La 'moneda del pueblo' se adapta al juego capitalista

La decisión del banco central de China, que ayer anunció una revaluación del 2% en el tipo de cambio del yuan respecto al dólar, es el último episodio de una moneda que en los últimos 57 años ha transitado del comunismo al juego de los mercados financieros internacionales.

El yuan o renminbi, literalmente moneda del pueblo, nació en 1948 con la creación del Banco Popular de China. Un año después, tras la victoria comunista, su tipo de cambio era de 600 yuanes por dólar. Entre 1953 y 1972, bajo un sistema de economía puramente centralizada y planificada, el cambio se fijó, artificialmente, en 2,42 yuanes por dólar.

La crisis petrolera de 1973 desbarató el sistema de cambios fijos que venían manteniendo los países industrializados y marcó el inicio de una era de tipos flotantes. La moneda china, con el fin de evitar fuertes fluctuaciones, se vinculó, de manera no oficial, a una cesta de divisas.

En 1980, la moneda china se volvió a ligar a la divisa estadounidense con un tipo de cambio de 1,50 yuanes. Durante la década siguiente, y como consecuencia de la progresiva apertura de la economía china, el país asiático adoptó un sistema dual: mientras el renminbi quedó para uso interno, los extranjeros podrían usar los denominados Certificados de Cambio Extranjeros. En 1984, el yuan sufrió una devaluación hasta 2,3 unidades por dólar. Nueve años después experimentó otro fuerte retoque, que colocó la divisa china en 5,8 yuan.

Cambio controlado

En 1994, el banco central chino adoptó un "tipo de cambio flotante controlado" con un tipo inicial de 8,7 yuanes. Tres años después el cambio se estableció en 8,28 yuanes. Desde entonces, la moneda china apenas ha fluctuado en torno a ese nivel, lo que ha convertido el sistema, de hecho, en un cambio fijo. Tras la revalución de ayer, la divisa china queda en 8,11 yuanes por dólar, y tendrá un rango de fluctuación del 0,3% en torno a un tipo de cambio que se fijará diariamente frente a una cesta de divisas, aún por definir.

La adhesión al dólar sirvió a China de protección en periodos de fuerte tensión, como sucedió durante la crisis financiera que sacudió un buen número de países asiáticos en 1997 y 1998. Pero el fuerte crecimiento de la economía china, que se ha triplicado desde 1997, ha llevado a los economistas a concluir que su divisa puede estar sobrevalorada en un 40%. Los exportadores del resto del mundo han sido los primeros perjudicados de esta ventaja anticompetitiva basada en un tipo de cambio artificial.

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