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VISTO / OÍDO

El espíritu

"L'esprit est à gauche", decía Sartre. Hace años no hubiera tenido que traducirlo: se estudiaba francés en el bachillerato -mi catedrático, Antonio Machado- y se entendía casi todo. Trotski cuenta en sus memorias que cuando vino a España, los españoles se dirigían a él preguntándole: "Parlez-vous français?"; cuando respondía que sí, se veía que ellos no sabían más que esas palabras. Hay que traducirlo: si se puede. "Esprit" es una palabra muy difícil, y si digo que "el espíritu está a la izquierda", se puede pensar que hablo de un fantasma localizado. Hay idiomas en que es más raro. La primera vez que entré en Reino Unido, el aduanero me preguntó si llevaba "spirits"; le contesté que sólo el mío -"my own"- y le pareció bien. Él hablaba de bebidas alcohólicas -espirituosas- y yo de almas: siendo para mi propio consumo, me estaba permitida cualquiera de las dos versiones.

La inteligencia, el pensamiento, el alma siguen estando con la izquierda: lo decía (Radio Luxemburgo) Marcel Dassault, y añadía: "Desgraciadamente". El individuo es un gran fabricante de armas, senador de la derecha, y propietario del diario Figaro, donde ha cambiado el director y el redactor jefe, porque tenían el espíritu sartriano a la izquierda, aunque ellos mismos se creyeran de derechas. Citaba dos grandes ejemplos de la derecha que habían logrado cambiar "el espíritu" del ciudadano: la Thatcher y "el español": no se acordaba de su nombre, Aznar. Mal de noticias. Aznar había ya perdido sus votantes, y se le van deslizando cada día. Va a tener mala suerte en Vasconia, pienso. Se lo gana a pulso. Pero lo que quería decir el vendedor de armas y de ideas era fino: la izquierda domina la opinión pública en Francia, ese viejo espíritu de la democracia y de la guerra antifascista no se ha perdido: únicamente ocurre que en ciertos momentos votan a la derecha. No creen que el socialismo sea la izquierda, en el sentido sartriano de la palabra.

En España ocurren rarezas parecidas. La izquierda dejó de votar, o votó de mala gana al socialismo, porque le parecía demasiado a la derecha: hasta que el choque con una realidad, como la guerra y su llegada a España, le despertara algo. Si "esprit" se aplica a los intelectuales, una gran mayoría de ellos están a la izquierda, pero escriben como si fueran de derechas: es decir, copian lo que parece que hace la opinión pública francesa. Ya cambiarán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 2005