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Los obispos del País Vasco y Navarra temen para la Iglesia un futuro sombrío

Los cinco prelados admiten en una pastoral que la situación es "de apretura" y de descrédito

El arzobispo de Navarra y los cuatro obispos del País Vasco están desolados ante la situación de sus iglesias. Lo dicen en una pastoral publicada como antesala de esta Semana Santa. Escriben, por ejemplo: "Somos una Iglesia evangélica y apostólicamente debilitada en una sociedad poderosa". Y también: "Es duro comprobar la apatía religiosa de muchos creyentes, el rechazo de numerosos increyentes y los problemas que unos y otros tienen con la Iglesia. La Iglesia vive momentos de apretura. El descrédito de la institución eclesial nos preocupa. El presente es crudo; el futuro es sombrío".

En 71 folios, la pastoral de los prelados de Navarra, Bilbao, San Sebastián y Vitoria hace un diagnóstico muy sombrío sobre la situación de la Iglesia católica. Nunca antes se había producido una reflexión tan radical, profunda y detallada -y un mea culpa tan valiente-, sobre la crisis que padece el catolicismo, doblemente aguda en las regiones más desarrolladas, como el País Vasco y Cataluña. "Es difícil asimilar que la fe católica ha pasado de ser un hecho sociológicamente compartido y culturalmente protegido a una situación nueva en la que ser creyentes es, en muchos ambientes, un hecho contracultural que hemos de vivir a contracorriente".

En junio de 2002, una pastoral de los prelados del País Vasco sobre la Ley de Partidos y contra la ilegalización de Batasuna provocó que el Gobierno del PP llamara a capítulo al nuncio del Vaticano en Madrid y que el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, llamase inmorales a los obispos. Fue aquélla una pastoral con gran contenido político. La de ahora, que incorpora la firma del arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, vicepresidente también de la Conferencia Episcopal, apenas dedica medio folio al llamado problema vasco. Después de subrayar que "la situación de la Iglesia, carente del respaldo de las instituciones civiles y del viento a favor del ambiente" les está ayudando a ser "más humildes y menos arrogantes", los cinco prelados entran en la materia con una manera de suspiro. Escriben textualmente: "En fin, la pacificación de estas tierras, marcadas por largos enfrentamientos; sacudidas por el terrorismo; testigos de la vulneración de derechos humanos individuales y colectivos; surcadas por sensibilidades políticas muy diferentes; poco trabajadas por el diálogo entre los partidos..., ha sido preocupación constante y activa de los responsables eclesiales y de muchos cristianos. El anhelo de una paz estable y justa es muy intenso y muy extendido en la comunidad católica". En otro breve apartado se hace mención "al dolor de las víctimas" y a "la prisión de los seres queridos".

Un "ir muriendo"

La pastoral tiene muchas vertientes y una estructura escolástica impecable, que alterna pinceladas sombrías con otras de una cierta esperanza. También hace la radiografía de las comunidades eclesiales vascas, con "preocupación dolorida ante la creciente debilidad de la Iglesia". "[La Iglesia católica] tiene dificultades para acertar con la palabra adecuada a su mensaje. Antes de encontrarlos deberá realizar una travesía en el desierto y vivir la crisis en profundidad porque su interlocutor (el hombre y la mujer de nuestro tiempo) ha cambiado no en su estructura más profunda, pero sí en su sensibilidad, sus criterios, sus actitudes, su escala de valores. Es penoso comprobar que nadie sabe con claridad qué es lo que tenemos que hacer ni exactamente cómo se genera, en las actuales circunstancias socioculturales, un cristiano. Es triste ir muriendo en muchos ambientes". Y añaden: " Una parte notable de nuestra gente cree que la Iglesia no va bien. Su experiencia personal, la opinión recogida en su entorno, la imagen recibida a través de la mayoría de los medios de comunicación le confirman en esa percepción. El presente es crudo; el futuro es sombrío. El pesimismo prevalece. La autoestima colectiva decrece".

