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INCENDIO EN EL CORAZÓN DE AZCA

Un voraz incendio destruye el rascacielos Windsor del complejo Azca

Tres bomberos de las 17 dotaciones que se desplazaron fueron atendidos por inhalación de humo

Un voraz incendio arrasó la pasada madrugada la parte superior de la torre Windsor, situada en el número 79 de la avenida de Raimundo Fernández Villaverde, delante de El Corte Inglés del paseo de la Castellana.

A las tres de la madrugada el fuego seguía muy activo y parte de la estructura del inmueble había quedado totalmente destruida y convertida en una amasijo de hierro y cemento. Las primeras hipótesis apuntan, según el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, a un cortocircuito. El rascacielos se convirtió en un coloso en llamas que en cierto modo recordaba, a menor escala, el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York el 11-S de 2001.

La primera llamada de aviso fue recibida en la central de bomberos a las 23.20. La realizaba un comunicante desde la planta 25ª del edificio Windsor, que explicó que se había iniciado un fuego cuatro plantas más abajo. Al lugar se desplazaron numerosas unidades de bomberos del Ayuntamiento de Madrid y del Samur Protección Civil. El principal problema al que se enfrentaron en la extinción del incendio fue la enorme altura del edificio, de 106 metros y 34 pisos. La autoescala más alta del Ayuntamiento no supera la décima planta, ya que sólo tiene un alcance de 50 metros. Las enormes llamas comenzaron a ascender rápidamente hacia las plantas superiores, en especial en el ala norte y este del edificio, y eran visibles desde varios kilómetros a la redonda.

Las llamas crecieron debido a los materiales altamente combustibles de las oficinas

Las primeras hipótesis sobre las causas del siniestro apuntan a un cortocircuito

El trabajo de los bomberos se limitó en un primer momento a refrescar todos los edificios colindantes y a evitar que el incendio se propagara por las instalaciones de El Corte Inglés, que se encuentra bastante más abajo que el edificio siniestrado.

Pronto surgió un segundo problema: la estructura metálica del edificio comenzó a colapsarse y cayeron multitud de objetos metálicos y de madera a las vías circundantes. Algunos llegaron hasta la calle de Orense impulsados por el viento.

Las llamas comenzaron a subir con gran profusión debido al aire de la zona y se avivaron con los materiales altamente combustibles de las oficinas instaladas en el edificio. Pasada la medianoche, el fuego alcanzaba ya la planta 30ª. A la una de la madrugada, parte de la estructura metálica se vino abajo, causando un gran estruendo, acompañada de un intenso humo y de polvo, al caer al suelo todos los cascotes.

La zona fue evacuada por los bomberos y las policías municipal y nacional. Las personas que fueron desalojadas de sus edificios fueron pocas, ya que en el complejo Azca abundan las oficinas y son muy pocas las personas que residen en este punto. También abandonaron sus puestos los servicios de seguridad de estos inmuebles, así como los de limpieza, que trabajan de noche.

En esos momentos había 80 efectivos del cuerpo de bomberos con 17 vehículos. Tres de ellos eran autoescalas, dos de 50 metros y una de 30. El Samur Protección Civil también desplegó un amplio dispositivo que fue ampliando a lo largo de la noche: 15 vehículos y 50 efectivos se encargaron de atender los incidentes que se vivieron durante la extinción del incendio.

Desde el primer momento, el tráfico de la zona quedó cortado, lo que provocó grandes problemas y atascos. Decenas de conductores tuvieron que ser desviados por las calles aledañas. La curiosidad de los automovilistas también ralentizaba la circulación.

Los momentos de mayor riesgo se vivieron pasada la una de la madrugada, cuando los mandos policiales ordenaron ampliar el perímetro de seguridad. En esos momentos quedó claro que el fuego era inatacable desde el suelo, por lo que la única solución que quedaba era dejar que ardiera para que la estructura metálica y de cemento se viniera abajo por sí sola.

Ante este riesgo, el perímetro de seguridad fue ampliándose cada vez más, de forma que todo el público, centenares de personas que querían ver cómo se desarrollaba este particular coloso en llamas madrileño tuvieron que situarse en el lateral derecho de la Castellana.

