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Decenas de cadáveres en Uzbekistán

Decenas de personas han muerto en la represión de la revuelta islamista de Andiyán, al oeste de Uzbekistán, aplastada el viernes por el Ejército. Organizaciones de derechos humanos en esta ciudad, cerrada a la prensa, hablan de hasta 350 muertos al abrir fuego las tropas contra los manifestantes. El presidente uzbeko, Islam Karímov, que ha impuesto una dictadura en esta ex república soviética de Asia Central, justificó la matanza al asegurar que los rebeldes, que tomaron el viernes edificios gubernamentales, eran "delincuentes armados" que pretendían implantar un Estado islámico. Cientos de refugiados, que huyen de la violencia, han cruzado a Kirguizistán o se encuentran en la frontera entre los dos países.

"No se puede llamar rebeldes a aquellos que cometieron acciones criminales en Andiyán; era un grupo de delincuentes armados", aseguró ayer el presidente uzbeko, Islam Karímov, para justificar la matanza cometida por el Ejército en esa ciudad del valle de Ferganá. Andiyán continúa bloqueada por soldados y se ha dado orden de expulsar a los periodistas, por lo que es muy difícil comprobar las cifras de muertos y lo que realmente está sucediendo. Pero habitantes de la ciudad han declarado que los muertos pueden llegar a más de 300.

"En la madrugada vi cómo los cadáveres eran llevados a cinco vehículos: tres camiones ZIL, uno Ural y un autobús. Todos quedaron repletos de cuerpos sin vida", aseguró Zaidzhajón Zainabitdínov, abogado de Andiyán y activista de derechos humanos, que calculó que más de 350 personas pudieron morir como resultado de la operación militar. Abdulvajid Gazúrov dijo a la agencia France Presse que se trataba de una "auténtica guerra". "He visto 200 cadáveres", afirmó. Otro vecino de Andiyán contó que "todo está cubierto de sangre" y dijo haber visto más de 300 muertos cerca del Ayuntamiento. Un corresponsal contó una treintena de cuerpos alineados en el suelo frente a un cine y otros 20 cubiertos con sábanas en la plaza principal. Por último, un médico del hospital principal de la ciudad hablaba de 50 fallecidos y un centenar de heridos, pero nada se puede comprobar en estos momentos, pues incluso el hospital está bloqueado por la policía.

"Es una guerra", relató un testigo, mientras que otro habló de 200 muertos

Karímov dio pocas cifras en la conferencia de prensa celebrada en Tashkent, la capital uzbeka, adonde regresó anteanoche de Andiyán después de haber dado in situ la orden de aplastar la rebelión. "Diez policías murieron", dijo. "El número de víctimas entre los terroristas es mucho mayor", señaló, aunque poco después manifestó que "las víctimas no son numerosas, porque las tropas no abrieron fuego". "Di la orden de no disparar contra los hombres armados y tratar de resolver el conflicto de forma pacífica", declaró.

Los 30 extremistas que en la madrugada del viernes atacaron un puesto de policía y una unidad militar -en el primero mataron a cuatro hombres, y en la segunda, a cinco-, y después de apoderarse de gran cantidad de armas, se dirigieron a la cárcel y liberaron a 600 presos, según el presidente. Fuentes no oficiales habían informado de que entre los 2.000 y 4.000 detenidos, la mayoría había huido.

El líder uzbeko relató que había llegado a Andiyán a las siete y media de la mañana del viernes y que hasta las seis de la tarde habían tratado de persuadirlos de que se rindieran. "Al caer la noche se decidió bloquear la sede de la Administración. Pero los criminales se nos adelantaron y, divididos en tres grupos, comenzaron a abrirse paso hacia las afueras de las ciudad. Entonces se organizó su persecución".

De creer a Karímov, resulta que los soldados no dispararon no sólo contra los manifestantes, sino ni siquiera contra los rebeldes; y mienten los testigos que afirman que los militares abrieron fuego indiscriminado, sin hacer distinción entre mujeres ni niños. Sea como fuere, las palabras de Karímov confirman que los extremistas que organizaron la liberación de los presos lograron escapar, y que unidades militares habían sido movilizadas en su persecución. Los soldados aparentemente no han conseguido alcanzar al grupo de fundamentalistas.

Karímov reiteró que los organizadores de los desórdenes pertenecen a la secta Akromía, "nueva corriente de Hizb at-Tajrir [Partido de la Liberación Islámico], cuyos objetivos son el odio y el rechazo a la vía de desarrollo laico, por lo que son inaceptables para nosotros". "Conocemos los apellidos de los líderes de esa corriente, que desean derrocar el régimen constitucional y establecer el poder de la sharía musulmana", dijo Karímov, quien aseguró estar en contra de las revoluciones y ser partidario de la evolución. Para el presidente uzbeko, los rebeldes trataron de reproducir los acontecimientos kirguizos de marzo, que terminaron en el país vecino con el régimen de Askar Akáyev. El principal centro desde el que se organizó la rebelión está, según Karímov, en el sur de Kirguizistán, en el valle de Ferganá; no en vano, los extremistas telefonearon desde la sede de la Administración de Andiyán, donde se habían atrincherado, a Osh y Jalalabad, e "incluso a Afganistán".

Un portavoz de Hizb at-Tajrir desmintió en Londres que su organización estuviera detrás de los desórdenes de Andiyán, aunque reconoció que son "muy activos en Uzbekistán" y que desean la caída por medios pacíficos del régimen de Karímov "que ha torturado y encarcelado a miles de víctimas inocentes".

Junto a la sede de la Administración de Andiyán hubo ayer nuevas manifestaciones. Según Karímov, se trataba de unas 200 personas, "en su mayoría, parientes de los que se habían tomado la Administración". "He dado la orden de no utilizar la fuerza contra ellos. Uzbekistán no combate contra ancianos, mujeres y niños. Las autoridades locales están realizando un trabajo de explicación entre la gente que se encuentra en la plaza", dijo. Zainabitdínov en cambio calculaba en más de mil las personas que se habían reunido en la plaza principal.

Aunque Andiyán y el centro permanecen bloqueados, el transporte urbano funcionaba ayer por la tarde y en las tiendas abiertas se formaban colas para comprar productos, según testimonios locales.

Mientras tanto, el Consejo de Seguridad de Kirguizistán confirmó que más de 500 personas cruzaron la frontera en busca de refugio. Entre los refugiados hay heridos y algunos han muerto. Más de 6.000 personas se encuentran en la frontera entre ambos países y tratan de entrar en Kirguizistán. En Ilichovsk, ciudad uzbeka limítrofe, hubo ayer manifestaciones y desórdenes de personas que exigían que se las dejara pasar al país vecino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de mayo de 2005

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