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Un terrorista suicida mata a 18 fieles en un templo de Pakistán

La policía sospecha de un ataque sectario contra la comunidad chií

Madrid / Islamabad

La violencia sectaria que azota Pakistán desde hace unos años dejó ayer un nuevo reguero de sangre en el santuario del imán Bari, en Islamabad, en el que se habían congregado centenares de chiíes para celebrar una fiesta religiosa. "Todo apunta a que se trata de un ataque suicida", declaró el jefe de la policía de Islamabad, Talat Mehmud Tariq. Al menos 19 personas, entre ellos el terrorista, murieron y 65 resultaron heridas.

El 96% de los 145 millones de habitantes de Pakistán son islámicos, de los que el 15% pertenecen a la minoría chií, que está fuertemente discriminada. Lo más grave es, sin embargo, que la radicalización suní que trajo el régimen talibán que gobernó el vecino Afganistán (1996-2001) agravó las tensiones entre suníes y chiíes en Pakistán y desató una ola de violencia sectaria que se ha cobrado desde entonces más de 4.000 vidas.

En el santuario del imán Bari, un santo sufí muy popular entre chiíes y suníes, se habían congregado cerca de un millar de fieles, entre los que se incluían mujeres y niños. Según el clérigo Sayed Guftar Husain Sadiqi, el ataque parece obra de grupos ilegales de extremistas suníes o de "elementos extranjeros", eufemismo con el que se denomina en Pakistán a las células de Al Qaeda que operan en el país.

El pasado 17 de mayo, 58 líderes religiosos paquistaníes, representantes de las principales escuelas coránicas del país, incluidas las de la comunidad chií, emitieron un decreto contra los ataques suicidas, cuya ejecución prohibieron en países musulmanes. Munib ur Rehman, uno de los mufti (autoridad islámica) más prestigiosos, dijo a la emisora británica BBC que el decreto pretendía acabar con los numerosos ataques suicidas ocurridos en mezquitas y santos lugares islámicos de Pakistán en los últimos años. Munib ur Rehman tachó de "deplorables" los actos de terrorismo que causan pérdidas de vidas humanas en un país musulmán, pero hizo hincapié en la necesidad de distinguir entre terrorismo y lucha de liberación. El mufti indicó que el decreto no afecta ni a Cachemira ni a Palestina.

Poco después de producirse el ataque de ayer, la policía acordonó la zona y decenas de ambulancias se precipitaron hacia el santuario, que se encuentra en las cercanías del barrio dipomático, que acoge a muchas embajadas, del Parlamento y de los principales edificios gubernamentales. Fuentes hospitalarias indicaron que buena parte de los heridos ingresados están graves.

El presidente, Pervez Musharraf, que se encontraba en la sureña ciudad de Karachi, señaló que no está claro quiénes son los responsables, aunque no descartó que se trate de un atentado contra la comunidad chií.

"Si es un ataque sectario, me produce una profunda tristeza. Pakistán necesita mostrar moderación islamica", dijo el presidente a los periodistas.

Después del 11-S, el general Musharraf, que llegó al poder en 1999 tras un golpe de Estado y sigue al mando del Ejército pese a su compromiso con los partidos políticos de ceder la dirección castrense, se convirtió en el gran aliado de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo. Esto exacerbó los tensiones internas de un país con una tradición violenta muy enraizada.

Claro malestar

En Pakistán existe un claro malestar hacia lo que los clérigos más ortodoxos, como Sarfraz Naimi, líder de la escuela coránica suní más importante de Lahore (este del país), consideran "la matanza indiscriminada de musulmanes que realiza EE UU en Afganistán e Irak". Ayer mismo, decenas de miles de paquistaníes se manifestaron durante la tarde por todo el país contra la supuesta profanación del Corán por tropas estadounidenses en la base de Guantánamo durante los interrogatorios a los presos musulmanes detenidos en esa cárcel instalada en Cuba.

"Condenamos los actos sacrílegos cometidos contra el Corán por extremistas de Estados Unidos", rezaba una pancarta desplegada en la manifestación de unas 5.000 mujeres que protestó ante la sede del Parlamento, a menos de un kilómetro del lugar en que ocurrió el atentado.

El santuario del imán Bari está dedicado a Shah Abdul Latif Kazmi, un santo sufí del siglo XVII. Los ultraortodoxos islámicos se oponen al sufismo, un movimiento místico que incluye la invocación a santos y la visita y oración en las tumbas de éstos. Ayer se celebraba la fiesta anual de santo. Aún con restos de sangre del atentado, muchos chiíes que se encontraban en el lugar al producirse el atentado se azotaron en señal de duelo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de mayo de 2005