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Reportaje:

'Pretto', el perro héroe

Los canes especialistas en explosivos realizan 20 inspecciones diarias

El perro Pretto murió el martes al detectar la cafetera bomba que estalló en la puerta del Instituto Italiano de la Cultura de Barcelona. Pero no fue en vano: como un héroe, salvó la vida a su policía cuidador y evitó una tragedia.

Pretto era un "formidable" labrador retrevier de pura raza y de color canela, recuerda el jefe de la Unidad de Guías Caninos del Cuerpo Nacional de Policía de Barcelona. Cumplió dos años en febrero y la unidad lo recuerda como un perro "muy cariñoso" . Fue trasladado hace un año de la Unidad Central de Madrid. Los perros rastreadores de explosivos suelen empezar su adiestramiento al cumplir un año, pero Pretto era un alumno precoz y ejemplar: con ocho meses ya fue iniciado en su especialidad. Nada más llegar a Barcelona el inspector le asignó su profesor particular, el agente que resultó herido en la explosión, que ayer ya fue dado de alta. Antes de adjudicar un perro a un guía, el inspector estudia a ambos con profundidad, porque "tiene que haber una concordancia de carácter". La compenetración entre Pretto y su adiestrador era total, hasta el punto de que al agente le quedarán "más secuelas psicológicas que físicas". Tanto en el caso de los perros especializados en explosivos o en drogas, como en la nueva modalidad de canes que detectan causas de incendios, la capacidad de socialización prima sobre sus aptitudes físicas.

Una de las misiones de Pretto fue velar por la seguridad en la boda de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, ya que reunía una de las características idóneas del perro especializado en explosivos: tranquilidad. Cuando los perros detectan la bomba, deben sentarse a su lado sin tocarla. Por esa razón, el jefe policial discrepa de que Pretto siquiera rozara el artefacto, contrariamente a lo que han asegurado algunos medios de comunicación.

El perro era valiente y trabajador: los canes que detectan explosivos realizan 20 pesquisas diarias. También son posesivos. "Ellos responden a su propio instinto y, a la vez, juegan". Cuando cumplen con su trabajo, no son premiados con grandes festines, sino con juguetes como pelotas de goma o rodillos.

La dieta de estos animales es austera: 600 gramos de pienso a diario. Se entrenan cada día, siempre con el mismo adiestrador, y se jubilan a los 10 años. Como el perro es "como un hijo adoptivo" para su guía, éste se lo queda. La unidad de Barcelona se creó en 1989 y cuenta con 28 perros: Pretto es su primera víctima.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de julio de 2005