Un nuevo colapso se produjo poco después de la una, cuando la esquina noreste del edificio también se vino abajo, ante la preocupación de todos los presentes. La gente se quedó sentada en los jardines centrales de la Castellana como si de un espectáculo pirotécnico se tratara. Un helicóptero de la Policía Nacional no dejó de sobrevolar la zona.

También acudió hasta el lugar policía de subsuelo para comprobar el estado del edificio desde abajo. "Lo más importante ahora es garantizar la seguridad de todas las personas, ya que el incendio no se va a poder apagar. Estaremos pendientes de ver si las llamas han afectado a la estructura central de hormigón del inmueble, lo que podría hacer que todo el edificio se derrumbara", señaló el alcalde.Ante este riesgo, el perímetro de seguridad fue ampliándose cada vez más, de forma que todo el público, centenares de personas que querían ver cómo se desarrollaba este particular coloso en llamas madrileño tuvieron que situarse en el lateral derecho de la Castellana.

Un nuevo colapso se produjo poco después de la una, cuando la esquina noreste del edificio también se vino abajo, ante la preocupación de todos los presentes. La gente se quedó sentada en los jardines centrales de la Castellana como si de un espectáculo pirotécnico se tratara. Un helicóptero de la Policía Nacional no dejó de sobrevolar la zona. También acudió hasta el lugar policía de subsuelo para comprobar el estado del edificio desde abajo.

"Lo más importante ahora es garantizar la seguridad de todas las personas, ya que el incendio no se va a poder apagar. Estaremos pendientes de ver si las llamas han afectado a la estructura central de hormigón del inmueble, lo que podría hacer que todo el edificio se derrumbara", señaló el alcalde.

Sobre las dos de la madrugada las llamas se habían centrado en las fachadas este y sur del rascacielos. Mostraban un intenso color azul, como si se estuviera quemando una enorme bolsa de gas. Más tarde los bomberos explicarían que eso es debido a las altas temperaturas que estaba sufriendo la estructura del edificio, entre los 700 y los 1.000 grados.

Las caídas de material, parte de la estructura y de la fachada del edificio, fueron también continuas, conforme las llamas consumían todo el inmueble.

Al lugar de los hechos habían acudido, además del alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, otras autoridades. Entre ellas, el ministro de Interior, José Antonio Alonso; la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez; el concejal de Seguridad y Servicios a la Comunidad, Pedro Calvo; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; y el vicepresidente segundo y consejero de Justicia e Interior, Alfredo Prada.

El delegado del Gobierno, Constantino Méndez, mantuvo en todo momento conexión directa con las autoridades municipales y regionales para saber cómo evolucionaba el siniestro, según explicó en el lugar de los hechos el alcalde. Poco después, Méndez se desplazó al lugar.

A lo largo de la noche, fue aumentando el número de efectivos que trabajaban en la zona. Uno de los principales problemas a los que se enfrentaban los bomberos era una enorme grúa de construcción que había sobre el rascacielos, que estaba siendo rehabilitado desde hace más de un año, para adecuarlo a las normas de seguridad contra incendios. Los bomberos temían que la grúa se desplomara, puesto que estaba anclada en la estructura de hormigón.

El impedimento que encontraron los bomberos residía en que si el calor afectaba a la estructura metálica del edificio, también podría deformarla y venirse abajo, pese a que estaba a unos 30 metros más alta que la parte superior de la azotea del edificio.

Las llamas fueron estrujando y moviendo a su antojo toda la parte exterior del edificio. Con cierta frecuencia, cada cinco minutos aproximadamente, colapsaba parte de este forjado.

Los alrededores de la torre de Windsor se convirtieron en la madrugada de ayer en uno de los focos de atracción de la capital. Centenares de personas se dieron cita a lo largo del perímetro policial para comprobar in situ cómo se desarrollaba este incendio.

Los carriles del paseo de La Castellana fueron un continuo ir y venir de coches de bomberos, ambulancias y policía que con los lanzadestellos cegaban al público. El ruido de sirenas era incesante.

Poco a poco la intensidad de las llamas fue bajando y sobre las tres de la madrugada su vistosidad era mucho menor, lo que hacía pensar que el incendio iba a poder quedar extinguido en un par de horas como mucho. Pero a las cuatro de la mañana, el fuego volvió a cobrar intensidad. A esa hora, los bomberos comenzaron a echar agua y espuma sobre las plantas 14ª y 15ª con mangueras dirigidas para ver si menguaban las llamas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de febrero de 2005