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Necrológica:

Onna White, coreógrafa de Broadway y de cine musical

La coreógrafa canadiense de grandes producciones musicales de Broadway y de cine Onna White murió el pasado día 9 de abril en su apartamento de West Hollywood a los 83 años.

Había nacido en Iverness, Nova Scotia, Canadá, el 24 de marzo de 1922. Tenía un gran prestigio desde la década de los cincuenta, pero su apogeo le llegó en 1969, al ganar un oscar especial por la coreografía de Oliver (que ese año se llevó además otros cinco oscars, entre ellos los de mejor filme y mejor director); había acumulado además ocho nominaciones a los premios Tony por sus coreografías para la escena del teatro musical en Nueva York.

Onna White había comenzado sus estudios de danza a los 11 años y completó su formación en el Ballet de San Francisco (la primera y más antigua compañía de ballet de Estados Unidos, entonces dirigida por Bolm y Christensen), donde permaneció hasta los 17 y donde llegó a la categoría de primera solista.

Esta buena y rigurosa formación académica le facilitó la entrada en el ámbito de los musicales y su primer trabajo en Broadway fue aparecer haciendo sustituciones en 1947 en Finian's rainbow. Enseguida se convirtió en asistente de Michael Kidd (entre sus grandes obras, Siete novias para siete hermanos y Hello, Dolly) para Guys and dolls, donde también bailó, y con el que siguió colaborando varios años.

En 1956, Onna White coreografió y firmó su primera obra en Broadway: Carmen Jones, que se convirtió en un clásico. La Academia de Hollywood le otorgó en 1968 ese oscar por Oliver, un galardón extraordinario y que sólo la Academia ha otorgado en dos ocasiones (la otra había sido al greconorteamericano Hermes Pan en 1937 por los bailes de A damsel in distress).

En Broadway, Onna coreografió muchos y memorables éxitos del género como The music man (1958); Irma la Dulce (1961) y Mame (1966). Entre sus filmes coreografiados están las versiones en celuloide de The music man (1962) y Mame (1974) y The gread waltz (1972). Grandes titulares de elogio merecieron en su día las coreografías de grandes conjuntos como los de Gigi (1974) y 70, Girls, 70 (1971). Todavía en 1978 apareció en escena con una espléndida forma física en Working.

Meticulosa y preciosista, preparaba complejas evoluciones para los bailarines y actores que aunaban lo técnico con lo expresivo. Llegó a manejar con solvencia un cuerpo de baile de más de 250 bailarines, lo que le hacía no comprender la actitud de los coreógrafos de hoy, refugiados en el vídeo, los estudios de televisión y la tecnología.

Las actrices la adoraban y reconocían su creatividad y exigencias, y ella reconocía siempre que nunca se propuso ser una coreógrafa; llegó a Broadway a bailar, y Kidd le dio una oportunidad que cambió su vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 2005