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AULAS

Inquietud entre los directores de las carreras que el consejo universitario propone eliminar

Los responsables temen que la filtración de los trabajos haga caer el número de inscripciones

La publicación de un informe del Consejo de Coordinación Universitario, que plantea eliminar casi la mitad de las carreras (Ver EL PAÍS 6-5-2005) de camino hacia el espacio universitario europeo, ha provocado un escalofrío en las titulaciones señaladas. La reacción del Ministerio de Educación, que sitúa las propuestas elaboradas dentro de "una fase muy inicial" del proceso de convergencia, ha suavizado el malestar, pero no lo ha eliminado. "Nos han dicho que tranquilos, que se trata de un documento de trabajo", dice Josep Montesinos, director del departamento de Historia del Arte en la Universitat de València, "pero demuestra cuál es la tendencia".

Los responsables académicos consideran que la filtración de los trabajos, por preliminares que sean, tendrán un efecto negativo en las preinscripciones de los futuros universitarios; caerá la matrícula.

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La posible reducción de carreras (que pasarían de 140 a 77) afecta especialmente a las técnicas (que pasan de 59 a 26) y a las de humanidades (de 26 a 10). La contestación más destacada ha correspondido a las segundas.

Las quejas de las técnicas han sido más discretas, pero alguien muy vinculado a las mismas anuncia que conforme el proceso avance "se empezarán a mover".

El coordinador de Ingeniería del Diseño en la Universidad Politécnica, Gabriel Soujel, ya ha comenzado. Advierte de que la reconversión de la diplomatura en un posgrado pondrá a este sector económico, "muy importante en comunidades como la valenciana, la del País Vasco o la catalana", en desventaja con competidores que estarían apostando precisamente ahora por el diseño, como los asiáticos.

La resistencia de los miembros de algunos departamentos a que se suprima su título -cuyos estudios se integrarían en grados y en posgrados- no son ajenas, reconoce un cargo institucional universitario, "a los intereses corporativos". Las posibilidades de acceder a una cátedra, por ejemplo, disminuirían notablemente.

Los afectados asumen, por otro lado, la importancia de alcanzar el espacio universitario europeo, que debería ponerse en marcha en 2010. Consideran, sin embargo, que sus carreras deberían ser grados de pleno derecho, y afirman cumplir con los parámetros establecidos para la convergencia europea.

Hay excepciones. Barry Pennock, director del departamento de Filología Inglesa de la Universitat de Valencia, opina que un Grado en Lenguas Modernas "bien diseñado" reportaría ventajas tanto a los futuros filólogos como a los profesores de lenguas que apenas atraen al alumnado.

EL PAÍS ha entrevistado a los responsables de varias de las titulaciones que desaparecen en el informe del Consejo de Coordinación Universitaria.

HISTORIA DEL ARTE Demanda social

El jueves pasado la sala Joan Fuster de la Facultad de Geografía e Historia, en Valencia, parecía una olla a presión. El auditorio tiene asientos para 400 personas sentadas, y había cerca de mil. Estudiantes -la carrera tiene 1.400-, "pero también profesores, becarios, doctores y profesionales" de Historia del Arte, asegura Josep Montesinos, director del departamento.

De la reunión salió un manifiesto de rechazo a la supresión de la titulación. Montesinos defiende Historia del Arte sobre dos argumentos: "La demanda social", que se traduciría tanto en el número de alumnos que la cursan como en la importancia que España otorga a su patrimonio artístico. Y las salidas profesionales que ofrece.

Montesinos afirma que el título permite a los licenciados trabajar en el campo del patrimonio y la gestión cultural; museos; enseñanza y el mundo de la imagen. El director añade que eliminar Historia del Arte haría perder competitividad a los españoles respecto a otros europeos "cuyos países mantengan estudios similares". "Podemos encontrarnos, con la movilidad europea, con que acaben viniendo de fuera a ocupar esos puestos de trabajo".

HUMANIDADES La visión integral

La Jaume I de Castellón fue una de las dos primeras universidades que ofrecieron la licenciatura de Humanidades, según su coordinador, Amador Antón. La estudian, aproximadamente, 350 alumnos. Lo que más molesta a la comunidad académica, dice Antón, es "la falta de argumentos" ofrecidos en la propuesta de la subcomisión. "Lo sabemos, por rumores, es que no se ha incluido porque es demasiado generalista y está poco adaptada al mercado laboral". Y añade: "Pero eso es lo bueno. Es generalista en los contenidos y versátil en la formación, que son las características que pide Europa".

El director, citando a Ortega, pide que no se pierda la "visión integral de las cosas y del ser humano" que, en su opinión, permite su carrera.

Antón enumera una larga lista de salidas laborales, que abarca desde la gestión cultural a los departamentos de recursos humanos en la empresa privada, pasando por la enseñanza. Según sus datos, el 80% de los licenciados encuentra trabajo antes de dos años. La cifra baja hasta el 68% en el caso de la Jaume I.

FILOLOGÍAS Una oportunidad de éxito

Barry Pennock, director del departamento de Filología Inglesa en Valencia,

reconoce que algunos colegas le "tachan de mercantilista", pero que su mayor preocupación es que los estudiantes terminen con una formación sólida que les permita enfrentar el mercado laboral. "Muchos licenciados en Derecho, Economía o Medicina acaban la carrera y tienen un nivel alto de inglés. Pero además saben de leyes, de economía o medicina". "¿Cómo pueden competir los filólogos? Sabiendo otro idioma".

Pennock es consciente de la preeminencia del inglés dentro de las filologías, y no vería mal un Grado "bien diseñado" de Lenguas Modernas, que permitiera a los alumnos acabar manejando "al menos dos lenguas". La inglesa, razona, seguiría siendo la más solicitada, y otros idiomas, como el italiano o el francés, podrían hallar en ella "una tabla de salvación".

Su colega en Filología Catalana de la Universidad de Alicante, Enric Balaguer, admite que la agrupación en un Grado puede resultar positiva, pero preferiría mantener la personalidad de la carrera. Balaguer opina que la Convergencia Europea no tiene por qué implicar una reducción tan drástica de las titulaciones, y duda de que otros países europeos vayan a seguir el mismo camino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de mayo de 2005