Los prelados también expresan su desolación por el futuro del catolicismo. "Por primera vez en la historia a partir del siglo IV la Iglesia católica y las demás iglesias cristianas viven en muchas regiones de Europa una situación de minoría cada vez más próxima a la diáspora, al estilo de las minorías judías presentes por doquiera en el mundo gentil. Con riesgo de desdibujarse en una sociedad que va dejando de ser cristiana. Algunos analistas apuntan que el rápido avance de la increencia y de la desafección religiosa en nuestra tierra pone en cuestión la propia pervivencia y persistencia de estas iglesias como realidad públicamente relevante en el futuro".

"¿Cómo hemos llegado a esta situación?", se preguntan los prelados. Ésta es su respuesta: "La mediocridad de los cristianos, los escándalos de personas y grupos eclesiales, la visión corta de sus pastores, la falta de valentía para renovaciones de calado serían los principales motivos de nuestra situación actual".

Las diócesis de Bilbao y Vitoria pertenecen a la Provincia Eclesiástica de Burgos. Sus prelados son Ricardo Blázquez Pérez y Miguel José Asurmendi Aramendía, respectivamente, con Carmelo Echenagusía Uribe como auxiliar del primero. En cambio, la diócesis de San Sebastián, cuyo prelado es Juan María Uriarte Goiricelaya, está adscrita a la Provincia Eclesiástica de Pamplona, de la que es arzobispo Fernando Sebastián Aguilar.

"La más severa ruptura cultural"

La incorporación del arzobispo de Pamplona a esta pastoral -la precedente fue firmada sólo por los cuatro prelados vascos- es un acontecimiento. Pocos eclesiásticos tienen tan claro lo que le está ocurriendo a la Iglesia católica como Fernando Sebastián (Calatayud, 1929). Tampoco es pequeña la novedad de que el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, el propio Sebastián, que fue hace tres años el inspirador de las enérgicas teorías del episcopado sobre el nacionalismo vasco y contra el terrorismo etarra, alze ahora la voz en compañía de los obispos de ese territorio.

Nunca contaron los prelados vascos con la benevolencia del conservadurismo español, pero desde la famosa pastoral contra la ilegalización de Batasuna las arremetidas de la derecha se habían vuelto escandalosas. El obispo de San Sebastián, Uriarte, heredó con creces las iras e improperios que merecía antes su predecesor, José María Setién, jubilado apresuradamente por Roma. El arzobispo Sebastián, desde su sólido prestigio, parece responder a los críticos que la campaña debe cesar porque es desproporcionada.

Llama la atención, también, que el diagnóstico y los pronósticos se junten, porque la situación de la Iglesia en Navarra parecía distinta a la de las diócesis vascas. Pero la pastoral no deja dudas: "Esta sociedad moderna y poderosa a la que pertenece nuestra Iglesia, es una sociedad en crisis, precisamente por la profundidad y la rapidez de los cambios sobrevenidos. Ellos constituyen tal vez la más severa y rápida ruptura cultural que se ha dado en la historia. Altamente rica en los medios de que dispone es profundamente pobre al diseñar sus propios fines. Estamos cambiando de mundo y de sociedad. Un mundo desaparece y otro está emergiendo. La Iglesia se encontraba bien insertada en el mundo que desaparece y permanece desconcertada en el que se está alumbrando".

Los prelados añaden que lo que se debilita no son solamente algunas tradiciones. Es toda la tradición la que está cuestionada, y esa revisión crítica "ha movido el suelo" hasta el punto de perder memoria histórica y volverse amnésica. "Muchos de nuestros contemporáneos contemplan a la Iglesia como una institución anquilosada y aferrada a su propio pasado. Esta sensibilidad no es ajena a miembros de la misma Iglesia", concluyen los cinco prelados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de febrero de 2005

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