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CARTAS AL DIRECTOR

La Universidad española

Indigna que Francisco Bustelo sostenga en un artículo que las deficiencias de la Universidad española se deban, sobre todo, a la falta de vocación de los estudiantes. No porque su afirmación no sea, en parte, cierta, sino porque la convierte en el problema fundamental.

A mi parecer, es principalmente la metodología de la enseñanza lo que falla. Es verdad que aprender requiere esfuerzo, inclinación y gusto por el conocimiento, porque implica, o al menos debería implicar, un trabajo activo por parte del estudiante. Lo que es criticable es que la enseñanza se plantee como un esfuerzo por memorizar contenidos de forma dogmática, elaborados previamente por el profesor de turno. Eso es una pérdida de tiempo y de energía, que deberían ser mejor empleados en lecturas de fuentes primarias y en aprender a cuestionar, matizar, refutar, etcétera.

Bustelo afirma que han de pasar muchos años para que la enseñanza sea "más abierta y dialogante" tanto en España como en el extranjero. Mi experiencia tras pasar por la Universidad española y después por la británica es que la primera necesita promover más el uso de la inteligencia y estimular el espíritu crítico de los estudiantes, mientras que la británica lo da por descontado. No creo que la puesta en práctica en España de una metodología más inteligente sea inviable por el solo hecho de que la Universidad esté masificada. Más bien parece que ésta siga lastrada por defectos del franquismo como la megalomanía del profesor y la incuestionabilidad de lo que se enseña. Así, no ha de extrañar el desinterés del estudiante, fomentado por la propia Universidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de febrero de 2005