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Reportaje:

Mauritania, ¿democracia en 2007?

La trayectoria de la junta militar arroja dudas sobre sus promesas para el país magrebí

Tanta promesa de democracia ha acabado por ablandar a Occidente y a sus vecinos africanos. Washington renunció el lunes a pedir el restablecimiento del depuesto presidente de Mauritania, Maauiya Uld Taya -que tanto gustaba a Estados Unidos por sus estrechos lazos con Israel-, y la delegación de la Unión Africana que llegó ayer a Nuakchot, la capital mauritana, también se va a conformar con solicitar la reinstauración del orden constitucional.

Hoy hace una semana que un Consejo Militar para la Justicia y la Democracia dio un golpe incruento en Mauritania. Desde entonces ha multiplicado los anuncios de un próximo establecimiento de la democracia, al tiempo que se prodigaba en gestos de apaciguamiento.

El consejo promulgó el sábado una especie de enmienda constitucional en la que se atribuía las competencias del disuelto Parlamento y se comprometía también a respetar los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU y las libertades individuales y colectivas.

Ese mismo día, el jefe de la Junta Militar, el coronel Ely Uld Mohamed Vall, recibió a una treintena de responsables de partidos políticos, a los que expuso su plan de transición al tiempo que les animó a desarrollar su actividad con total libertad.

El plan, que también comunicó Vall a empresarios, sindicatos y representantes de la sociedad civil, consiste en celebrar, antes de un año, un referéndum que apruebe un nuevo esquema institucional para garantizar la fortaleza democrática. Los futuros presidentes no podrán ocupar el cargo durante más de dos mandatos ni tendrán potestad para modificar esta regla.

Tras la consulta habrá, como muy tarde en 2007, elecciones presidenciales y legislativas libres. Vall se comprometió incluso a que ningún miembro del Consejo Militar pueda concurrir a los comicios. Las formaciones políticas salieron satisfechas de la audiencia con Vall, incluida la del depuesto presidente, el Partido Republicano Democrático y Social, que, en un primer momento, fue el único que condenó el golpe. Exiliado primero en Níger, su antiguo líder, Uld Taya, se trasladó ayer a Gambia, según la agencia Reuters.

Apoyo islamista

Los islamistas, principales víctimas de la represión de Uld Taya, son, acaso, los más contentos. Vall se reunió el sábado con el Colegio de Abogados y prácticamente les anticipó la puesta en libertad de Mohamed Elhacen Uld Dedaw, el jefe islamista encarcelado en abril. Al día siguiente salió de la prisión junto con otros 20 correligionarios.

La Junta Militar no ha liberado, por ahora, a otros 40 radicales, algunos de ellos condenados por haber sido adiestrados por el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, la rama argelina de Al Qaeda que trata de implantarse en los países del Sahel. Su misión era ir a luchar en Irak y Afganistán.

Los cabecillas islamistas tolerados y hasta los Caballeros del Cambio, otra facción extremista islámica que preconiza la lucha armada, han brindado, en sendos comunicados, su apoyo al nuevo régimen.

Curiosamente, los más cautos son, por ahora, dos de los vecinos de Mauritania: Argelia y Marruecos. "El primero teme, en función de su propia experiencia, que el régimen endeble pueda ser devorado por los islamistas con los que coquetea", señala un diplomático.

Al segundo le preocupa más bien la actitud de Nuakchot sobre el Sáhara. No en balde, el rey Mohamed VI se apresuró a enviar a Nuakchot, 24 horas después del golpe, al jefe de su servicio secreto, Yassin Mansouri, para que se entrevistase con Vall.

La historia de Mauritania, salpicada de intentonas golpistas y en la que no se han celebrado unas elecciones libres desde que se independizó de Francia, en 1960, y la propia trayectoria de Vall, que desde 1987 fue director de la Seguridad Nacional, un cargo de máxima confianza de Uld Taya, arrojan muchas dudas sobre la viabilidad del proyecto democrático.

Aunque en menor medida que el vecino Níger, Mauritania, un país paupérrimo, está también amenazado por la hambruna, según advirtió el pasado fin de semana Simon Pluess, portavoz del Programa Alimentario Mundial (PAM). Sus embates pueden acabar de desbaratar la transición si, como occurre en Níger, la ayuda occidental llega tarde y es escasa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de agosto de 2005