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Reportaje:ES EL MOMENTO DE... | PROPUESTAS

Juglares en Olite

La villa navarra, que parece un decorado de película apiñada en torno a su castillo de hadas, se transforma durante tres días (los próximos 19, 20 y 21 de agosto) en un animado fresco medieval.

En 1994, y con la excusa del 555º aniversario de las bodas de Carlos, príncipe de Viana, con Agnes de Clèves (1439), celebraron el primer jolgorio. Salió bien, así que decidieron repetir todos los años -también la Oktoberfest de Múnich nació de semejante carambola nupcial-. La cosa ha ido a más cada año, y con ayuda del programa europeo Leader II y la participación ocasional de municipios italianos (los más bregados en estas lides), la fiesta ha alcanzado su madurez; incluso cuenta con una muestra permanente en las llamadas "galerías medievales" (que son los fosos del oppidum romano que dio origen a la ciudad).

Durante ese fin de semana Olite se transmuta, como por arte de alquimia. Todos sienten el deber de cooperar. Los vecinos que atienden tabernas, figones o tiendas se disfrazan a sus expensas. Todos los restaurantes ofrecen esos días platos del pasado y precios del futuro, cuidado.

El eje de la fiesta son los cortejos. El que abre la fiesta se inicia en el castillo, de donde sale una parejita de buen ver, que hacen de reales novios, acompañados de damas y cortesanos, y cruzan la plaza hasta el Ayuntamiento. Allí tiene lugar el pregón, seguido de danzas renacentistas, tras lo cual el cortejo recorre las calles engalanadas. Músicos y danzantes, malabaristas y saltimbanquis, tragafuegos, juglares, ballesteros y halconeros con sus rapaces, jinetes, clerigalla y soldadesca acompañan a los novios y cortesanos.

El desfile se repite varias veces en los tres días. Pero la médula permanente es el mercado medieval, que ocupa varias plazas y calles. En él se explayan volatineros, músicos y cuentacuentos; otros ejercen oficios de antaño y mercan sus productos: herreros, alfareros, yerbateros, canteros y tallistas, guarnicioneros; otros venden vituallas de confección casera: quesos, cecinas y embutidos, mermeladas, bollería, vinos o resolíes. Y no faltan, en fin, artesanos de todo pelaje, adivinos, tahúres, perfumeros. Una feria de ganado, junto a los muros del castillo, añade olor a paja y bosta, que se mezcla al de la pólvora o los pachulíes, creando una atmósfera envolvente.

- Oficina de Turismo de Olite: 948 74 17 03.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de agosto de 2005