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Reportaje:

El viaje al centro de Hillary

La ex primera dama modera su mensaje en su carrera a la Casa Blanca

Es un secreto a voces que Hillary Rodham Clinton, que vivió en la Casa Blanca entre 1992 y 2000, tiene fuertes ambiciones presidenciales. Queda mucho para 2008, pero nunca es tarde para empezar la campaña. Hillary, ahora una activa senadora por el Estado de Nueva York -tan activa que el otro día se desmayó en un acto que no quiso suspender a pesar de tener gripe intestinal- ha echado una ojeada a las encuestas y ha decidido que tiene que cambiar su imagen y emprender un viaje político al centro si quiere tener más éxito del que tuvo John Kerry el 2 de noviembre.

En las últimas semanas, la senadora ha dejado perplejos a muchos demócratas al hablar del papel de la religión, de los inmigrantes ilegales o del aborto, un derecho constitucional aceptado por la mayoría, pero puesto en cuestión por grupos que tratan de recortarlo. Hillary, que ha sido y es una firme defensora, sabe que esos intentos han calado en zonas moderadas y cree que "hay que encontrar un terreno común".

En un discurso reciente, dijo que el aborto es "una opción triste y, en ocasiones, trágica" y que ella respeta "a los que creen que no debería haber ninguna circunstancia en la que abortar". Hillary añadió que para evitar embarazos indeseados debe haber más fondos para adopción, planificación familiar y anticonceptivos, sin descartar la abstinencia juvenil.

Ya antes, Hillary, para disgusto del ala más liberal del partido, había hablado del papel de los grupos religiosos en la sociedad, en sintonía con un proyecto respaldado por Bush, el de que estos grupos tengan un papel en la gestión de algunos servicios sociales, lo que favorece sobre todo a hispanos y negros pobres: "No hay contradicción entre el apoyo a iniciativas de grupos religiosos y la defensa de los principios constitucionales". En otro asunto sensible, la inmigración ilegal, es partidaria de una línea dura y ha reprochado a Bush que no vigile las fronteras con el celo suficiente. Y la senadora forma parte de los Comités de Defensa y Relaciones Internacionales, en los que ha abrazado la política exterior halcón que caracterizaba al equipo de Kerry.

Muchos demócratas clásicos están nerviosos, pero lo que parece querer Hillary es no confundir a los militantes con los votantes y asumir que para ganar no sólo hay que recibir el apoyo de las dos costas, sino de la gente que vive en medio, "la América que se sobrevuela", como dicen despectivamente algunos. Es cierto que vender el alma al diablo, como creen sus críticos, no garantiza nada: a Kerry no le benefició cambiar de posición sobre Irak por la presión de Howard Dean. Ella trata de eliminar la imagen de radical con la que salió de la Casa Blanca, porque cree que así tiene más posibilidades de volver; no al ala Este, que ya conoce, sino al Despacho Oval.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de febrero de 2005