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Crónica:FÚTBOL | 38ª y última jornada de Liga

Nueva gesta del Villarreal

El equipo amarillo se clasifica para la Liga de Campeones a costa del Levante, que desciende

Lanzado como está al encuentro de nuevas y excitantes sensaciones, el Villarreal firmó ayer otra gesta: su clasificación para la Liga de Campeones. Lo hizo a costa del Levante, cuyo reencuentro con la elite ha sido efímero: ascendió el pasado año después de 40. 12 meses después, regresa a Segunda División tras un final de curso desastroso. Todo lo contrario que el Villarreal, protagonista de una campaña que ha ratificado su crecimiento. Desde 2000, cuando se produjo su segundo ascenso a la máxima categoría, ha disputado dos cursos la Copa de la UEFA (el año pasado fue eliminado en semifinales por el Valencia) y esta temporada se ha clasificado para la Liga de Campeones. Su transformación es una de las mayores de la historia del fútbol español.

VILLARREAL 4 - LEVANTE 1

Villarreal: Reina; Javi Venta, Gonzalo, Quique Álvarez, Arruabarrena; Cazorla (Peña, m. 66), Josico, Senna, Riquelme; José Mari (Figueroa, m. 75) y Forlán.

Levante: Mora; Descarga (Manchev, m. 54), Alexis, Jesule, Pinillos; Juanma, Celestini, Rivera, Jofre; Sergio (Congo, m. 65) y Reggi.

Goles: 0-1. M. 22. Reggi, de cabeza, tras un centro desde la banda de Juanma. 1-1. M. 40. Josico remata de cabeza un pase de Riquelme. 2-1. M. 45. Forlán culmina una jugada que arrancó con una falta sacada por Riquelme, quien puso el balón en el segundo palo, donde Arruabarrena tocó para que el uruguayo rematara. 3-1. M. 89. Forlán, de fuerte tiro con la zurda. 4-1. M. 94. Figueroa tras un pase de Forlán.

Árbitro: Velasco Carballo. Amonestó a Celestini, Alexis, Arruabarrena y Pinillos.

23.000 espectadores en El Madrigal.

La transformación del equipo castellonense es de las mayores de la historia del fútbol español

El Levante, mientras tanto, exprimió ayer en vano sus últimas esperanzas. Demasiado tarde. Diez jornadas consecutivas sin ganar le han condenado al descenso. Llegó a disfrutar de 11 puntos de ventaja sobre el antepenúltimo, entonces el Mallorca. Un colchón que dilapidó en el último tramo. Ni siquiera el cambio de entrenador, Oltra por Schuster, a falta de cuatro jornadas, surtió efecto.

El partido tuvo un arranque vibrante. Como le iba la vida en el choque, el Levante salió a toda mecha, sin reparar en el gasto: presionó en todos los rincones del campo, tratando de entorpecer el juego del Villarreal. Con muchos jugadores en el campo rival, el Levante cortó la conexión entre los defensores amarillos y Riquelme, que apenas recibió suministro. Lejos de achicarse ante el empuje visitante, el cuadro de Pellegrini tiró de sus armas: el pase corto, los continuos apoyos, la calma. Así llegó la primera combinación entre Riquelme, Senna y Cazorla, que enganchó un tiro desde fuera del área que puso en aprietos a Mora. Fue la primera ocasión de un encuentro que tuvo un ritmo altísimo desde el principio.

El planteamiento del Levante metió en dificultades al Villarreal, que apenas tuvo respiro. Celestini persiguió por todas partes a Riquelme, que entró poco en juego, con el efecto que esto tuvo en su equipo. Celestini se erigió en el líder de un Levante que se encomendó a las dosis de fe que tenía reservadas para el último suspiro del curso. A la determinación de Celestini se sumó todo el grupo azulgrana. Sergio García, tantas veces apático, desganado, puso el alma en cada jugada. Otro tanto el argentino Reggi, ayer mascarón de proa de un Levante que salió con el único fin de evitar el descenso.

Pero enfrente tenía al Villarreal, que es mucho equipo hoy día. Sin necesidad de grandes alardes, el conjunto amarillo respondió al acoso visitante con entereza y exprimiendo las vías que le quedaban. Por ejemplo, la intuición de José Mari, que entre un mar de cuerpos cómplices y rivales remató de cabeza al poste. Fue poco antes de que Reggi cazara con la testa un centro de Juanma desde la banda derecha y diera alimento a las esperanzas del Levante, que sacó fruto del temperamento con el que afrontó el partido.

Al gol del Levante respondió el Villarreal con una madurez encomiable. Fue entonces cuando Riquelme, uno de los grandes protagonistas de la temporada, acudió al rescate de su equipo. Primero, y tras un rechace de la zaga rival, metió un centro a media altura que enganchó Josico de cabeza. Y poco después, al filo del descanso, Forlán culminó una jugada ensayada: Riquelme, exquisito en el toque, puso la pelota en el segundo palo, donde Arruabarrena entró como un tiro para servir a Forlán, que entró con todo.

Al Levante le pasó factura el esfuerzo de la primera parte. Con mucho menos fuelle, incordió la mitad. José Luis Oltra echó el resto sacando al campo a un delantero más (Manchev) y retirando a un defensa (Descarga). Los apenas cien hinchas levantinistas presentes en El Madrigal celebraron el gol de Assunçao en Mallorca y daban aliento a su equipo, al que la derrota lo condenaba al descenso.

Pero el Levante ya no tuvo fuerzas para empatar. Ni la entrada de Manchev, ni la de Congo, espolearon al conjunto azulgrana, que pasó la segunda parte a merced del Villarreal, con tiempo para maquillar el resultado de la mano de Forlán, que despidió un curso magnífico para él: atrapó el trofeo pichichi a costa del camerunés Eto?o. Con todo decidido, Figueroa marcó el tanto definitivo en medio de las celebraciones de la grada de El Madrigal, testigo privilegiado de la gran metamorfosis del fútbol español: el Villarreal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 30 de mayo de 2005