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¿Existe burbuja en las materias primas?

DURANTE LA PASADA SEMANA, el precio del petróleo, tanto en Londres como en Nueva York, cotizó en sus topes más altos desde la década de los ochenta, bordeando los 60 dólares. Con picos de sierra, durante los últimos meses hemos visto subidas parecidas en otras muchas materias primas. A mediados del pasado mes de marzo, el índice Reuters CRB (de futuros), que incluye una cesta de 17 productos básicos (materias primas agrícolas, energía, granos y semillas, metales preciosos, materias primas industriales y ganadería) escalaba a sus niveles más altos en el último cuarto de siglo. Ello ha llevado a los especialistas a preguntarse si estos mercados están viviendo una burbuja especulativa, con el daño que ello haría a la evolución de la economía mundial.

Casi todos los mercados de activos revelan el comportamiento de una burbuja, por una razón: la economía mundial está llena de liquidez. Las burbujas se forman en las coyunturas de liquidez barata, como la actual

Otros analistas, más nerviosos, generalizan la cuestión y se interrogan sobre si estamos en el regreso de las burbujas especulativas, ya que a las materias primas añaden la burbuja inmobiliaria y la burbuja del mercado de obligaciones. Éstos piensan que, en realidad, casi todos los mercados de activos revelan hoy el comportamiento característico de una burbuja, por una sencilla razón: la economía mundial está inundada de liquidez, y muchas empresas, fondos, bancos de inversión, etcétera, no saben dónde meter su dinero. Las burbujas se forman en caso de liquidez barata, y son los bancos centrales los que tienen que controlar la masa monetaria para contenerlas. Pero la Reserva Federal, a pesar de las últimas subidas, tiene unos tipos de interés a corto plazo por debajo de la inflación; el Banco de Japón inyecta de manera masiva dinero barato con la esperanza de reactivar su economía, y el Banco de China dispone de los yuanes necesarios (haciendo funcionar la fábrica de la moneda) para comprar a sus empresas todos los dólares que éstas ganan en sus exportaciones, con el fin de prevenir cualquier apreciación de su moneda.

Hace algunas semanas, la Fundación SCH dedicó un seminario a estudiar el protagonismo de las materias primas. En el mismo se dijo que el mundo no ha conocido un incremento de precios de las materias primas similar desde los años setenta del siglo XX, ya que las subidas han sido notables y se han producido en una amplia gama de productos, desde el petróleo y los minerales y metales (hierro, acero, cobre, zinc...) hasta las materias primas agrícolas (café, azúcar, arroz...), etcétera. El profesor Pablo Bustelo, investigador principal (Asia-Pacífico) del Instituto Elcano, explicó la controversia que existe entre los que creen que el aumento de los precios se ha debido fundamentalmente a un aumento de la demanda en el contexto de una insuficiente oferta y de la caída del dólar, y los que entienden que hay una presencia significativa en el mercado de "inversores no convencionales", como los fondos de pensiones y las mutuas, a los que se podrían añadir los fondos de alto riesgo y los bancos de inversión. Bustelo recordó que no se puede determinar la existencia de una burbuja hasta que explota.

De todos los productos, el que más preocupa es el petróleo. Aquí hay problemas de oferta, de demanda y de sustitución de las reservas, pero también de especulación en los contratos a corto plazo. Las grandes empresas petroleras están logrando beneficios máximos cuando las reservas están al mínimo; la mejor forma de organizar la penuria es asegurarse de que los precios del momento permanezcan por encima de las cotizaciones a plazo. Cuando los especuladores apuestan por el alza de los precios para el próximo año, los precios al contado siguen la tendencia. ¿Se acuerdan de cuando un banco de inversión pronosticó, hace escasas semanas, un barril a 100 dólares?

El catedrático de Geología de la Universidad de Barcelona, Mariano Marzo, entiende que estamos ya en la segunda mitad de la era del petróleo, con el fin del tiempo del crudo abundante y barato, y con su consiguiente repercusión negativa sobre la economía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 25 de junio de 2005.

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