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Reportaje:

15 días de misterios en el Windsor

Dos semanas después del incendio que arrasó el rascacielos madrileño varios enigmas siguen sin respuesta

Ya hace dos semanas que el Windsor es un esqueleto carbonizado. Ha llovido (y nevado) encima de él. Pero el caso, lejos de estar apagado, acumula cada día más enigmas. Algunos se resuelven. Otros no. Ayer, centenares de visitantes se arremolinaban en torno a la ruina del edificio, de 28 plantas. Querían verlo de cerca, retratarse con él al fondo, hacerse a su sombra las mismas preguntas: ¿Cómo surgió el fuego? ¿Fue un cigarrillo mal apagado? ¿Un cortocircuito? ¿A quiénes corresponden esas misteriosas siluetas captadas a las tres de la madrugada, cuando el edificio ardía como una antorcha y había riesgo de que se desplomase? ¿Qué hacían allí jugándose la vida? ¿Qué temperatura soportaban? ¿Buscaban dinero? ¿O son simplemente un reflejo óptico que está volviendo loca a la Policía Científica?

Los bomberos aseguran que cuando llegaron "la cosa estaba ya muy cogida"

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Hay ciertos datos incontestables: la alarma contraincendios del edificio, que actúa cuando detecta un aumento de temperatura, salta en el puesto de control poco antes de las 23.15. El vigilante de Prosegur Yago E. ha declarado a la policía que se encaminó entonces al cuarto que albergaba los ordenadores centrales, en la planta baja, para cerciorarse de la alarma y descubrir a qué piso del rascacielos correspondía. Al 21. Uno de los ocupados por la empresa auditora Deloitte. Yago sube allí y comprueba que en un despacho cerrado hay humo y una llama de unos 50 centímetros que lame la pared. Intenta entrar pero la puerta está cerrada. La llave de seguridad se encuentra en la planta baja. Oye dos explosiones pequeñas. En su declaración afirma que es entonces cuando avisa a sus compañeros, pidiéndoles que suban y que soliciten ayuda a los bomberos.

La llamada a los bomberos también está registrada: a las 23.21. La primera dotación en llegar procede del parque de Santa Engracia, cercano al Windsor. Tardan cuatro minutos. Cuando irrumpen en el vestíbulo del edificio, según la declaración de Yago E., el fuego aún se circunscribe a este despacho. Sin embargo, cuando llegan los bomberos "la cosa estaba ya muy cogida", según asegura Marcelino Sierra, un bombero del Ayuntamiento de Madrid que participó esa noche en la operación. "El fuego llevaba ya más de 10 o más de 20 minutos, eso es seguro, era grande, y una prueba de ello es que varios bomberos resultaron heridos e intoxicados por el humo", añade Sierra.

Poco tiempo después, a las 0.45 del domingo, los mandos de los bomberos se dan por vencidos y ordenan la evacuación completa del edificio. El Windsor está condenado a muerte.

En los primeros días, tanto la policía como los bomberos apuntan a un cortocircuito como origen del incendio. Pero hay vecinos que aseguran haber olido humo desde tres horas antes... Además, el precio del seguro del edificio, de 90 millones de euros, y el hipotético valor de los documentos secretos almacenados allí, correspondientes a algunas de las más poderosas empresas de España, comienzan a alimentar hipótesis de novela negra.

Es entonces cuando varias televisiones emiten un vídeo que deja boquiabierto a medio país, grabado por un matrimonio de Reus que estaba de visita en la capital y que se alojaba a 200 metros de Windsor. "Estábamos en la terraza, a las tres de la mañana, contemplando el incendio. Yo tengo muy buena vista y vi que en una ventana del edificio había dos personas. Y le dije a mi mujer que los grabase. Y lo hizo", asegura el abogado Carlos Just.

En la imagen emitida en el programa Sucedió en Madrid, de Telemadrid, durante más de 15 segundos, en tres tomas distintas, dos personas (o lo que parecen ser dos personas) se mueven por una habitación cerca de una ventana. Una porta una linterna (se observa el cerco que el haz de luz deja en el cristal de la ventana) y la otra se lleva la mano a la cara durante dos segundos (¿habla con un intercomunicador, lee un documento, se ajusta una máscara de gas?). También parecen llevar casco. Sin embargo, a las 0.45 todos los bomberos recibieron la orden de abandonar el edificio por el riesgo de que éste se viniera abajo de un momento a otro.

¿Son personas contratadas para retirar documentos valiosos? La empresa Deloitte lo ha negado. ¿Bomberos que desobedecían las órdenes? El Ayuntamiento dice que no. ¿Fantasmas? La Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas se apresuró también a negarlo el martes pasado, asegurando que las sombras correspondían "a las de personas humanas y no a espectros".

El bombero Sierra considera que en la planta 14, donde presumiblemente se encontraban las siluetas, siete por debajo del foco del incendio a las tres de la madrugada, "no había 400 grados de temperatura, como se dijo al principio, sino 40 o 50, algo soportable para cualquiera durante un tiempo".

Y si eran personas y no fantasmas, ¿por dónde entraron? El periódico La Razón publicó esta semana que la policía había encontrado una puerta que daba al aparcamiento del Windsor con el candado forzado. Y un día después la misma policía dio cuenta del hallazgo de un butrón en el sótano segundo del edificio. Nada más fácil que concatenar los hechos. Las tertulias de todo tipo hervían de imaginativas hipótesis porque todo parecía posible. La juez ordenaba paralizar el desmontaje previsto del edificio a fin de recoger pruebas. La misma policía se encargaba de rebajar la tensión: el candado había sido forzado por los bomberos la noche del incendio. El butrón fue hecho mucho antes del domingo del siniestro. Es decir: nada tenían que ver con las sombras.

Y sin embargo, si dos personas hubieran querido entrar la madrugada del domingo a la torre habrían podido: una portavoz de la Inmobiliaria Asón, propietaria del edificio, confirmó que esa noche había tres accesos subterráneos abiertos. Eso sí: habrían necesitado saltarse el cordón policial en uno de los puntos que comunica la superficie con el "laberinto de túneles de Azca", en palabras de la concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, Pilar Martínez.

El viernes, el caso pegó otro giro: se hizo pública la declaración de una mujer, llamada Eva, que aseguró haber estado trabajando en un despacho de la planta 21 del edificio Windsor la tarde del sábado. Y que abandonó el rascacielos a las once de la noche. La mujer respondió que sí cuando la policía le preguntó si fumaba, pero añadió que estaba convencida de haber apagado todos los cigarrillos.

Miembros del grupo de Homicidios del Cuerpo Nacional de Policía confían en resolver en unas semanas el origen del incendio. Y en determinar si un cigarro de menos de 10 céntimos de euro pudo causar un desastre de más de 90 millones.

Expertos de la Policía Científica analizan la cinta de vídeo del matrimonio catalán para esclarecer si se trata de un reflejo óptico causado por los bomberos que en ese momento trabajaban en el edificio de enfrente. Si lo es, aclarado el asunto.

Pero si no, como otros muchos misterios de esta historia, continuará...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de febrero de 2005