Gritos racistas contra Eto'o
La Romareda, antes de comenzar el partido, brindó un espectáculo de cánticos y de color que no se veía en Zaragoza desde hace mucho tiempo. Pancartas en ambos fondos, miles de banderines blanquiazules y algún que otro petardo advirtieron los ánimos y la intensidad con que la grada afrontó el partido. El ambiente se convirtió en el enemigo del cuadro aragonés. En el primer minuto, un pase de Eto'o cayó a pies de Toledo, que cedió al meta Rubén, debutante en casa a sus 27 años y cuarto portero del equipo. Toledo erró al no despejar a la banda y marcó en propia puerta. La Romareda, sorprendida tanto como su meta, enmudeció.
La falta de compenetración entre el colegiado, Carmona Méndez, y su linier, pues al parecer el sensor con el que se comunican estaba estropeado, acabó por encender el estadio. Un pase largo buscando la espalda de Puyol y la carrera de Galletti fue el detonante para que el público se levantara al unísono y, como cuando recibió al colegiado, mostrara más de 11.000 cartulinas rojas en señal de protesta. Carmona, antes de percatarse de que su asistente alzaba el banderín por fuera de juego, corrió con el brazo y el índice extendidos para señalar penalti por el derribo de Víctor Valdés a Galletti. La grada acabó de perder la compostura cuando Giuly marcó. Además de abuchear a Eto'o con los ya consabidos gritos racistas, se lanzaron multitud de objetos a los jugadores del Barça -al camerunés, cacahuetes- cuando celebraron el tercer tanto y especialmente a Xavi antes de que botara el córner que Márquez aprovechó para cerrar el marcador. Eto'o, respecto a la forma en que celebró su gol, manifestó: "He bailado como un mono porque me han tratado como a un mono".
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