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Reportaje:

El pensamiento amenazado

La Sociedad Académica de Filosofía teme por la suerte de sus estudios universitarios y reclama una "protección especial"

Santiago de Compostela

Tales de Mileto, el primer filósofo de la historia de Occidente, hizo troncharse de risa a una criada cuando, de tan absorto que estaba en sus meditaciones, se cayó en un pozo. Martin Heidegger, el último gran monumento de la vieja filosofía, extrajo de ese episodio una suerte de moraleja. La filosofía es un pensar con el que "esencialmente no se puede hacer nada" y del que "necesariamente se ríen las criadas". Han pasado 27 siglos desde la época de Tales y las carcajadas son ahora más estruendosas que nunca. El imperio del positivismo científico, la especialización técnica y las leyes del mercado arrinconan cada día al pensamiento especulativo por su pretendida inutilidad práctica.

"En una situación así lo que está en crisis es la actividad misma del pensar humano"

Las voces de alarma se acentúan entre los filósofos, como han hecho notar algunos de los asistentes al II Congreso de la Sociedad Académica de Filosofía celebrado en Santiago de Compostela. Entre debates sobre cuestiones puramente académicas, ponencias sobre Aristóteles, Nietzsche o Derrida, los filósofos no pudieron esquivar la extendida sensación de inquietud sobre el futuro de su disciplina y su papel en la educación, de la que tradicionalmente había sido uno de sus pilares básicos. En los últimos años la filosofía ha cedido terreno en la enseñanza secundaria, lo que ha trasladado el temor al ámbito universitario. Asistentes al congreso de Santiago como el catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, Víctor Gómez Pin, alertaron de que algunos proyectos europeos para la reorganización de la enseñanza superior podrían suponer "la desaparición de las titulaciones universitarias de filosofía, tal como las conocemos ahora, que se diluirían en ámbitos más amplios".

La presencia de la filosofía es mínima entre los grandes proyectos de investigación de la Universidad española, un asunto que se abordó en una mesa redonda con la participación de dos filósofos con experiencia en cargos públicos, Ángel Gabilondo, rector de la Universidad Autónoma de Madrid, y Pedro Chacón, director general de Universidades en el anterior Gobierno. Gabilondo advirtió sobre las consecuencias de marginar la disciplina que clásicamente se ha considerado como la forma más pura del pensamiento intelectual: "En una situación así lo que está en crisis no es sólo la filosofía, sino la actividad misma del pensar humano y su peso social". La Sociedad Académica de Filosofía se fundó hace tres años en Toledo precisamente con el propósito de "restaurar la legitimidad de la filosofía". La rampante mercantilización de la sociedad y la subordinación del sistema educativo a las necesidades de la economía constituyen, según el diagnóstico más generalizado, las principales amenazas contra el estatuto académico de la filosofía. "A nosotros no nos pueden aplicar las leyes de la competitividad", subraya Gómez Pin, uno de los fundadores de la sociedad. "La filosofía no se mide con el criterio de la rentabilidad inmediata. Si no hay vocación de salvarla, en régimen de competencia no se salvará. A la filosofía hay que considerarla como a los osos: una especie que necesita una protección especial. Existe en países como Francia y Alemania, pero no aquí". El peligro de muerte de la filosofía es casi un lugar común de la postmodernidad, y en la misma Francia el recientemente fallecido Jacques Derrida llegó a proponer la convocatoria de unos estados generales para su defensa. Pero en ese país la filosofía sigue siendo una piedra angular de la educación secundaria para envidia de los pensadores españoles, que también se miran en el ejemplo de Alemania, donde especialistas en otras actividades intelectuales, empezando por los científicos, acuden a menudo a la filosofía para completar su formación. "La filosofía sirve para formar ciudadanos lúcidos", resalta Gómez Pin. "Y es un cruce de caminos en el que convergen la ciencia, el arte, la educación... Por eso no puede diluirse en ningún otro ámbito".

Entre los nubarrones del pesimismo, este catedrático de la Autónoma de Barcelona se asombra al comprobar cómo el número de alumnos matriculados en su facultad incluso ha aumentado ligeramente en los últimos años. "Me parece un fenómeno fascinante y milagroso, que demuestra que la exigencia de inteligibilidad es un universal de la condición humana. O como dice Aristóteles en el comienzo de su Metafísica: "Todos los seres humanos aspiran a la lucidez".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de febrero de 2005