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Crónica:LA CRÓNICA

El discurso del verano

El PP valenciano ha echado el cierre y se ha ido de vacaciones hasta septiembre. Para entonces anuncia volver con las pilas recargadas de proyectos y reflexiones que expondrán en una serie de ponencias sectoriales. Resulta asombroso que un personaje tan desdibujado como la secretaria general de ese partido, Adela Pedrosa, tenga o ampare tales iniciativas. Sobre todo, teniendo en cuenta que, a la luz de los sondeos demoscópicos, no necesitan mover un dedo para conservar la distancia electoral con respecto a sus principales competidores, los socialistas, con quienes, por otra parte, mantienen un enternecedor idilio, a menudo abortado, todo sea dicho, por el problema de los trasvases hídricos.

Echa el cierre, decimos, y también lo hace el Consell, que se queda bajo mínimos. Confiemos que el programa no se altere debido a una calamidad forestal, de las que este año menudean. Crucemos los dedos, pues en estos desastres es importante la prevención, pero en sequías como la que padecemos, y con los pirómanos que andan sueltos, hay que encomendarnos a la suerte. Algunos consejeros celebrarán esta pausa vacacional con el alborozo de un escolar, agobiados como probablemente se sentían por la fronda rumorosa que anunciaba una crisis de gabinete. Todo sea que el relevo no les sorprenda en plena siesta. Y conste que no pensamos en Gema Amor o Esteban González Pons, que entran, como cesantes, en todas las quinielas.

De lo que no nos va a librar la atonía estival es del discurso del agua. Es una especie de melopea institucional con la que el PP nos machaca. La verdad sea dicha es que los socialistas le echan carnaza, como acaban de hacer al modificar el trazado del trasvase del Júcar al Vinalopó, situando la toma de aguas en la desembocadura de aquel. Las gentes del sur, agricultores y urbanizadores específicamente, claman al cielo por lo que dicen será agua degradada, inaprovechable para usos de boca tanto como para la agricultura. En realidad, lo que procedería es no tocar el doliente río y proceder a su plena recuperación. Pero tanto PP como PSOE huyen de la única receta razonable: apostar por un Xúquer viu y una nueva cultura del agua. Jo, qué les has dicho.

En compensación, o eso esperamos, la galbana ambiental acaso nos libre del insidioso Julio de España, el bien remunerado presidente de las Cortes valencianas, que se ha convertido en un remedo de furúnculo estatutario. Sobre todo para su partido, y particularmente para su presidente, Francisco Camps, a quien le cuestiona una y otra vez la constitucionalidad de la reforma. ¿Pero en qué puntos se conculca la Carta Magna si la reforma del Estatuto la ha negociado gente tan constitucionalista como el mismo Fraga Iribarne, por citar uno de sus incuestionables padres? La mayoría de nuestros problemas colectivos ni han estado en Madrid ni han venido por Almansa: los tenemos aquí, y no queremos caer en el lugar común de llamarlos España, como es el caso.

Nos referíamos al agua y a las protestas de los damnificados del sur, que incluso están llamando a tomar la calle. Resulta prodigioso el gusto por las "mani" que está revelando el PP y asimismo su capacidad movilizadora. Ha descubierto el euforizante encanto de la pancarta. En este mismo sentido, las familias valencianas integradas en la Confederación Católica de Padres de Alumnos parece que aprovecharán este mes vacante para volver con nuevos bríos a la batalla contra el tratamiento que se le da a la asignatura de religión en la nueva Ley Orgánica de la Enseñanza, que ya han calificado de izquierdas y laicista. Exagerados ya son. E intolerantes. También sopesan la posibilidad de llevar la protesta a la calle, algo que estarán considerando en el monasterio de la Valldigna cuando escribimos estas líneas.

Con todo ello y mucha protección solar habremos llegado al nuevo curso, que más o menos empezará con la prueba del nueve a la política territorial del PP valenciano, pues será llegado el momento de ver qué se hace con esa enormidad legal que es el Hotel Atrium Beach, de la Vila-joiosa. ¿Se derribarán tres, nueve u once plantas? ¿Será empapelado, por fin, el alcalde de la villa, ciego ante el desvarío que crecía delante de sus narices? Las respuestas están al caer.

MATONISMO

Permítasenos el tópico, real por otra parte como la vida misma: las guerras de este siglo o milenio serán por el agua. Pero no emprendamos una los valencianos en nuestras propias tierras. Discrepemos y aboguemos por unas u otras soluciones, ya sea con trasvases o con desaladoras, pero sabiendo que será otro el modelo de consumo. Y sin violencias. Ni amenazas, como la del presidente de usuarios del Vinalopó al líder del PSPV. "No te atrevas a pisar Alicante", le ha dicho. Eso es puro matonismo, que acaso podría justificar la sed, pero no los intereses.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de julio de 2005

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