire, Francisco José García Vega, corroboró la tesis de los vecinos al confirmar que ya en 1998 se le había abierto un expediente al piloto por "unos hechos similares", en este caso en un vuelo entre Canarias y la Península. "Los ejércitos están para defender a los españoles y no para producirles desgracia y muerte", añadió el titular de Defensa, tras confirmar que el capitán fallecido "estaba fuera del sector que le había sido asignado para el entrenamiento y, por tanto, no cumplía las órdenes del Ejército del Aire".

Además, el anterior alcalde de Baeza, Eusebio Ortega (PSOE), interpuso hace tres años una denuncia ante un estamento militar por el vuelo rasante de un avión que llevó el pánico a la población y que se llevó por delante el toldo de una cafetería en el paseo central del pueblo. "Entendíamos que era un abuso y algo inadmisible y por eso lo denunciamos, pero jamás nos contestaron", confirmó Ortega. En cambio, el actual regidor baezano, Javier Calvente (PP), se desmarcó de las quejas de sus vecinos. "No nos constaba que hubiera vuelos acrobáticos, de ser así lo hubiéramos puesto en conocimiento de las autoridades pertinentes", explicó.

Según varios testigos presenciales, en torno a la una del mediodía se escuchó un ruido estruendoso procedente de un reactor que volaba a muy baja altura el cielo de Baeza. Según algunos vecinos, el avión llegó a sortear la catedral del municipio, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, rozó la Torre de Úbeda y acabó empotrándose sobre el tejado de un inmueble de dos viviendas en las que vivían dos hermanos con sus familias. La fuerte colisión provocó el incendio del edificio que tardó varias horas en ser sofocado.

Los restos del piloto, que intentó, sin éxito, lanzarse en paracaídas según algunos testigos, quedaron esparcidos en un radio de más de 50 metros. En la vivienda más alta se encontraban María Lorenza López Gutiérrez, de 30 años, y su hija A. B., de nueve meses, cuyos restos mortales, totalmente carbonizados, fueron localizados pasadas las ocho de la tarde.

El marido y padre de las fallecidas, así como otros familiares, tuvieron que ser atendidos por equipos de psicólogos desplazados hasta el lugar de los hechos. El consejero de la Presidencia del Gobierno andaluz, Gaspar Zarrías, y el subdelegado del Gobierno central en Jaén, Fernando Calahorro, coordinaron las tareas de rescate de las víctimas.

Una afición arriesgada

La afición del capitán del Ejército del Aire José Francisco Cabezas Torres a volar a muy baja altura era muy conocida no sólo en su pueblo, Baeza, sino en toda la comarca jienense de La Loma, donde incluso se ha acuñado una leyenda, mitad ficción mitad realidad, referida al piloto que con frecuencia provocaba estruendos en los oídos de sus paisanos.

"Cuando me enteré de que se había estrellado una avioneta pensé rápidamente que era el hijo de la Nieves [una conocida peluquera de Baeza]", comentó Josefa Anguís, una vecina de la zona próxima al suceso.

Incluso hubo quien sostenía que el piloto, que no había enviado ninguna señal de emergencia a su base militar, sí que había avisado con anterioridad a su madre y sus familiares para que asistieran a otra de sus exhibiciones aéreas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de septiembre de 2005

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