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DE LA NOCHE A LA MAÑANA

Una epoca troyana

¿No da la impresión de que el sector del pepé presuntamente triunfante en esta comunidad dedica más tiempo a pactar el afecto de los desafectos y a defender lo que nadie desde fuera ataca que a gobernar razonablemente?

Vicepresidente

Nunca le había visto en la tele, o me había pasado inadvertido. Pero el otro día, en Canal 9, pude ver durante un rato la jeta de Víctor Campos, como sacado de la serie Los Soprano, y entonces me asustó su agresividad formal más que la inanidad de su mensaje. No es ya que ese señor parezca persuadido de que tiene razón el que la dice más gorda, o el que la dice con el gesto de tener toda la razón. Reprochar a Zapatero que carezca "de apuesta y respaldo por nuestra lengua", además de alardear de una prosodia ininteligible olvida que Camps quiere poner en pie en Castellón una Ciudad de la Lengua Castellana, algo que sería para ponerse a llorar si el juego del victimismo interesado no estuviera en deuda con la felonía política. Nadie nos quiere quitar nada. Otra cosa es que el pepé valenciano no encuentre mejor manera de prosperar que el recurso a la agitación permanente de su propio universo fantasmático.

Presidente

En los últimos meses, no hay información televisada de Francisco Camps que no se centre en la afirmación de que nadie nos va a ningunear a los valencianos. Y eso hasta el punto que cualquiera podría sospechar que ya lo han hecho nuestros presuntos y numerosos enemigos. Asia a un lado, al otro, Europa, y allá a su frente Estambul, el jefe político de esta comunidad está postrado en una melancolía de los peligros que le acechan cuya anatomía obedece en todos sus detalles al propósito de exorcizar los males de su partido. El psicologismo barato, y aún el caro, está de más para sugerir una función explicativa, incluso en una cuestión que tanto se relaciona con la psicología dinámica. Antes pudo ser el tema del fracaso en el éxito, o síndrome Zaplana, pero ahora no es más que la proyección hacia el exterior del propio repertorio de irresponsabilidades.

Ex presidente

A fin de cuentas, habría sido algo más que un gesto de buena educación, es decir, se habría convertido en una muestra de respeto. José María Aznar era todavía presidente del Gobierno cuando el 11-M del año pasado se produjo la masacre en los trenes madrileños de cercanías. El otro día, en el homenaje en Madrid a las víctimas de tan terrible suceso, el ex presidente prefirió largarse a México, con la excusa pueril de que no había sido invitado. No es ya que la asistencia a esa conmemoración era gratis, sino la mala sombra, indicativa sin duda de un talante rencoroso, sino que estaba obligado a acudir por solidaridad, aunque ello hubiera supuesto una cierta asunción indirecta de sus responsabilidades. Pero el ex jefe ni está ni se lo espera. Como tampoco estuvo en los hospitales para alentar a los heridos todavía vivos de aquella tragedia.

Presidenciable

Detrás de sus excelentes maneras de colegio de mucho pago, Josep Piqué esconde un depredador de alto estanding al que siempre le perderá su aspecto de gamba a medio cocer. Se cortó el pelo, residuo de época izquierdosa de facultad, para complacer a un Gobierno del que hacía de portavoz, incluso se permitió aconsejar a Pío Cabanillas, de la saga de los Cabanillas más o menos gallegos, que no se le ocurriera imitar su ejemplo cabelludo. Da igual. Los dos cayeron en desgracia, cada uno a su manera, como en las novelas de Tolstoi, y su vida se ha convertido en un tostón que lo mismo le monta una moción de censura al pobre Pasqual Maragall, una persona tranquila, que la desmonta en lo que canta un gallo desde Madrid. Desde Madrid se canta mucho, es verdad, porque allí se cuecen todas las gambas, o las habas, según el caso, que están contadas. Y Rajoy haciendo de malo de mala película del Oeste malo vociferando a hurtadillas los insultos que le escriben. Lo que le importará a él todo este asunto.

Presidencialista

A Florentino Pérez, hombre de tan pingües negocios, le pasa como en las antiguas películas de catástrofes, que el resultado lo fía todo a la presencia de las estrellas en detrimento de la eficacia argumental. Fichar delanteros de mucha imagen a capazos no sólo no garantiza la solidez de un equipo sino que produce tal tipo de desequilibrios que al final el único que se gana el jornal es el portero, acostumbrado ya a cargar con el equipo. Una prepotencia ciega basta para generar una estrategia en entredicho, y eso sin contar con el desaire contra el brillante pero gordito Vicente del Bosque y las curiosas y reiteradas contrataciones de Camacho. Será que el fútbol tiene razones que el empresario de éxito desconoce. Por más mezclilla de zidanes y pavones que le eche a una confección de retales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de marzo de 2005