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FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Mario Verdaguer, escritor y traductor ante todo

NO SÉ si la nueva traducción de La montaña mágica (1925), la novela que le proporcionó en 1929 el Nobel de Literatura a Thomas Mann, es o no mejor que la anterior (o una simple operación de marketing) pero lo que sí le deseo es que al menos tenga tan buena aceptación entre el público como la anterior. La que casi todos hemos leído es la del escritor Mario Verdaguer (Mahón, Menorca, 1885-Barcelona, 1973), uno de nuestros mejores narradores de vanguardia de la preguerra española, poeta, dramaturgo, pintor, traductor, copioso y políglota traductor y periodista en La Vanguardia bajo la época dorada de la dirección de Gaziel, tras la que fue depurado saliendo libre de toda responsabilidad después de la guerra, terminada la cual trabajó como traductor y pintor, y en una empresa de seguros para ganarse la vida. Verdaguer fue un intelectual muy completo, poeta modernista inicial, novelista estimable primero, modernista y vanguardista después, autor final de una novela satírica (Un verano en Mallorca) y algún libro de recuerdos (Medio siglo de vida barcelonesa), diez novelas que contaron en su tiempo (sobre todo Piedras y viento, La isla de oro, El marido, la mujer y la sombra y Un intelectual y su carcoma, seleccionada por Entrambasaguas para su serie "Las mejores novelas españolas contemporáneas") y además publicó con éxito traducciones de Goethe, Zweig, Jünger (Tempestades de acero, 1930) y La montaña mágica, de Thomas Mann, sobre todo, en 1934. Para hacer una buena traducción lo preferible es que la haga un escritor de verdad, lo que en el caso de Mario Verdaguer era ya algo indiscutible de antemano. Y, por cierto, la traducción fue hecha directamente del alemán, y se incluyen en notas los fragmentos en francés de la larga declaración de amor de Hans Castorp a Clawdia Chauchat, uno de los momentos más eróticos de la novela.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de mayo de 2005