Crónica:FÚTBOL | 22ª jornada de Liga
Crónica
Texto informativo con interpretación

Málaga y Mallorca, un tostón

Pobre enfrentamiento entre dos equipos necesitados, con sólo cinco remates a puerta

Se presumía que ayer los necesitados Málaga y Mallorca se iban a desfondar con tal de paliar sus muchos males. Y, sin embargo, lo que perpetraron ambos equipos fue un espectáculo pobrísimo. Más aburrimiento imposible. Durante la primera mitad, ninguno de los jugadores fue capaz de jugar el balón durante 20 segundos seguidos. Eso sí, todos, sobre todo los de Héctor Cúper, se emplearon a fondo en matar el espectáculo: 24 faltas de esas llamadas tácticas acabaron con el fútbol. A cinco remates, dos el Málaga y tres el Mallorca, se ciñó el capítulo ofensivo. Lo demás, la nada.

El Málaga cayó presa de la estrategia del rival. Obcecado, renunció al juego por las bandas y a aprovechar la debilidad que ofrecían los flancos del Mallorca. Del otro lado, Luis García y Tuni le buscaron las cosquillas al nacionalizado Romero, reconvertido en lateral derecho para surtir de balones al peleón Okubo, pero sin resultado.

MÁLAGA 0 - MALLORCA 0

00

Málaga: Arnau; Romero, César Navas, Fernando Sanz, Valcarce; Gerardo, Juanito (Amoroso, m. 56), Miguel Ángel, Míchel (Tote, m. 76); Juan Rodríguez y Baiano (Wanchope, m. 65).

Mallorca: Moyà; Poli, Ballesteros, Iuliano, Ramis; Tuni (Pereyra, m. 87), De los Santos, Arango, Campano; Luís García y Okubo (Romeo, m. 73).

Árbitro: Pérez Lasa. Amonestó a Valcarce, Poli y De los Santos.

Unos 12.000 espectadores en La Rosaleda.

Ya en la segunda mitad, se sacudieron en algo la imagen de segundas. Tapia recurrió a Amoroso para que ayudase al debutante Baiano y Miguel Ángel hizo lo que de él se esperaba, tirar de su equipo. No tuvo suerte el brasileño, ya que desaprovechó varias ocasiones.

Por fin, el Mallorca decidió que ya era hora de jugar. Luis García y Arango gozaron de varias ocasiones, pero no de tino. Una tardía reacción que, como castigo, dejó a ambos equipos en la misma precaria situación que viven, haciendo equilibrios al borde del precipicio.

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