Crítica:Crítica
i

Europa en el escenario de la guerra

Si hubiese que destacar un solo rasgo de la manera en la que se ha conducido la "guerra contra el terrorismo" desde aquel fatídico 11 de septiembre, tal vez convendría concentrarse sobre el hecho de que, hasta ahora, se ha identificado con más facilidad a los autores de los atentados que la causa o los intereses a los que pretenden servir con ellos. Pocas horas después de que tres aviones secuestrados se estrellasen contra las Torres Gemelas y el Pentágono, las autoridades norteamericanas pudieron hacer pública, en efecto, la identidad de los asesinos. Y otro tanto ocurriría tras los perpetrados en Bali, Riad o Madrid, a los que siguieron decenas de detenciones y, en este último caso, el suicidio colectivo de varios activistas cercados por la policía. Ha sido sin embargo el porqué de las sucesivas matanzas, el tortuoso razonamiento de sus autores, siempre dirigido a convertirlas en parte de un conflicto de dimensiones planetarias, lo que más se ha resistido a los análisis. Y de ahí que, con demasiada frecuencia, las indagaciones sobre el terrorismo de Al Qaeda y organizaciones afines se hayan conformado con subrayar el fanatismo que lo alimenta, despejando así el camino para dos líneas de argumentación en gran medida estériles: la de que el terrorismo islamista carece de estrategia, recreándose en la destrucción por la destrucción, y la de que, a fin de cuentas, no hace otra cosa que cumplir los designios de un credo religioso que no es como el resto.

FITNA. GUERRA EN EL CORAZÓN DEL ISLAM

Gilles Kepel

Traducción de José Miguel González Marcén

Paidós. Barcelona, 2004

331 páginas. 22 euros

El último ensayo de Gilles Kepel, Fitna, guerra en el corazón del islam, avanza por derroteros distintos y, sin duda, más estimulantes. Para empezar, Kepel da por sentado que los atentados del 11 de septiembre no constituyen un episodio aislado de la historia, un acontecimiento surgido de la nada. Existe, por el contrario, un largo encadenamiento de decisiones políticas, estrictamente políticas, que fue definiendo desde el final de la guerra fría los principales perfiles de cuanto hoy es percibido como un riesgo mayor para la estabilidad internacional. Kepel sitúa así en el entorno de 1979, fecha en la que se produce la revolución iraní y la invasión soviética de Afganistán, el momento en que empiezan a tomar cuerpo los actores y los escenarios geográficos del drama que sigue desarrollándose en estos días. A partir de esta premisa, el arabista francés lleva a cabo un inteligente y esclarecedor recorrido a través de unos acontecimientos y, sobre todo, de unas interpretaciones de sus múltiples sentidos que han hecho creer a los yihadistas, por un lado, y a los neoconservadores norteamericanos, por otro, que sus respectivos programas ideológicos eran viables y estaban maduros para la victoria. Como bien sugiere Kepel, el escalofriante potencial desestabilizador del enfrentamiento entre estas dos representaciones del mundo, entre estas dos vehementes utopías, no deriva tanto de los puntos en los que disienten como de aquéllos en los que están en completo acuerdo. Por ejemplo, la idea de que es necesario poner fin mediante el uso de la fuerza a los aberrantes equilibrios políticos sobre los que está construido Oriente Próximo.

Por lo que se refiere a los escenarios geográficos de la confrontación, Kepel analiza la importancia de la retirada soviética de Afganistán en la construcción de los respectivos imaginarios de islamistas y neoconservadores, unos y otros convencidos de estar ante una incontestable confirmación de sus propias estrategias e ideas. A partir de ese hecho fundacional, los imaginarios divergen, enfatizando los acontecimientos que cada parte considera como una victoria -caída del muro de Berlín y hundimiento de la Unión Soviética, para los neoconservadores; retirada israelí del Líbano y norteamericana de Somalia, para los islamistas- y pasando de puntillas sobre los que constituyen flagrantes derrotas, ya sea Somalia o Irak en un caso, o Argelia, Bosnia o Chechenia en el otro. En realidad, y de acuerdo con el balance que establece Kepel, en ambos campos las derrotas habrían sido más numerosas y decisivas que las victorias, de modo que Estados Unidos se enfrentaría hoy a unos riesgos más apremiantes que los que pretendían conjurar los neoconservadores antes de su llegada al poder, mientras que, por su parte, los islamistas estarían a punto de provocar la fitna, es decir, la escisión, el caos, en el seno de la comunidad de los creyentes que trataban de reunir bajo su exclusivo liderazgo.

Y puesto que una parte sustancial de esa comunidad se encuentra en suelo europeo, educada en principios diferentes de los que defienden neoconservadores e islamistas, habrá de ser aquí, en Europa, donde, según afirma Kepel al término de un ensayo lúcido y sereno, se decida el desenlace de esa guerra en el corazón del islam del que dependerá, en buena medida, el futuro colectivo.

El ayatolá Jomeini, líder islámico y fundador de la revolución fundamentalista en Irán.
El ayatolá Jomeini, líder islámico y fundador de la revolución fundamentalista en Irán.REUTERS

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 21 de enero de 2005.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50